Llegaste sin pedir un lugar,
como la lluvia besa la flor;
sin prometerte quedar,
te volviste parte de mi interior.
Muchos quisieron interpretar
aquello que nunca ocurrió;
olvidando que el alma, al callar,
también guarda aquello que no explicó.
No tiene nombre este sentir,
ni lo pretendo bautizar;
hay cosas que nacen para existir,
no para el mundo explicar.
Si alguna vez preguntas quién fue,
el viento sabrá responder;
porque lo más inmenso, ya ves,
solo aprende a permanecer.
Y aunque el tiempo lo quiera cambiar,
o el olvido lo intente borrar,
hay historias que saben rimar…
sin jamás dejarse nombrar.
— Athena