La rara normalidad puede ser la nueva vida.
Elvira
Parte II
Nadie se movía.
Todos estaban conmocionados con ese suceso.
- Ana, relájate, podemos hablar-dijo Sara asustada.
- Hablar, si me has vendido, ¿no te acuerdas? -comentó Ana enfurecida.
Ana sacó una carta del rey y la extendió hasta llegar al suelo.
- ¿Quieres que lea lo que contiene esta carta o todavía niegas que no me has vendido, rastrera? Has negociado que esta boda sea nula y poder casar a tu hijo con la mismísima princesa Sofía.
Eva se quedó callada un momento, no sabía donde había salido esa información, ya que era su marido quien mantenía vínculos más cercanos con el rey.
- ¡Callas! ¡Te pedí un favor! ¡Así me lo pagas!
Elvira, asustada, se sentó en el suelo. No entendía de dónde procedían tantas voces.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo y le susurraba:
-Páralo y ponle fin. Va a haber una tragedia.
Ella cerró los ojos y extendió un brazo hacia la derecha y otro a la izquierda.
Entre gritos y algarabía, ella empezó a pronunciar:
- Tragedia y desgracia aléjate hoy, el mal es tan tímido que no saldrá. Devuelve todo a aquel día donde comenzó. Cambia el transcurso de los hechos. Quema la carta y olvida mi nombre, como así yo olvidaré cualquier sentimiento hacia mi futuro esposo , Olvida y olvida no vuelvas a mí hasta que las aguas vuelvan a la normalidad.
Una densa humareda apareció en la boda.
Nadie se conocía en ese lugar.
Cada invitado se marchaba, ya que no sabían que había sucedido.
Una fuerte tormenta arrasó con todo.
De repente la oscuridad se llevó todo.
Elvira volvió a cerrar los ojos y al abrirlo estaba de nuevo en casa.
No llevaba el vestido de novia, pero la gente de su alrededor actuaban raros.
Se movían sin ilusión.
Saludaban sin mucho afán.
Elvira entró a su casa y vio a su madre cortar unas patatas mientras maldecía un nombre: Víctor.
Ella no sabía quien era, ya que lo había borrado de su memoria.
Se acercó a su madre para ayudarla.
Su madre la apartó de un empujón, ella tropezó y cayó de espaldas hasta darse con el cajón en la espalda.
-¡Au!-exclamó dolorida.
Se levantó poco a poco, se apoyó en la encimera y le comentó:
- Mama, ¿estás bien? ¿te puedo ayudar en algo?
Su madre con una sonrisa malévola, clavó el cuchillo en la mesa y le susurró.
- Háblame de ti, háblame de tu novio, el que en la hoguera bien prendido está. Cuidado, que tu pronto le acompañarás. Víctor, Víctor... Ahora niña, juguemos al escondite y si te pillo vas antes que él a la hoguera. 10...9...8...
Ana se quedó contando mientras se relamía el labio.
Elvira aterrorizada salió de la casa corriendo, y como era bien patosa, tropezó y cayó delante de una persona que no tendría más de 18 años.
- Señorita, ¿está bien?- dijo el chaval rubio que portaba un traje azul.
-Si... disculpe, estoy un poco desorientada y no sé donde ir.
Elvira, muy inocente, miro al chico y le aceptó la manó que le ofrecía para levantarla.
Ella no sabía que todo aquello iba a conducirle por un camino con espinas.
Ella creía que podía confiar en esa persona.
El chaval le ayudó a levantarse y le abrió la puerta para que entrara en su carruaje.
Final de la parte II
¿Quién sería ese chaval? ¿Por qué tan caballeroso al principio?