Ayer me puse a pensar en lo bonito que es elegir. Y hoy quiero compartirles algo: tomar una decisión cuesta demasiado. A veces necesitamos una valentía que ni siquiera sabíamos que teníamos para poder elegir un camino y quedarnos con él.
Imaginen amar a una persona con todo tu corazón, con toda tu alma, y aun así llegar a ese punto en el que te preguntas: “¿Sigo o me voy?”. Dudar de lo que sientes, de lo que quieres y de lo que podría pasar. Y, aun con todas esas dudas, decidir quedarte. Elegir estar allí a pesar de todo.
Eso es lo difícil de elegir: nunca sabemos cuál será el final de nuestras decisiones. No sabemos si va a funcionar o si, por el contrario, algún día tendremos que aceptar que no funcionó. Y esa incertidumbre puede dar muchísimo miedo.
Pero quizás lo más importante no es saber cómo terminará nuestra elección, sino poder mirar atrás y sentir que elegimos con el corazón. Que, a pesar de todo lo que pudiera pasar, fuimos felices mientras elegíamos.
No vivamos nuestras decisiones con tristeza, ni nos lamentemos por haber elegido. Cada decisión, cada elección y cada camino nos enseña algo. Y si alguna vez elegiste desde el corazón, entonces no fue una elección perdida.
Así que, aunque tengas miedo, aunque no sepas qué va a pasar y aunque hoy no tengas todas las respuestas…
No te rindas. Sigue eligiendo. Sigue creyendo. Sigue con el corazón.