El cielo quizás hoy estará despejado,
pero recuerda las nubes no están muy lejos.
Elvira
Primera parte
Noche de invierno
Los copos de nieve competían en su descenso por la ventana.
Un pequeño ruido asustaba a la niña que se escondía detrás de la ventana.
Espantosos gritos, voces, susurros resonaban en su cabeza.
Un solo nombre en su mente rondaba: Víc...Victor...
¿Quién sería ese chico? ¿Por qué merodeaba en sus pensamientos?
Blanco.
Gris.
Negro.
Un cuadro ardiendo en su mente apareció.
Un chaval sonriente le tendía la mano.
Una risa macabra le susurraba: "Satán te necesita."
-NOOOOO.
Pestañeó un par de veces hasta volver de su trance.
La estrella dibujada en el suelo le había mostrado lo que le ocurriría.
Las almas le habían hablado.
De repente alguien intentó abrir la puerta de su habitación.
- Elvira, cariño, a misa.
2 años llevaba yendo con su madre a misa.
Su madre, Ana, no le tenía mucho cariño a su hija, ya que ella siempre había estado enamorada de Dana, su mejor amiga. No obstante, estaba muy mal visto que dos mujeres vivieran juntas, pero eso no quitaba los encuentros fortuitos en la fuente de la plaza. El jugueteo de las manos, los besos furtivos al anochecer y las miradas picantes cuando quedaban en el hostal "La Graciosa".
Ana, aprovechaba la misa para intercambiar cartas con Dana.
Sin embargo, su mejor amiga dejó de ir a misa.
2 días.
3 semanas.
4 meses.
No sabía nada ella.
Aquel día gélido, Ana no sabía que iba ser la última vez que vería a su mejor amiga.
A las puertas de la iglesia, un ser encapuchado, cogió una daga y se la clavó varias veces en el corazón.
- ¡Mujer de malvivir, ojalá y te pudras en el infierno! ¡Tu y tu estirpe no debéis continuar!
Ana, atónita ante la situación, corrió a rescatar a Dana.
Dana, cayó como pétalos de tulipanes a los brazos de Ana. Con una sonrisa roja como una amapola, pronunció las siguientes palabras:
-Amor de mi vida. Hoy te dejo aquí. He protegido a nuestra pequeña Elvira como te prometí, pero nos han descubierto. Tu amor me dio las alas para seguir adelante, pero hoy aquí, ante tus brazos, te dejo, dulce Ana. Siempre te amaré, siempre serás la mujer que mas quise. ¡Hoy me han dado muerte! ¡Hoy mis ojos no lloran mi partida, pero si derraman diamantes ante tu belleza y tu dulzura!. Dulce Ana, cuida tu tesoro y escóndela antes que la pillen. Esa pequeña que llevas a tu lado, la buscan y quieren acabar con ella. A mi me matan, hoy, pero nunca podrán destruir nuestro lazo. Hoy y siempre, vuela y no temas la caída. Hasta pronto dulce e inolvidable Ana.
Con esas palabras Dana cerró los ojos y su último halito se lo dedicó al amor de su vida.
Ana lloró, había perdido no solo a su mejor amiga, sino a la mejor compañera que jamás hubiera imaginado.
El hombre la observó desde una esquina, la agarró de la muñeca y le susurró:
- Miserable ser, tienes 3 días para entregarme a tu hija o tu destino será peor que esa prostituta que hoy lloras.
Ana aterrorizada, agarró de la mano a su hija y le susurró:
-Dónde y cuándo.
- A las diez donde el sol y la luna se despiden.
Ella asintió, solo tenía tres días para solventar ese enigma.
El primer día ella contactó con su cuñada.
- Sara, es urgente, mi hija pronto cumplirá quince años. Tu hijo Víctor tiene que casarse con ella.
-Ana, relájate, son solo dos niños.
- Sara, es cuestión de vida o muerte.
-Estás muy alterada, hablaré con el cura para ver que podemos hacer.
El día dos ella hizo la maleta a su hija y le dijo:
-Elvira, sé que eres pequeña para entenderlo, pero en dos días te casarás y así no podrán hacerte nada.
-Mami, mami yo quiero el libro que siempre escondes.
-Cariño, es muy peligroso. Nadie se tiene que enterar que somos brujas.
- Mami, pero yo quiero saber mi futuro.
Entre suspiros, Ana, le escondió el libro que le llevaría a pintar aquel cuadro.
La madrugada del tercer día, Elvira conoció a Víctor.
Era el mismo chico de sus sueños.
Alto.
Moreno y risueño.
No tardó en quedar prendada de él.
Víctor era muy buen pintor.
Él normalmente solía dibujar a Elvira.
Contenta posaba ante Víctor.
Llegó el día de la boda, pero un fuerte impacto estremeció a Elvira.
Ana.
Su madre.
Con una pistola en la mano y caminando en zig zag se dirigía al altar.
-Tú,víbora, me engañaste...
Sara, intentó tranquilizar a Ana, pero ella con la pistola le apuntó en la cabeza y le susurro:
-Di tus últimas palabras miserable.
FIN PARTE I
¿Os gustaría saber como continúo la boda? ¿Qué pasó con Víctor y Elvira?