Ella es la poesía
más triste que he leído.
Una de un desamor
tan profundo
que no viene de un desconocido,
sino de la persona que debía amarla
y cuidarla
como nadie más ha debido.
Recuerdo en especial
uno de los últimos versos,
que fue para su agresor
o su gran amor.
Decía algo así:
-El último golpe que me propinó
me dejó inconsciente en el suelo.
Se tiró a mi lado y me abrazó
porque no sabe amar sin dar dolor,
y mucho menos
un golpe de pasión.