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La noche de las luces

Jhobere
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Todo empezó el día anterior, al terminar la prueba de agilidad. Alphonse se dirigió a todos con voz clara y amable:

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Pobre vestido negro 😭

Pobre vestido negro 😭

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Todo empezó el día anterior, al terminar la prueba de agilidad. Alphonse se dirigió a todos con voz clara y amable:

—Mañana no habrá más pruebas. Podrán descansar, entrenar si lo desean, o recorrer la fortaleza para conocerla. Por la tarde-noche, nos reuniremos todos en el jardín principal: habrá comida, música y un festejo de bienvenida, para que se conozcan como los compañeros que serán.

Lux no dudó. Decidió aprovechar la mañana para entrenar. Practicó su equilibrio, sus pasos, el manejo de la espada del dragón grabado bajo la luz del sol, esforzándose por ser más fuerte, más firme. Y cuando el sol empezó a bajar, regresó a su habitación y se arregló con cuidado.

Se puso su vestido negro corto, sencillo pero pulcro. Con paciencia, alisó su cabello rojo mechón por mechón, dejándolo brillar suave y liso. Se miró en el espejo y, por un instante, casi se sintió lista. Casi.

Llegó al jardín central con el corazón tranquilo por primera vez desde que llegó. El lugar se había transformado: guirnaldas de luces doradas colgaban entre árboles de hojas rojizas; mesas largas cargadas de frutas, pan recién horneado, quesos, guisos con olor a canela y tomate, y jarras de bebida dulce y tibia. La música empezó poco después: flautas y tambores suaves, un ritmo que invitaba a moverse sin prisa.

Se sentó en un rincón, con un plato en las manos, observando todo. Poco después, dos jóvenes se acercaron y se sentaron a su lado.

—Hola —dijo la chica de cabello rizado y sonrisa cálida—. Soy Mara. Y él es Gale. —Señaló al chico alto de mirada ligera y cabello revuelto que la acompañaba—. Te hemos visto en las pruebas. Queríamos saber cómo estás.

Lux parpadeó, sorprendida. Nadie se había acercado con amabilidad antes.

—Estoy bien —respondió con una sonrisa tímida—. Gracias.

—A mí me llamó la atención cómo avanzas sin detenerte nunca —dijo Gale, con voz cálida y ligera como el viento que domina—. Yo puedo sentir el aire, hablarle, guiarlo… pero tú avanzas sin nada de eso, y igual llegas. Eso es extraordinario.

—Y yo hago crecer la vida —añadió Mara, y al mover la mano, una pequeña flor dorada brotó entre sus dedos—. Tierra, raíces, flores, árboles… todo lo que arraiga. Y me impresionó ver que tú también tienes raíces profundas, aunque nadie las vea.

Justo en ese momento, una mujer se acercó con una bandeja en las manos y una sonrisa que Lux reconoció al instante: era Elena, la misma mujer del pequeño puesto de comida casera donde había comido su primer día en la ciudad. Llevaba el cabello recogido con sencillez, su rostro amable y sereno brillaba bajo las luces, y sus ojos avellana la miraron con reconocimiento y ternura.

—Sabía que te encontraría por aquí —dijo con voz suave, dejando la bandeja sobre la mesa—. Qué bien verte, Lux. Sabía que llegarías lejos.

Lux sintió cómo se le llenaban los ojos de emoción.

—¿Tú… trabajas aquí?

—Cuidar de este lugar y de quienes llegan a él es mi forma de servir —respondió Elena, acomodando una mano sobre la suya—. El puesto de comida fue solo la primera parada. Ahora quiero que sepas que no estás sola. Si necesitas hablar, si sientes que todo pesa demasiado, búscame. Estaré donde siempre: cerca de la gente que necesita un abrazo o un plato caliente. Y ahora, disfruta. Te lo mereces.

Se marchó con la misma calidez con la que la había atendido aquel día, dejando en el corazón de Lux una sensación de hogar que no esperaba volver a sentir tan lejos de su aldea.

Con el ánimo renovado, Lux comenzó a hablar de su hogar. Les contó de su padre, de cómo se fue cuando ella era pequeña, dejando un vacío que parecía no llenarse jamás. Les habló de su madre: de las noches sin comida que compartieron, de las manos cansadas que siempre la acariciaban, de cómo nunca perdió la sonrisa ni la ternura, trabajando de sol a sol para que ella y su hermana no sintieran la falta de nada.

—Ella nunca dijo que era difícil —susurró Lux, con la voz suave—. Solo nos abrazaba y decía que el sol volvería a salir. Y siempre salía.

—Tienes su fuerza —dijo Mara con ternura—. Se nota en ti.

Más adelante, decidieron apartarse un poco del bullicio, hacia un sendero donde los árboles dejaban ver el cielo estrellado. Caminaban juntos, hablando bajito, cuando un grupo de chicos pasó a su lado de forma brusca. Uno de ellos, sin siquiera mirarla bien, le dio un empujón fuerte con el hombro.

Lux perdió el equilibrio y cayó de lleno en un charco de lodo espeso.

El vestido negro quedó manchado por completo, el barro corrió por sus piernas, y su cabello rojo, tan cuidadosamente arreglado, quedó empapado y sucio. Se quedó allí un instante, sin aliento, sintiendo cómo las miradas se volvían hacia ella.

Los chicos se detuvieron un momento, fingiendo sorpresa.

—Ay, perdón —dijo uno con tono burlón, sin disculpa alguna—. No te vi. Qué torpe soy.

—Sí, disculpa —añadió otro, riéndose—. Espero que no te hayas manchado demasiado.

Se fueron riendo entre ellos.

—¡Esperen! —gritó Mara, dispuesta a correr tras ellos—. ¡Vuelvan y pidan perdón de verdad!

—Mara, no… —empezó a decir Lux, pero la chica ya iba tras ellos.

Gale se agachó y le tendió la mano con suavidad.

—No les des el gusto de verte triste —le dijo, ayudándola a levantarse con cuidado—. Están vacíos por dentro. No dejes que te ensucien el alma.

Lux se limpió el lodo de las manos, con los ojos llenos de lágrimas que no quería dejar caer.

—Gracias —susurró.

—Voy con ella —dijo Gale, señalando hacia donde Mara seguía reclamando—. No quiero que se meta en problemas sola. Espérame aquí, ¿sí?

Lux se quedó sola en el sendero, sintiendo el frío del barro en su ropa, avergonzada. No quería volver al festejo así. Siguió caminando despacio, hacia donde las luces se veían más tenues, hasta llegar a un puente de piedra antigua que cruzaba un lago de agua tan azul y cristalina que parecía de otro mundo. La luna llena se reflejaba en él, tan clara que podía verse su luz temblar suavemente con la brisa.

Se asomó al barandal, abrazándose a sí misma, sintiendo las lágrimas por fin resbalando de sus ojos.

—No deberías estar sola cuando te han hecho daño.

La voz la hizo girar de golpe.

Allí estaba, en medio del puente. Zero.

Medía un metro ochenta, imponiendo presencia sin necesidad de alzar la voz. Llevaba una túnica oscura con bordados carmesí que caía con elegancia sobre él, dejando ver sus hombros anchos y marcados, de porte firme y varonil. Tenía brazos fuertes y anchos, fruto de un ejercicio constante y dedicado, y piernas robustas y musculosas que, lejos de hacerlo ver pesado, lo hacían parecer sólido y ligero a la vez: delgado, pero lleno de fuerza contenida.

Su rostro era ancho, de mandíbula definida y firme, que le daba un aire de seguridad inquebrantable. Su cabello era café oscuro, profundo como la tierra bajo la sombra de los árboles. Tenía cejas pobladas pero naturalmente delineadas, perfectas sin esfuerzo, que enmarcaban unos ojos grandes, de un tono café cálido y profundo, que parecían siempre envueltos en un sueño suave, como si guardaran secretos que aún no despertaban. Sus pestañas eran gruesas y chinas, oscuras y largas, que realzaba más su mirada. Y sus labios, finos pero bien definidos, con un arco del corazón claro y elegante, daban a su boca una expresión a la vez serena y decidida.

La luz de la luna lo envolvía, dándole un aspecto a la vez cercano y lejano, poderoso y humano.

Lux se apresuró a secarse las mejillas, avergonzada de que la viera así, sucia y desaliñada.

—No importa —murmuró—. Ya estoy acostumbrada.

Él dio un paso hacia ella, lento, sin asustarla. Su figura alta y sólida se acercó con suavidad, sin imponerse.

—Nadie debería acostumbrarse a eso. Menos tú.

Se acercó más, y ella no retrocedió. Sus ojos se encontraron, y bajo la luz plateada, ella vio comprensión en esos ojos grandes y soñolientos, pero también asombro y confusión.

—Tu cabello rojo… brilla incluso ahora —dijo suavemente, y sus labios bien perfilados se curvaron apenas—. El lodo no puede apagarlo. Hay algo en ti… algo distinto. Lo siento, lo veo… pero no logro ponerle nombre.

Lux apretó el borde del puente con las manos.

—¿Ni usted sabe qué es? —preguntó, con la voz apenas un susurro—. Ni siquiera usted…

Zero negó lentamente, con franqueza, y sus pestañas oscuras se cerraron un instante.

—No. Sé que hay algo extraordinario en ti. Sé que te pareces a alguien que conocí… a Estrella. Sé que tu fuerza no viene de lo que todos llaman don. Pero qué es exactamente lo que llevas dentro… eso aún no lo sé. Ni yo.

—¿Y le da miedo no saberlo? —preguntó ella, atreviéndose.

Él la miró largo rato, y el viento movió suavemente su cabello café oscuro.

—Me da curiosidad —respondió con sinceridad—. Y respeto. Lo que no se conoce puede ser peligroso, sí. Pero también puede ser maravilloso. No lo sabremos hasta que lo descubramos. Juntos, tal vez.

Lux sintió el corazón dar un vuelco.

—¿Juntos?

—No estás sola en esto —dijo él, suave—. No del todo. Yo vigilo. Yo observo. Y cuando encuentres la respuesta… yo estaré ahí para verla.

Extendió la mano, dudoso un momento, y luego la posó suavemente sobre su hombro. El contacto fue breve, cálido, y se sintió como si una chispa recorriera todo su cuerpo.

—No tengas miedo de descubrir quién eres, Lux. Esa luz que llevas… merece brillar.

Retiró la mano despacio, como si no quisiera hacerlo, y le hizo una reverencia suave, digna y respetuosa.

—Descansa. Mañana será un nuevo día. Y recuerda: lo que piensen los demás no te define. Lo que tú eliges ser, sí.

Se marchó despacio, su figura alta y firme alejándose entre la luz de la luna y las sombras de los árboles. Lux se quedó allí, con la mano sobre el hombro donde él la había tocado, sintiendo que algo en ella había cambiado para siempre. Él no sabía qué era… y eso la hacía sentir, por primera vez, que podía descubrirlo por sí misma.

Poco después, escuchó pasos corriendo y una voz que conocía bien.

—¡Pequeña! —Era Elena, que llegaba con paso rápido pero tranquilo, llevando una toalla limpia y una prenda suave en los brazos—. Vi todo desde lejos. Ven conmigo. Tengo un lugar tranquilo donde puedes limpiarte. No tienes por qué quedarte así.

En ese mismo instante, aparecieron también Mara y Gale.

—Lo siento —dijo Mara, con el aliento entrecortado—. Se fueron antes de que pudiéramos alcanzarlos… ¿estás bien?

—Estoy bien —respondió Lux, y sonrió de verdad—. Mejor de lo que crees.

—Vengan todos —dijo Elena, guiándolos por un sendero más suave—. Los invito a mi pequeño refugio. Allí estaremos a salvo de miradas curiosas.

Caminaron juntos. Mientras Elena ayudaba a Lux a limpiarse y cambiarse, el calor de la mujer le recordó al de su propia madre: suave, seguro, incondicional.

—Eres valiente, niña —le dijo Elena, peinándole con cuidado el cabello ya limpio—. Lo que te pasó dice mucho de ellos, pero dice más de ti: que sigues de pie a pesar de todo. Eso es lo que realmente importa.

-Creo que no me he presentado adecuadamente, Soy Lux- mencionó con una gran sonrisa y ojos brillantes

-Mi pequeña niña,se exactamente quién eres- le contesto Elena

Gale y Mara esperaron afuera, y cuando Lux salió renovada, con la ropa limpia y el semblante sereno, sus amigos la miraron con admiración.

—Vamos —dijo Gale con una sonrisa—. Tenemos mucho que contarnos.

Caminaron de regreso bajo las estrellas, y Lux sabía que nada volvería a ser igual. Tenía amigos. Tenía a Elena, que la cuidaba como familia. Y tenía la promesa de que, pase lo que pase, no estaba sola. El misterio que llevaba dentro seguía sin nombre… pero por primera vez, no le tenía miedo.

Al llegar a su pabellon, comenzó a pensar a que se refería Elena con decir que ella sabía exactamente quien era y porque le resultaba tan familiar aquella mujer, porque la hacía sentir como si estuviera en su hogar, porque desde el primer día parecía como si la conociera de toda la vida

Lux se quedó dormida con aquel pensamiento

 

Thoughts

  • renglontorcido

    Neta, Zero admitiendo que no sabe qué trae Lux adentro me da más confianza que si lo supiera todo. Aunque en estas historias el que aparece tan perfecto en un puente de noche suele esconder algo.

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  • pasaporteVencido

    Elena pasa de un puestito de comida en la ciudad a trabajar adentro de la fortaleza y nadie le pregunta cómo. Me huele a que alguien la puso ahí a propósito.

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  • NoeliaBastida

    Me alegré mucho de que Lux por fin tenga con quién sentarse en la fiesta. Esa mesa con Mara y Gale me dejó tranquila.

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  • fcorrea92

    Mara saliendo sola detrás de esos cabros a exigir perdón de verdad. Ya me encariñé con ella, poh.

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  • Ovid

    Zero admitiendo en el puente que no sabe qué lleva Lux dentro y, esa misma noche, Elena diciéndole que sabe exactamente quién es. Apuesto a que la respuesta la tiene Elena desde el puesto de comida del primer día, y que Zero va a tardar bastante en enterarse. Qué bien que Lux por fin tenga gente a su lado :)

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  • magdalenita

    Pobre vestido negro 😭

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