El recuerdo de una promesa
se vuelve una gota
que jamás deja de caer.
Me perfora el espíritu
y me hace querer decaer.
Recordar se convierte en aire que te ahoga
y me hace desear olvidar.
Quiero dejar de comparar.
Mi ausencia se vuelve prometedora.
Se vuelve difícil
y poco certero.
Una sensación de desamparo
cuando veo que mi vaso de agua
se vuelve difícil de aceptar.
Pero a los demás...
en realidad, siempre hay un demás.
Cuando todo se vuelve sencillo que...
bueno.