Vivo a través del vientre de mi madre.
Es tan cruel
que siento que me absorbe y recibo su sangre.
No ha tenido descanso
y es tan fuerte que me produce lástima.
Reír de tristeza se ha vuelto su consuelo
y se ha servido un banquete para dejarlo en el olvido.
Hay momentos donde se pierde y me lastima,
su cuerpo es una cueva
en donde resuenan las risas de quien la humilla,
pero jamás se va.
Temo por su sueño.
Por terminar corrompida,
que de pronto decida irse,
que me deje y jamás regrese.
Pero cada mañana me dejará desayuno.
Tenderá la cama aunque no duerma en ella
y me hará aprender.
Recibiré silencio y furia.
Una olla de arroz pegado
hecho por quien olvidó que seguía viva.
Mamá.
Será fugitiva de su vida y no podrá perderse
porque él siempre sabe dónde se agacha.
Y cuando crezca
jamás olvidaré que a través de su vientre
aprendí a sentirme viva con el dolor.