La fe no es un acto que aprendemos por obligación asistiendo todos los días a la iglesia; la fe es mucho más que eso. Es vivir el evangelio fuera del templo y en todo lugar. Es tener la firme convicción de creer en lo que aún no podemos ver.
La fe se aprende cuando aceptamos de corazón que nuestro Padre Jehová es el único Dios verdadero y que su Hijo dio su vida por nosotros. Esta fe crece cuando mantenemos una relación y comunión directa con Él a través de la oración, el ayuno y la lectura de su Palabra, así como al obedecer sus mandamientos, estatutos y decretos, perseverando en medio de las pruebas.
En definitiva, tener fe es creer firmemente que nuestros pecados son perdonados y que nos espera un mañana glorioso.