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La escala de lo Invencible.

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Las flores... Obviamente son hermosas y especiales para nosotros los humanos; son símbolos hermosos de nuestros sentimientos, y más de nuestros sentimientos más bonitos, sinceros y, por ello mismo,…

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Contenido de la publicación

Las flores... Obviamente son hermosas y especiales para nosotros los humanos; son símbolos hermosos de nuestros sentimientos, y más de nuestros sentimientos más bonitos, sinceros y, por ello mismo, puros. Obvio, no nos podremos comunicar con las flores. Si nos pudieran hablar en nuestro idioma de fichas ordenadas que dan un significado —que a la larga es lo que es todo lenguaje—, nos comunicarían sus sentimientos; y aunque usaran un lenguaje que el humano pudiese comprender, dirían cosas que solo las flores pueden comprender de verdad. A los humanos nos parecerían los balbuceos de una niña llorosa a la que la tristeza y el llanto le arruinan la dicción...

​Yo, el «demente desagradecido», excluido y exiliado hoy de ese pueblo que veo desde la distancia de este camino, aquí desde la montaña que siempre miraba desde la terraza abandonada que con los años fui convirtiendo en mi casa, pensando en la fuerza de este viento que sopla tan lejanamente de todo lo que sucede en esa metrópolis en obras, ya sé qué dirección tomará todo aquello que veo a lo lejos. Suerte que la ley se maneja allá todavía de forma anacrónica y teatral; a veces, y en casos puntuales, su voluntad para el linchamiento público, el apedreamiento y la violencia se ejercen en nombre de la justicia, la decencia, la honestidad, el respeto... todo eso que, al nombrarlo, uno se imagina lo completamente opuesto a un grupo de personas matando o golpeando cruelmente y como espectáculo para impartir orden social. Lo único que pudieron hacerme a mí —amenaza menor y risible con el potencial de ser la fuerza más destructiva y apocalíptica para esa sociedad— fue anularme por completo de allá, exiliarme: «privarme de una vez y por todas del maravilloso privilegio de pertenecer a esa excelentísima y respetable comunidad tan decente y honesta, privilegio inmerecido por mí».

​Ni siquiera haber nacido allá, haber sido engendrado por uno de los hombres de allá, llevado en el vientre y parido por una de las mujeres de allá —huelga decir que con bastante amor y compromiso de verdad entre ambos, y huelga decir que me hace feliz saber que nací fruto de la intensidad de un amor tan fuerte y sincero entre dos seres que eran exactamente su par— me hará merecedor de «ser diligentemente amparado por las instituciones y la población en general, amparo y apoyo que el individuo ha correspondido de mala manera, ingratamente y de la forma más desagradable posible».

​Decir la verdad... no será buena idea nunca. Mi único delito era ser profesor de literatura, ser escritor de columnas de opinión, exponer las falsedades de las tan benévolas instituciones y los errores voluntarios de la naturaleza humana que eran el paisaje habitual de esa tan decente ciudad, y hacer visibles de la manera más cortante, a veces cínica y visceral, las trampas donde estaban metidos todos y cada uno de los ciudadanos, de todo tipo...

​En fin.

​Yo supongo que me fue bien, me pudo haber ido peor. Me pudieron haber metido a la cárcel por «difamación, calumnia o irrespeto deliberado a la autoridad», o me pudo haber matado uno de los ejecutores de aquellos empresarios que yo denunciaba, directamente o como ejemplo de corrupción y depravación al nivel más degradado; esos empresarios tan decentes que nunca se ensuciarán las manos y pagarán para que sus ejecutores lo hagan por ellos.

​Aquí voy. No quise utilizar transporte; yo nunca procuré comprarme un transporte propio. Llevo toda mi vida o caminando o usando transporte público; no necesito poseer nada que pueda atarme a alguna forma de ver el mundo, y el automóvil en la era actual es algo que incluso moldea la forma de pensar. Quizás es solo un prejuicio que tengo...

​Me gusta caminar, y más como hoy, en un día donde el sol siente vergüenza de estar tan a la vista de todos siempre y se procura una habitación tras las nubes para descansar de ser tan público. Me gusta sentir que tengo la razón sobre lo que pienso, incluso si me costó mi vida entera.

​Mi esposa... no me amó tan profundamente como mi madre amó a mi padre... me consuela saber que yo sí la amé a ella tan profundamente como mi padre amó a mi madre... Ella, cuando empecé a ser objeto de la reprobación general y cuando ese rechazo hacia mí se hizo tan evidente que era incómodamente obvia la animadversión en cada mirada hasta cuando salíamos a comprar cualquier cosa, no lo soportó... se cansó... y se fue y se casó otra vez... Ella no entendió que era a mí al que odiaban, y yo no entendí que por odiarme a mí la odiaban a ella...

​En fin, estoy caminando ya cada vez más lejos de la incomprensión y la exclusión. Si yo les estorbaba a ellos, ellos deberían tener bien seguro que ellos me estorbaban a mí.

Sigo adelante. Este paisaje de verde infinito y rebelde, lleno de sabias rocas grises y azules cubiertas de musgo —hoy se siente fresco este paisaje—, y de flores… de muchas clases… Sus colores sectorizan los tramos de verde del camino. No creo que sean flores cultivadas por nadie; no creo que nadie suba hasta aquí a monopolizar esto, a capitalizar esto… Creo que es porque desconocen que todas estas clases de flores, de las que he oído decir que algunas son valiosísimas, se dan silvestremente y sin parar; puedo notar que cuando se marchitan, el campo donde florecen las reabsorbe, pétalo a pétalo, mientras se pudren en su tallo, y las regenera en nuevos brotes inevitablemente, terco en su inmanencia.

​Me siento a descansar en una roca, bajo un árbol que cubre por completo de sombra fría todo lo que esté debajo de él; sus ramas son el techo perfecto. Me encantan los lugares de la naturaleza que parecen hechos a propósito; este en particular parece ser una sala de estar, incluso las piedras parecen dispuestas como se disponen las sillas en una sala doméstica…

​Ya no está a la vista eso desde donde vengo…

​Enciendo un cigarro y empiezo a recordar por qué estoy aquí…

​Resulta que descubrí conexiones innegables entre el hampa más oscura y la alcaldía… Y reiteré en mis exposiciones y denuncias, y me empeciné quitando máscaras de supuestos benefactores, y creí estar haciendo lo correcto permaneciendo insobornable, y creí ser valiente al tratar de hacer del «villano de la sociedad» algo identificable, y creí ser fuerte cuando aguanté amenazas, incluso de muerte, por irme en contra, públicamente y sin temor, de quienes estaban pudriéndolo todo; y resulta que era demasiado tarde, porque la gente no vio la «heroica» labor que realicé, sino que vio a «un enemigo del pueblo», como en la obra de Henrik Ibsen. Ja… si lo pienso, es prácticamente lo mismo que me sucedió: el Dr. Stockmann, igual que yo, quería ser honesto con la comunidad que amaba y terminó siendo odiado por eso…

​No voy a generar un rencor indeleble o una pesadez insoportable para que me acompañen en este camino y por el resto de mi vida haciéndomela invivible. El mundo exterior es ya bastante complicado como para que yo lo haga más terrible cargando con el peso de sentimientos tan oscuros y desgastantes… como una sensación de fracaso, por ejemplo, o como la sensación de estar tajante y rotundamente equivocado con todo al tener la percepción de la vida que tengo. Ni me voy a transformar en el eterno excluido; es decir, no voy a desarrollar esa actitud. Nunca necesité sentirme un antisistema, un anarquista o un desadaptado: yo criticaba todo lo que me rodeaba desde el más profundo interés y la más sincera preocupación, pero esas cosas tan nobles en mí fueron tomadas como desdén, rechazo, crítica burlona y destructiva, oposición salvaje, satanización… ODIO hacia todo…

​En fin.

​Seguro no supe expresarme, o lo hice muy fríamente… Sea como fuere, aún me tengo a mí mismo y eso me ha bastado desde siempre. Podré empezar de cero donde sea; ya no me interesa denunciar a nadie por nada. Sé de sobra que en todas partes los individuos malvados son los héroes, los próceres, los guías económicos, psicológicos y espirituales, los modelos a seguir… y repito: LOS HÉROES de la gente del común, de la población. Y sé que estar en contra de ellos es estar en contra de todos los demás.

​Y yo ya no necesito eso…

​Entendí que cuando traté de hacer el bien, el malo fui yo, y me quedé solo…

​¿Qué voy a hacer conmigo de ahora en adelante?

​Pues lo que me dé la gana. No es que a donde llegue tenga que ser un profesor de literatura: bien puedo ser un albañil, un asistente de bodega, un conductor de autobús, o simplemente un vago encerrado en una habitación escribiendo, pagando solo el primer mes de arriendo y largándome para otra habitación al mes siguiente… O bien puedo vivir en esas habitaciones donde se paga a diario, esas donde viven las putas y los ladrones de poca monta.

Hay que seguir caminando. Por ahora mi único mundo es esta «carretera», y es verdad que no he visto el primer automóvil pasar por aquí; igual no creo que pudiera hacerlo, el camino es bastante estrecho. ¿Quién de mi antigua ciudad o de otros lugares habrá pasado por aquí antes de hoy, antes de hacerlo yo? Tampoco me he encontrado a ningún otro caminante. Supongo que esto hoy me pertenece a mí; entonces no podré decir que lo perdí todo cuando me estoy levantando ya de esta roca helada, abandonando la sombra pesada y húmeda de este árbol-techo, y me estiro bien para que, al salir de la sombra e integrarme de nuevo al camino, mire a mi alrededor y vea lo infinito de la libertad estando rodeado por estas verdes montañas... que están acá, en esta realidad, pero que me hacen sentir, con sus formas y colores, que no estoy en ningún lugar.

Y es que parece un regalo de magia estar caminando por acá. Agradezco cada color y cada sonido; las aves y los diferentes animales de montaña se me cruzan y yo sé que me reconocen como un compañero digno.

​Quisiera quedarme para siempre en este hoy, en este caminar tan grato donde no estoy cerca de nada, mientras cruzo riachuelos, subo empinadas pendientes, llego a valles maravillosos, atravieso microbosques nativos…

​Es tan maravilloso, es un regalo de magia para mi corazón... ¿Cómo voy a decir que lo perdí todo cuando me dieron todo esto? Es mío, así lo siento, y aun si no puedo vivir aquí en este camino por siempre, me gusta tanto y me hace tan feliz estar en este momento aquí —en todo este aquí que he recorrido hasta esta gruta formada sobre el camino, como si se hubiera formado un puente natural sobre mi carretera—, que siempre, SIEMPRE, será parte de mi corazón…

Van llegando las horas en las que la luz del sol disminuye su potencia, y yo no he pensado ni un minuto en absolutamente nada de lo que se supone que me debería estar preocupando y carcomiendo; sobre todo el «¿qué voy a hacer?».

​Ni siquiera sé para dónde voy, o si este camino va a terminar en la entrada de una fábrica, de una propiedad privada o de un colegio donde maestras semidesnudas me estén esperando desde hace tres siglos para hacerme masajes y atenderme como yo me lo he ganado…

​Jajaja, estoy divagando porque empiezo a sentirme cansado y hambriento, y esa es la mejor forma de volver a poner los pies sobre la tierra y salirte del maravilloso cuento que estés viviendo en tu mente. Sin embargo, sigue sin preocuparme nada de lo que es preocupante: «Si me llegasen a sorprender las altas horas de la noche aquí, ¿dónde duermo?».

​Jajaja…

​Tengo cigarrillos, ¿qué más quiero? Y tengo un cielo para seguir mirando sin las interrupciones del horario.

​«¿Entonces usted se va a dedicar a deambular por una “carretera” en medio de la nada en la montaña, a mirar el cielo y a detenerse a contemplar flores, aves, conejos, linces, serpientes, ¿y ya? Un profesor de literatura debe ser una guía real para las personas en la sociedad. ¡Asume el rol de ser un faro de educación, responsabilidad social, preocupación por la integridad moral y psicológica de la gente! Eso de perder el tiempo en contemplación… ¡no! Tienes que luchar por una sociedad justa donde la educación no sea un privilegio sino un derecho, donde se premie lo correcto y se castigue lo incorrecto».

​Jajajajaja…

​Ese fue mi problema: ese delirio de adalid de la verdad y la honestidad, velando por ser un justiciero social en nombre de que el mundo fuera mejor… Qué bobalicón tan iluso…

​Yo no voy a hacer nada más que sentarme otra vez. Ya no necesito resguardarme del sol: ya empezó su descenso y esas luces púrpuras, rojas y doradas profundo me maravillan tanto…

​No sé si estoy muy cansado o qué, pero empiezo a ver el campo de flores amarillas frente a mí plenamente teñido por lo multicolor del atardecer. De un momento a otro, ¿las oigo tararear suavemente? Ante mi asombro, todas y cada una de esas flores del camino poseen ahora bocas y ojos. Nada más. Ni narices, ni nada.

​En esos ojos se nota el filo de algo que tienen para decir y no saben bien cómo hacerlo; y en sus boquitas —muy lindas, por cierto— se nota una sonrisa no tan bonita, más bien una sonrisa de locura superior…

​Tararean y se mueven de un lado a otro. No sé… ¿estaré alucinando? Pero no: esto es tan real como las caras completas de los humanos. Reteniendo el aliento, empiezo a oír que me dicen, casi cantando:

—Escúchanos, por favor…

Yo me quedé pasmado, me froté los ojos y no… parecía que todavía estaba viendo aquello que me parecía increíble estar viendo. Sus caras relucían con la luz moribunda que se iba acercando al púrpura poco a poco. Supongo que cederé; con una sonrisa amarga en la cara busco otro cigarrillo, calmadamente lo enciendo, suelto esa primera bocanada de humo —que es como un triunfo para mí— y miro hacia las flores. No puedo evitar reírme de sus sonrisas descolocadas, y les digo:

​—Buenas tardes señoras, señoritas…

​Ellas parece que se entusiasman al oírme hablarles directamente:

​—Todas las tardes son buenas para ti si así lo deseas.

Y aunque no lo creas,

Si quieres que sean malas, también lo serán.

​Estoy de acuerdo con ellas, y les digo:

​—Entonces siempre tengo elección, ¿no? Mi libertad está intacta.

​—Sí. Es al peligro que te enfrentas en verdad:

A tu exceso de claridad.

Porque bien puede esa misma claridad llevarte a la ceguera

Y a la perpetua soledad.

​Le contesto:

​—No está mal saber lo que está mal y querer hacer que esté bien.

​—No. Lo que está mal es que sigas fingiendo que las consecuencias

De haber dicho la verdad

No te afectan.

​—No lo hacen, de verdad.

​—Entonces, ¿por qué sentimos que en este camino el sentimiento que más has reprimido es el de romper desconsoladamente a llorar?

​—Quizás la belleza del paisaje solitario y lejano de lo humano me abrumó de verdad. El silencio, la luz del sol y las aves me hicieron una compañía tan grata, tan hermosa y agradable, tan tranquilizante, que… pues era inevitable no sentir mi corazón rebosante de tan hermosos sentimientos de paz, calma, paciencia y tranquilidad, y sentirme al borde de las lágrimas por eso.

​—Quizás te saliste de ti hacia el paisaje,

Te abandonaste a cada piedra, árbol y animal que viste.

Colores paladeaste, sonidos disfrutaste,

De todo lo que te rodea te llenaste,

¡SÓLO PARA IGNORARTE!

Engáñate tú solo, a nosotras no nos arrastres,

Como arrastraste a las compañeras nuestras que antes de nosotras encontraste,

A ser para ti distracciones,

Cosas que te vacíen,

Que te saquen del presente.

​—¿Estoy evadiéndome? Me parece que no es verdad. Ustedes no pueden decir nada de mí, no podrían saber qué pensaron todas las otras cosas que me acompañaron en mi camino, y estoy seguro de que no creyeron de mí que las usara como distracción. Más bien me acogieron con su calor, a pesar de ser yo tan solo un asqueroso humano que deja atrás la vida que llevaba hasta hoy en la mañana más temprana que se le puede otorgar a lo que ha sido la única vida que conociste desde siempre.

​—Te evades porque sabes…

Sabes que la libertad que posees

de ahora en adelante

es demasiado grande…

No sabes qué vas a hacer

y no estás tranquilo, aunque lo quieras simular:

temes porque no sabes lo que a partir de este instante sucederá.

​—Si es verdad o no mi recelo ante la incertidumbre que me genera, por ejemplo, la noche que va a comenzar por no tener dónde dormir… Si no puedo solucionar nada inmediatamente, no me puedo poner a llorar.

​—Pues no deberías negar

tu precariedad.

No deberías ignorar el hecho

de que no es fácil de cero comenzar,

y que si bien es bueno tener valentía,

no puedes confiarle tu vida solo a tu esperanza.

​—Yo estoy más que dispuesto a actuar, a crear, a intervenir directamente en la construcción de mi vida. No es que nunca lo haya hecho o que me represente una dificultad.

​—Sabes muy bien que no se trata de eso.

Entiendes lo que es enfrentarte al mundo

con herramientas para hacerlo,

desde una posición social —digamos— de privilegio,

que fuiste perdiendo cuando tu dignidad dijo «no» al estar cediendo

a la presión de una apariencia de la que eras parte, hasta que por rebelde te sacaron corriendo.

Y si eras parte de ese espectáculo, ¿por qué arruinarlo?

¿Por qué arruinártelo?

¿Creíste que ellos iban muy bien a recompensártelo?

¿Creíste poder elevarte, al convertirte en su héroe, por encima de todos ellos?

¿Obtener una distinción especial en esa, tu tan amada sociedad, que te hiciera un ciudadano modelo, ejemplo de superación y de aplomo?

¿Creíste que tu especialidad, tan evidente e inherente, merecía un reconocimiento público perpetuo por ser un tan comprometido defensor?

No…

Más que ególatra y vano, eres ingenuo…

​Hubo una pausa porque no lo pude creer. Estas flores no perdieron su expresión de sonrisa demente y macabra, pero revestida de una calidez inexplicable; y su voz cantarina era también inexplicable... ¿Todo aquello estaba sucediendo de verdad?

​En el cielo ya convivían las luces rojas con las púrpuras, que estaban más acentuadas en su color; algunas luces ya se habían rendido al negror que se avecinaba. Bien podría yo levantarme de esta roca y terminar aquí con esta alucinación que no parece estar muy de mi lado, lo cual me pone a pensar: ¿tus alucinaciones, a pesar de ser una expresión de tu psique o de tu mente subconsciente, pueden estar en tu contra, ser tus antagonistas, estar en desacuerdo contigo, discrepar? ¿Por qué? Deberían también ser parte de mí, pero… ¿necesariamente todo lo que nos pertenece debe halagarnos o estar de acuerdo ciegamente con nosotros?

​Miro de nuevo a las flores. La luz ya no es tan fuerte; pronto ya no las veré como lo estoy y lo estuve haciendo. No sé si debería seguirles hablando, sin embargo…

​—Eso no es cierto de ningún modo. Yo… soy sincero, y lo único que quise fue respeto, limpieza, que no hubiera porquería en la sociedad en la que estoy inmerso con tanto gusto... Que para mí, mis vecinos, mis hermanos, la mujer que amo… que amaba, estuviera el deseo de vivir a gusto en nuestra ciudad sin la degradación de una delincuencia que tiene aval gubernamental para actuar e infiltrarse hasta en las dinámicas cotidianas y la vida normal del individuo común, pervirtiendo la forma de pensar y ver la realidad. Yo no quería seguir aguantando vivir en una sociedad donde el horror más profundo sucede a plena vista de la población y todo el mundo elige ignorarlo: por comodidad, por miedo, por incapacidad de comprensión o por una conciencia del horror que elige no tomar partido ni opinar para no involucrarse en asuntos que no le permitan seguir viviendo tranquilo en sus rutinas… Todo ello pura indolencia cobarde o cobardía indolente de un montón de gente que se hace llamar integrante de una ciudad o de un barrio, pero a la que no le importa ninguno de sus vecinos; gente sin ninguna clase de vínculo, sin ningún sentido de integración real ni espíritu de comunidad activo, donde si te matan y no eres nada mío, pues no me importas.

—Debiste entender que en la vida humana

tan solo la maldad parece triunfar,

y aquel que se interponga en su marcha,

arrasado por la fuerza de la realidad que ellos gobiernan, terminará.

Debiste vivir TU vida

y no tratar de hacer visible la podredumbre de nada.

Antes bien, debiste haber aprovechado la atmósfera de deshonestidad permitida

y haber hurtado tú también algunas ventajas,

desde tu posición académica,

para mejorar el nivel de tu vida

y evitar el tener que estar sentado en una piedra por no haber aceptado lo general de la mentira

que gobierna la vida

de ustedes: humanidad, especie siempre tan confundida,

equivocada y enceguecida.

En tus manos estaba.

Ahora ves el resultado de ser el adalid de la verdad

y un representante fiel de la verdadera justicia:

el triunfo es la tarde que pasaste caminando,

que ya casi se termina…

Mas si en tu corazón sientes que no pudo haber sido de otra manera,

tendrás razón hoy, mañana y por el resto de tu vida.

Este mundo de ustedes es una tremenda injusticia;

por eso ustedes tienen sangre: para aguantarse

el daño que se hacen entre ustedes,

y cómo quienes deberían ser vistos con ojos de benevolencia infinita

se convierten en seres despreciables, en profundas decepciones.

—Es verdad que mi futuro empieza hoy, como el de todo el mundo cada día, y dentro de ese día a cada segundo. Sé que antes tenía demasiadas ventajas y privilegios que ahora he perdido y que ya no quiero. Tal vez no siga enfrentando cara a cara a lo que está mal y TIENE que ser reprobado, censurado, extirpado y desterrado para siempre de un mundo que por fuerza TIENE QUE SER HERMOSO… Y no por un capricho estético de egoísmo avaro y vano; es porque en esta vida los seres que existen merecen vivir solo cosas bonitas en un lugar seguro: mujeres, niños, gente tranquila, artistas, pensadores, empresarios y trabajadores honestos y respetuosos... todos. Todas las personas merecemos ser comprendidas y hallar nuestro espacio en el mundo. Pero si existe la maldad, las cosas se pervierten de un modo asqueroso, y el ser humano deja de ser algo puro y sincero para pasar a ser una hipersaturación de egolatría, apariencialidad, vacío y materialismo que hace perder el sentido común y la dignidad. Pero, aunque no trate de arrancar la raíz más profunda de la corrupción de las personas por medio de una lucha sin descanso en contra de la corrupción de la sociedad en la que viven, se desenvuelven, piensan, sienten y desean, sí lucharé contra todo tipo de maldad y de injusticia que esté a una escala no tan invencible.

No me ha costado nunca ser amable y estar para quien incluso yo sé que no me necesita, pero que quiero creer que en algún momento lo hará. Mi corazón está abrumado, claro, y tengo miedo del frío, del hambre y de estar solo mucho tiempo o ya para siempre... Pero no puedo quedarme en el centro de esas emociones en mi alma: tengo que ir hacia donde el camino —el que sea que se me aparezca— me lleve. Algo encontraré. ¿Será que si camino sin esperar nada del camino no hallaré algo para mí más adelante? Imposible que no, imposible que a mí no me esté esperando algo. Y si no lo hace, pues lentamente iré hacia la muerte, observándolo todo en mi soledad de modo contemplativo y profundo, hasta que a mi único destino disponible llegue.

​Mas yo no soy fatalista: estoy listo para demostrar que puedo crearme un mundo incluso en el vacío de una carretera. Y si bien me duele mucho haber perdido a la mujer que amé tanto y a la que le entregué todo mi corazón —la dueña de mi casa y de todo lo que había en ella, incluyéndome; la mujer a la que quise darle la vida entera, dándole todo lo que necesitaba y me pedía, feliz de complacerla y de hacer lo que a ella la hiciera feliz—... Si bien perderla fue horrible, esa luz y esa calidez serán lo que abrigue e ilumine mi corazón en secreto.

—Nos alegra ver un alma tan consciente,

Tan llena de buenas intenciones para con toda la gente,

Tan llena de un optimismo con los pies sobre la tierra…

​Sin duda, tu camino de ahora en adelante supondrá incertidumbre;

Pero si mantienes esa estrella del Norte brillando en tu ser,

No sucumbirás ante esa incertidumbre ni ante su poder. Nunca.

​No temas demasiado, no cedas, no te devuelvas por donde viniste: ya no hay nada para ti atrás.

​Con esta última sonrisa

Nos despedimos de ti, y te deseamos la mejor de las suertes.

Estamos seguras de que no vas en pos de ninguna muerte.

​Hallarás para ti mismo justicia

Si conservas esa dulzura y bondad en el más patente desamparo y en la más profunda amargura,

Si te permites no desfallecer y tener siempre a tu lado a la esperanza…

​Tú…

Estás atrapado en lo infinito de tu libertad

Y en lo plenamente posible de cada posibilidad

En esta vida.

​Hoy estás en este preciso lugar;

Mañana, en otro distante, y será una duda para ti nuestra existencia

Por no poder vernos, por no poder estar en nuestra presencia.

​Sabrás que existimos porque estaremos en ti, y ya…

​Nosotras…

Nos quedamos aquí, en nuestro lugar.

Y no estamos inmóviles como piensas:

Ya nos has visto bailar

Y nos parece que te gusta cómo nuestra voz canta.

Todas nos iremos marchitando, sin duda,

Y al caer al suelo te seguiremos recordando y enviándote nuestros mejores deseos.

Mas no desaparecemos:

Por ejemplo, yo estoy aquí, pero cuando resucite estaré en otro sitio,

Y donde estoy ahora estará alguna de mis vecinas.

Nos rotamos el lugar de aparición: eso es lo que nos da esta visión de la vida;

Así nos recorreremos este valle hasta la eternidad.

Y estaremos agradecidas por no tener más libertad que estar en pleno ciclo de muerte y resurrección desde el suelo,

Y no tener sangre, ni miedo, ni hambre, ni sentirnos en soledad.

​Feliz viaje.

Nunca permitas que un golpe de viento fuerte esa luz te apague…

Ya la última luz de roja insistencia le seguía porfiando su estar ahí a los profundos púrpuras y azulados nocturnamente ennegrecidos, pero con la luz de lo temprano de la noche que acababa de aparecer. Miro a las flores de nuevo: ya no se ven sino como sombras de sí mismas ahí de pie, ya ni siquiera se distingue su color.

La luz de una luna pelada y plateada cae sobre las rocas, el polvo, los caracoles y los roedores nocturnos que van deslizándose en carrera hacia algo. Ni siquiera esa luz ilumina la cara de las flores, aun si llena de su plenitud plateada sus pétalos. Ya el sueño de la tarde terminó, y aun si la noche está iluminada, siento el negror de este espacio que ha cambiado: se ve mucho más mágico bajo esta luz que no sofoca que bajo la luz amarilla que hace sudar; mucho más hermoso, incluso. Me levanto de la roca: descansé lo que duró el atardecer y me siento bien en este viento de la noche.

​A esta hora ya más de uno de mis conocidos estará en su hogar con su esposa, se estará sentando en su sofá oyendo a su mujer contarle cómo estuvo su día, estará cortando el tabaco que le regalaron el día de su cumpleaños mientras oye las noticias en la radio, se estará sentando a la mesa con su mujer y sus niños para compartir con ellos el milagro de encontrarse en su lugar seguro... Unos son padres primerizos, así que algunos estarán colaborándole a su mujer con las labores que implican mantener a su bonito bebé limpiecito y llenito… Qué hermoso hubiera sido si yo, teniendo a mi bonito bebé en mis brazos mientras lo mecía para hacerlo dormir, hubiera visto sonreír a mi mujer mientras le preparaba la cunita para acostarlo bien cómodo y arroparlo con todo el cuidado… Me hubiera sentido tan feliz que cada noche hubiera hecho el deber de engendrar otro, y otro, y otro…

​Jajaja…

Ciertamente, ver a mi mujer llevar mi hijo en su vientre hubiera sido mi mayor felicidad…

​Todos ellos son felices y, al parecer, no les importará nunca que las raíces de esa sociedad estén podridas. Criarán a sus hijos a su manera a pesar de la podredumbre del hampa que pervierte hasta la percepción de la vida de las personas; se enfocarán en ellos y no serán los encargados de luchar por causas mayores o por el bien común y la justicia para todas las personas. No querrán desenmascarar nada ni mostrar las horribles entrañas del mundo: les bastará con enfocarse en los quehaceres y particularidades de su vida, en el desarrollo de los contextos circunstancial e idílicos que pertenezcan a su cotidianeidad. Eso los llenará; no será una aspiración para ellos liberar las conciencias y las instituciones para hacer de esta vida algo que de verdad sea disfrutable y tolerable: les bastarán sus triunfos personales. Eso… solo les traería… problemas y soledad, jajaja… Y no creo que cualquiera disfrute estar en medio de la nada, mirando a la luna en un cielo aterradoramente despejado, sin la certeza de tener un lugar donde dormir hoy ni mañana ni nada, sin tener ni siquiera la certeza de tener comida más allá de unos días o un mes, y ya, porque yo no es que tenga mucho dinero: lo fui perdiendo junto con el resto de mi vida.

​Y será como dicen las flores: cada quien, desde la posición social que ocupa en esta vida, se procurará obtener algunas ventajas tramposas con las que pueda darse más espacio y campo de acción, y será una gota de agua en el mar... Aunque puede suceder que, al estar todos los que no somos ultramillonarios, delincuentes de alta gama, políticos o figuras públicas sometidos a operar en la escala no tan invencible, las malas intenciones y trampas se detengan con mayor facilidad, y los castigos que se reciban variarán según la escala social del perpetrador.

​Yo no sé qué pasó. ¿Qué fue lo que me hizo especial? Porque yo hoy fui capaz de oír a las flores: el balbuceo lloroso que asumía que sería su voz fue una canción de atardecer que quizás ni me merecía escuchar. Supongo que aprovecharon mi presencia para cantarle alguna cosa conveniente a alguien diferente; me parece una buena forma de ayudarles a romper la rutina de cantarse entre ellas mismas. Si lo pienso, esa canción me gustaría escucharla, pero es imposible: creo que mientras estés frente a las flores cantarán para ti, así que lo que entre ellas tengan para decirse no lo dirán en tu presencia, no podrán…

​Suspiro y echo una última mirada a la luna, que sigue solitaria en ese espacio tan inmenso. Yo me empezaré a mover por el mío. Me estiro, y si en el día me evadí, en la noche no voy a perder el tiempo ni este brillo tan esplendoroso de la luna lamentándome o teniendo miedo. Mañana será otro día y, sin saber para dónde voy, llegaré a alguna parte. Seguiré yendo hacia algo y yendo en contra de lo maligno, de lo feo y de lo que haga daño. Y quizás haya para mí otro amor, otra ilusión del corazón, otra oportunidad para hacer de la felicidad de mi familia mi prioridad; la oportunidad de poder verle la carita bonita a mi bonito bebé mientras lo cargo y me juro hacerlo bueno, libre, tranquilo, inflexible e insobornable ante lo asqueroso de la vida.

​Solo con la emoción y la esperanza sin sentido que esta montaña así iluminada me provoca, avanzo con ánimo desconocido, en contemplación profunda, conectado con este camino y con lo que hay en él, caminando sin esperar absolutamente nada... para que pueda merecerme algo mío más adelante de verdad.

Thoughts

  • RosaIturbe

    A ver, lo que le hicieron no pasó por ningún juzgado, y por eso mismo nadie tuvo que probar nada.

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  • MartaEspejo

    Oye, qué frío el tono cortés con el que lo echan del pueblo, todo en frases de oficio y agradecimientos. Cuando expulsan a alguien con tan buenos modales la decisión llevaba rato tomada.

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  • HugoBarrientos

    A mí las flores me parecieron las únicas que le dicen algo útil. Él mismo admite que denunciaba de la forma más cortante y cínica, y a nadie lo saca de donde está alguien que le habla con desprecio, aunque tenga todos los datos en la mano. El pueblo escuchó el tono antes que las pruebas.

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  • pastorSinPulpito

    Lo más duro para mí fue la esposa que se fue cuando empezaron las miradas hasta en la tienda. Apuesto a que él la sigue defendiendo más de lo que la ha perdonado.

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  • Ovid

    La comparación con el Dr. Stockmann me hizo pensar en cómo termina Un enemigo del pueblo, con él diciendo que el hombre más fuerte es el que está más solo. Tu profesor arranca justo donde Stockmann se queda, sentado en una roca. Apuesto a que la escala no tan invencible del título es lo que a Stockmann le faltó. Gracias por subirlo!

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  • religiones_comparadas

    Las flores que le hablan al exiliado justo al atardecer tienen algo de tentador del desierto y algo de oráculo a la vez: primero le dicen que debió robar como todos y al final lo despiden con una bendición. En los relatos de retiro al monte casi siempre aparece esa doble voz. Y lo de que mueren y reaparecen donde estaba la vecina es un samsara en boca de unas flores amarillas; me suena a que el narrador todavía no acepta que para él no hay vuelta, solo camino.

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