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L.A. Confidential — La ciudad donde todos tienen algo que esconder

rodrigosegade1000
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L.A. Confidential es una de esas películas que me recuerdan por qué me gusta tanto el cine negro. Tiene policías corruptos, asesinatos, mujeres misteriosas, periodistas sin demasiados escrúpulos y…

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pjimenez77

Una institución se pudre despacio y eso es lo que mejor cuenta la reseña. Nadie decide un día que la policía de Los Ángeles se vende: son veinte años de favores chicos que nadie anotó en ninguna parte. Por eso Exley llega tarde siempre. Cuando él entiende

Una institución se pudre despacio y eso es lo que mejor cuenta la reseña. Nadie decide un día que la policía de Los Ángeles se vende: son veinte años de favores chicos que nadie anotó en ninguna parte. Por eso Exley llega tarde siempre. Cuando él entiende cómo está repartido el mapa, el mapa ya lleva décadas dibujado y lo único que le queda es elegir a quién le pasa el lápiz. Para eso no hace falta Hollywood, vale.

Contenido de la publicación

L.A. Confidential es una de esas películas que me recuerdan por qué me gusta tanto el cine negro. Tiene policías corruptos, asesinatos, mujeres misteriosas, periodistas sin demasiados escrúpulos y una ciudad donde el dinero parece capaz de comprar absolutamente cualquier cosa. Pero lo que más me interesa de la película de Curtis Hanson es que utiliza todos esos elementos para construir algo bastante más complejo que una investigación criminal.

Es una historia sobre las apariencias, la ambición, la violencia y las diferentes formas en las que podemos convencernos de que estamos haciendo lo correcto mientras participamos de un sistema profundamente corrupto.

La película transcurre en Los Ángeles durante los años cincuenta, una época en la que Hollywood estaba construyendo buena parte de los sueños que terminarían definiendo nuestra relación con el cine.

Las estrellas parecían llevar vidas extraordinarias, las revistas vendían historias sobre romances y escándalos, y la ciudad se presentaba como un lugar donde cualquiera podía convertirse en alguien importante. Pero Hanson decide mostrarnos qué existe detrás de esa imagen. El mismo Los Ángeles que fabrica estrellas también produce delincuentes, policías dispuestos a venderse y empresarios que descubrieron que el verdadero negocio no siempre está en aquello que se muestra públicamente. Es una película sobre una ciudad que construye fantasías mientras intenta esconder todo aquello que podría destruirlas.

Y creo que ahí aparece una de sus mayores virtudes: Los Ángeles no es solamente el escenario de la historia, sino una parte fundamental de aquello que la película quiere contar. Las mansiones, los restaurantes, los estudios de televisión, las comisarías y las calles nocturnas parecen pertenecer a mundos completamente diferentes, pero poco a poco descubrimos que todos están conectados.

Hollywood vende una versión idealizada de la realidad mientras los periodistas convierten los escándalos en entretenimiento y ciertos sectores de la policía utilizan su autoridad para decidir qué delitos merecen investigarse y cuáles conviene mantener ocultos. La ciudad funciona como una enorme maquinaria dedicada a fabricar apariencias, y prácticamente todos sus habitantes intentan encontrar la manera de beneficiarse de ella.

En el centro de todo están tres policías que representan maneras completamente distintas de entender su profesión.

Ed Exley, interpretado por Guy Pearce, es un detective ambicioso que cree en los procedimientos, en las reglas y en la posibilidad de ascender dentro de la institución haciendo aquello que considera correcto. Bud White, interpretado por Russell Crowe, es prácticamente su opuesto: un hombre impulsivo, violento y mucho más interesado en castigar personalmente a quienes considera culpables que en respetar los mecanismos de la justicia. Jack Vincennes, interpretado por Kevin Spacey, parece haber encontrado una tercera alternativa: aprovechar su condición de policía para disfrutar de la fama, trabajar como asesor en una serie de televisión y mantener una relación bastante conveniente con la prensa sensacionalista.

Lo extraordinario es que Hanson no presenta a ninguno como el detective ideal. Exley puede parecer el más honesto, pero también es un hombre profundamente preocupado por su carrera y por el reconocimiento de sus superiores. Su deseo de hacer las cosas correctamente convive con una ambición que muchas veces lo vuelve incapaz de comprender a las personas que tiene delante. Bud posee un sentido de la justicia mucho más visceral, especialmente cuando se enfrenta a hombres que maltratan a las mujeres, pero su propia violencia demuestra que tampoco está libre de aquello que pretende combatir. Y Vincennes es probablemente el más consciente de que la policía también funciona como un espectáculo, aunque esa lucidez no impide que termine participando de un sistema que utiliza la información y la reputación como mercancías.

  • Ed Exley — Guy Pearce: El hombre que cree que seguir las reglas lo convierte automáticamente en un buen policía, hasta que empieza a descubrir quiénes escriben esas reglas y a quiénes benefician realmente.

  • Bud White — Russell Crowe: Un policía que utiliza la violencia para enfrentar aquello que considera injusto, pero que necesita aprender que la fuerza no siempre es suficiente para distinguir entre proteger a alguien y ejercer poder sobre los demás.

  • Jack Vincennes — Kevin Spacey: Un hombre que convirtió su profesión en una forma de acceder al mundo del espectáculo y que, detrás de su cinismo, todavía conserva la posibilidad de preguntarse en qué momento dejó de importarle aquello que alguna vez lo llevó a convertirse en policía.

Para mí, una de las grandes decisiones de L.A. Confidential es permitir que esos tres personajes se contradigan constantemente.

Exley necesita comprender que la justicia no siempre coincide con aquello que establece un reglamento; Bud tiene que descubrir que su capacidad para golpear a alguien no lo convierte necesariamente en un hombre justo; y Vincennes empieza a reconocer que haberse acostumbrado a la corrupción no significa que haya dejado de ser responsable de sus consecuencias. Ninguno puede resolver el conflicto por sí mismo porque cada uno posee algo que los demás necesitan. Y eso hace que la investigación sea mucho más interesante que si simplemente siguiéramos a un detective brillante descubriendo una conspiración.

Russell Crowe me parece particularmente extraordinario. Bud White podría haberse convertido fácilmente en el típico policía duro que resuelve cualquier problema a los golpes, pero Crowe consigue que detrás de toda esa brutalidad aparezca una vulnerabilidad que el personaje intenta esconder constantemente. Su relación con Lynn Bracken revela una dimensión diferente de alguien que prácticamente aprendió a comunicarse mediante la violencia. Y creo que eso vuelve a Bud especialmente interesante: tiene una capacidad enorme para reconocer la crueldad de los demás, pero muchas veces no encuentra una manera de enfrentarse a ella sin reproducir otra forma de violencia.

También me gusta muchísimo Guy Pearce porque Exley es un personaje mucho más complejo de lo que parece inicialmente. Su inteligencia, su disciplina y su compromiso con las reglas podrían convertirlo en el héroe convencional de una película policial, pero Hanson está interesado en mostrar cómo esas mismas virtudes pueden volverse defectos. Exley quiere ser un gran detective, pero también quiere que los demás sepan que es un gran detective. Su ambición condiciona sus decisiones y su necesidad de reconocimiento termina enfrentándolo con personas que poseen un conocimiento de la calle que él todavía no tiene. Lo interesante de su evolución no es que abandone sus principios, sino que comienza a entender que defenderlos también puede exigirle enfrentarse a la institución a la que dedicó buena parte de su vida.

Y después está Kevin Spacey, cuyo Jack Vincennes introduce una de las ideas que más me interesan de la película: la diferencia entre ser alguien y representar a alguien. Vincennes trabaja como policía, pero buena parte de su identidad parece depender de cómo lo perciben los demás. Disfruta de la atención, de las cámaras y de su relación con el mundo de Hollywood. Su profesión terminó convirtiéndose en una representación de sí misma, hasta el punto de que parece mucho más cómodo participando del espectáculo policial que enfrentándose a las consecuencias reales de los delitos que debería investigar. Es un personaje profundamente cínico, pero justamente por eso sus momentos de lucidez tienen un peso emocional particular.

La relación entre Hollywood y la policía también aparece en el personaje de Sid Hudgens, interpretado por Danny DeVito. Su revista sensacionalista transforma la intimidad de las estrellas y los escándalos policiales en un negocio, mientras él utiliza sus contactos para conseguir información que después convierte en entretenimiento. Me encanta cómo la película muestra que el periodismo, la policía y el espectáculo no funcionan necesariamente como mundos independientes. Todos necesitan algo de los demás, todos comercian con cierta clase de información y todos participan, de alguna manera, en la construcción de una ciudad donde importa tanto aquello que ocurrió como la historia que finalmente llega al público.

Y en medio de ese universo aparece Lynn Bracken, interpretada por Kim Basinger.

Su personaje es fundamental porque representa otra de las grandes obsesiones de la película: la fabricación de identidades. Lynn trabaja dentro de un negocio que transforma a las mujeres en versiones de estrellas de Hollywood, como si la fantasía cinematográfica pudiera comprarse y reproducirse fuera de la pantalla. Pero lo interesante es que Hanson consigue que Lynn sea mucho más que una imagen construida para satisfacer los deseos de otros. Basinger transmite una melancolía extraordinaria y logra que, detrás de esa apariencia cuidadosamente diseñada para parecerse a Veronica Lake, descubramos a una persona que también está intentando encontrar una vida que no dependa completamente del personaje que le pagan por interpretar.

Y ahí creo que está una de las conexiones más interesantes de toda la película.

Lynn interpreta a una estrella de Hollywood, Vincennes interpreta al policía famoso, Exley intenta convertirse en el detective ejemplar y Bud construye buena parte de su identidad alrededor de una imagen de masculinidad basada en la fuerza. Todos están interpretando alguna versión de sí mismos y todos necesitan enfrentarse, en algún momento, a la distancia que existe entre esa imagen y quienes realmente son. Los Ángeles es una ciudad llena de personas que intentan convertirse en alguien, pero muy pocas parecen saber quiénes son cuando dejan de actuar frente a los demás.

Desde lo estrictamente cinematográfico, me parece que Curtis Hanson hace un trabajo impresionante al adaptar una historia tan compleja sin perder nunca el control de la narración.

La película tiene muchísimos personajes, distintas investigaciones, relaciones que inicialmente parecen no tener ninguna conexión y una cantidad enorme de información que poco a poco empieza a adquirir sentido. Sin embargo, consigue que sigamos la historia porque cada descubrimiento modifica nuestra percepción de alguno de los protagonistas. El misterio no avanza solamente cuando aparece una nueva prueba, sino también cuando un personaje descubre algo sobre sí mismo o comprende que estaba equivocado acerca de otra persona.

También es extraordinaria la manera en que recupera la estética del cine negro sin convertirla en una simple imitación de las películas de los años cuarenta y cincuenta.

La fotografía de Dante Spinotti, el diseño de producción y la música de Jerry Goldsmith construyen una ciudad que reconocemos inmediatamente como parte del imaginario clásico de Hollywood, pero Hanson utiliza esa familiaridad para mostrarnos algo bastante más desagradable. La belleza de Los Ángeles convive con una violencia que puede aparecer en cualquier momento, y cuanto más elegante parece un lugar, más sospechamos que quizás esté escondiendo algo. La película tiene una identidad visual extraordinaria porque entiende que el cine negro no consiste solamente en sombras, cigarrillos y detectives con sombrero. Consiste en una determinada manera de mirar el mundo, donde la verdad suele encontrarse debajo de aquello que las personas prefieren mostrar.

Y por eso me parece tan importante que la investigación termine exponiendo una corrupción que va mucho más allá de un asesinato. El verdadero problema no es simplemente descubrir quién cometió un crimen, sino comprender cómo funcionan las relaciones de poder que permiten que ciertos delitos permanezcan ocultos y que determinadas personas puedan aprovecharse de su posición. A medida que Exley, Bud y Vincennes avanzan, la institución que supuestamente debería ayudarlos empieza a convertirse en parte del problema. Y ahí L.A. Confidential deja de ser solamente un policial extraordinario para transformarse en una historia sobre lo difícil que puede resultar hacer lo correcto cuando descubrimos que buena parte de aquello en lo que creíamos estaba construido sobre una mentira.

Lo que más me gusta es que Hanson nunca pierde de vista a sus personajes dentro de toda esa complejidad. Podemos admirar el guion, la fotografía, la ambientación y la precisión con la que cada elemento termina encontrando su lugar, pero la película funciona emocionalmente porque nos importa lo que sucede con esos tres policías. Queremos que Exley consiga hacer justicia sin convertirse en aquello que desprecia, que Bud encuentre una manera de vivir sin depender constantemente de la violencia y que Vincennes recuerde por qué alguna vez decidió dedicarse a su profesión. El misterio importa, pero todavía importa más lo que cada uno está dispuesto a perder para resolverlo.

L.A. Confidential es una película extraordinaria porque consigue recuperar todo aquello que me gusta del cine negro clásico y, al mismo tiempo, construir una historia con una complejidad moral propia. Tiene diálogos excelentes, un elenco impresionante, una ambientación hermosa y una trama que recompensa prestar atención a cada pequeño detalle. Pero, sobre todo, tiene una idea que atraviesa absolutamente todo: la verdad no siempre está escondida porque nadie haya conseguido encontrarla. Muchas veces permanece oculta porque existen demasiadas personas interesadas en que nunca salga a la luz.

Y quizás por eso Los Ángeles sea el escenario perfecto. Es una ciudad que se hizo famosa por fabricar sueños, por convertir personas en estrellas y por construir imágenes que el resto del mundo aprendió a desear. Hanson utiliza esa misma ciudad para mostrarnos qué ocurre cuando empezamos a mirar detrás de las cámaras y descubrimos que incluso las personas encargadas de protegernos pueden estar interpretando un papel.

Porque en una ciudad donde todo el mundo quiere parecer alguien, quizás el verdadero acto de valentía sea dejar de actuar y decidir quién estamos dispuestos a ser.

Thoughts

  • mcastro71

    El policía que se vende casi nunca es el peor tipo del reparto. Suele ser el que tenía una deuda y un jefe que lo sabía, y aquí eso se cuenta como carácter. ¿Por qué elegiste esta para el reto?

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  • lecturaDeNoche

    De los tres policías el que se me quedó es Vincennes, que es el único que sabe con exactitud lo que está haciendo mal y sigue igual. Eso cuesta más de mirar que un hombre violento o que uno ambicioso. A la gente que se justifica sin creerse su propia justificación la he tratado de cerca, y casi siempre está cansada, no orgullosa. Lo de Bud y lo de Exley se entiende antes.

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  • pjimenez77

    Una institución se pudre despacio y eso es lo que mejor cuenta la reseña. Nadie decide un día que la policía de Los Ángeles se vende: son veinte años de favores chicos que nadie anotó en ninguna parte. Por eso Exley llega tarde siempre. Cuando él entiende cómo está repartido el mapa, el mapa ya lleva décadas dibujado y lo único que le queda es elegir a quién le pasa el lápiz. Para eso no hace falta Hollywood, vale.

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