Desarraigo: sentir que una parte de ti se quedó lejos, junto a esa persona.
Príncipe:
No sé cómo despedirme de ti, porque nunca tuve un adiós. Te fuiste a Francia sin despedirte y yo me quedé aquí, tratando de entender cómo seguir cuando una parte de mí se había ido contigo.
La última vez que te vi, supe que sería la última. Lo sentí en lo más profundo de mi alma. Quise abrazarte, detener el tiempo y pedirte que no te fueras, pero no podía retenerte. Así que te dejé seguir tus sueños, aunque eso significara verte lejos de mí y con alguien más a tu lado.
Tu ausencia me hizo perderme. Dejé de sentirme yo; era como un cuerpo que seguía respirando sin saber para qué. Y aunque han pasado los años, todavía recuerdo aquella madrugada, antes de que te marcharas, cuando llegaste a mi casa y me abrazaste.
Me dijiste a mi oído que me extrañabas. Yo quisiera volver a oírte llamarme princesa y, aunque fuera por un instante, volver a creer en nosotros, en nuestro pequeño cuento de hadas.
Con el tiempo aprendí a aceptar que ya no podíamos ser aquello que fuimos. No porque lo nuestro no hubiera sido real, sino porque la vida nos llevó por caminos distintos. Aun así, hay palabras que todavía me acompañan y una despedida que nunca pude darte.
Por eso te escribo, para decirte adiós a mi manera. No sé si alguna vez dejaré de extrañarte del todo, pero ya no quiero seguir esperando una despedida que no llegó.
Y de todas las promesas que llegamos a hacernos,
casarnos y tener un hijo igual a ti
fue mi favorita.
No porque fuera la más bonita,
sino porque fue la única
que yo habría querido convertir en verdad.
Cuídate, siempre Amor de mi vida
Michel Franco