Uf, el Buitre y el Mono.
La Cacería
Pensamiento
Uf, el Buitre y el Mono.
Contenido de la publicación
Capítulos11 y 12
Capítulo 11
Federico salió del boliche. Le gustan los bares viejos con mesas de madera, paredes descascaradas, y su fauna de desesperados. Y en noches como esa, de garua fina, le gustan aun mas.
Un duro. Siempre lo había sido, siempre se lo habían dicho. Miraba con cierto recelo y sin curiosidad aquello que no comprendía. Su vida, o lo que conservaba de ella en su memoria, era simple, sin complicaciones de amores ni de retóricas. A las mujeres no les pedía protección. Hacia falta cierta dosis de compasión, y no sentía compasión por nadie ni le interesaba despertarla. La política, es decir, “la cuestión militar” en que había devenido la política después de Mao, era todo. Sabia, sin la menor duda, que “el poder nace de la boca del fusil”, y que la revolución – esa frágil utopía que no le preocupaba mucho descifrar -- pasaba por una cuestión de poder. Todas las demás cuestiones eran, en su espíritu, secundarias. Simple logística. Todo dependía de poder cercar al enemigo a través de una serie de batallas sucesivas, en un ininterrumpido avance desde la periferia al centro. Y él se sentía suficientemente capaz. Lo demás era pura charlatanería de intelectuales de café. Reivindicaba la práctica como ultimo límite de la teoría. Y ahora aparecía esta pavada de la novela. A quien se le puede escribir que ellos iban a escribir una novela ganadora del premio? Lo había presentido, estaban quebrados. Lucas no, pero era tan crédulo como siempre. Surgía algo y ya comenzaba a fantasear, a imaginar, a “ocuparse”, sin el menor análisis. En cambio Miguel y el Negro…desde cuando les había dado por la literatura? Era someterse a las reglas de juego de una burguesía intelectual traidora y escapista a la que tanto habían combatido.
El Negro había sido vencido por su veta romántica y estaba definitivamente perdido, pero Miguel…era claro que no creía en la posibilidad de escribir una novela romántica, pero se había interesado igual. Como se podía haber tragado el cuento de Lucas? Porque en definitiva, y a pesar de su risa, insistió en que podía haber sido que Borges escribiera alguna vez una novela y que tal vez lo del Sapo no fuera tan descabellado. Y a partir de esa idea, tal vez valía la pena seguir a Lucas en la búsqueda. Esto daba la pauta de la fractura de Miguel, escondida detrás de su retorica y erudición.
Pero el no. Estaba seguro acerca del camino, el de siempre, el único: copar el lugar de la entrega de premios y llevarse toda la plata. Nada de pactos, nada de bajar las banderas. Ninguna tregua. El no se había rendido. El no cambiaba. Todo lo demás eran tonterías y fetiches creados para esconder el oportunismo, las traiciones, la cobardía, las complicidades con el sistema, el quiebre. Que todo está cambiando, que el capitalismo triunfo, que el socialismo real se quebró frente a la ”libertad”, que el liberalismo es el camino, que la economía de mercado, que se acabo la historia, que hay que abandonar las ideas, que ellos triunfaron y nosotros nos rendimos, que vamos todos al primer mundo en un avión sin piloto, que viva la posmodernidad. Pero el no. El no.
Respiro.
De todas formas tenía tiempo, los seguiría en su delirio y cuando llegara la hora los iba a apretar y tendrían que decidir, o lo siguen o lo pierden. Quebrados o no, cobardes o no, el los iba a arrastrar y no habría retorno, alguien tendría que quemar las naves. Estaba decidido, y mientras los seguía en su delirio, seguiría preparando todo. Primero reunir información y conseguir los elementos. El Buitre y el Mono ya estaban eso. Dos que por un pedacito de la torta se prendían sin dudar.
Sonrió y apuro el paso sintiendo el placer de las decisiones justas. Estaba contento al sentirse nuevamente en campaña
Capítulo 12
Eran las cinco y media de la tarde cuando Miguel entro al bar de Avda. de Mayo y Piedras. Lucas lo esperaba desde las cinco. Tenían que encontrarse para avanzar en el tema de la novela de Borges. Parecía descabellado, pero quien sabe… Había aprendido a jugar con todas las opciones. Se sentó frente a Lucas
-Qué te pasa Miguel? El otro día, cuando conté lo de Borges, me diste duro, y ahora hace un buen rato que te estoy esperando.
-Disculpame – Miguel no se esforzó en dar explicaciones, en buscar excusas, en mentir. No necesitaba hacerlo.
-No tengo nada en tu contra, es más, lo estuve pensando después de la reunión y me fui convenciendo que tenes razón, que el Sapo no tiene porque inventar una historia así…
-Sabía que ibas a entender, siempre fuiste un tipo abierto. Con el Negro no se puede, está empeñado en escribir. Parece que estuviera infectado por un virus – Lucas movía los brazos mientras hablaba – No sé que le dio, esta poseído.
-Poseído?
-Si, en cualquier momento vomita verde. En cambio Federico, no. El siempre fue así, nada lo altera. Tiene los genes de su tatarabuelo y se cree un caudillo en las montoneras. No le interesa más que la acción. Pega el grito, baja la cabeza, y se lanza revoleando el sable.
-El sable?
-Es un decir Miguel. No está con ninguno de nosotros. Ni con la idea del Negro de escribir, ni con la tuya de traducir, ni con la mía de buscar la novela de Borges. Nos mira como desde afuera. Esta pensando en su propio plan.
-Su propio plan?
-Claro, un plan, un golpe, que se yo, pero no quiero meterme en otros temas. Que hagan lo que quieran. Lo que busco es que me ayudes a convencerlos, vos sabes cómo. Yo me disperso mucho y termino yéndome al carajo.
-Al carajo?
-Me estas cargando?
-Cargando?...no, para nada, - tenía que seguirle el tren a todos, a los tres, así su posibilidad de encontrarse con la plata aumentaba. Lo de Lucas podía ser, porque no, en una de esas se evitaba caer en riesgos innecesarios – me interesa lo que pensas. No somos amigos?
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