Capitulo dos
El jeep es verde, con cubiertas grandes y gastadas. Adentro, Federico y Lucas se ponen al día.
- Ahora, sin la Flaca y sin laburo estoy vacío. No sé qué hacer. Me paralizo frente al televisor. Salgo a caminar, solo. No llamo a nadie, porque siempre me parece que molesto. Date cuenta, salvo vos, o el Negro, todos mis amigos tienen sus familias, sus responsabilidades… Yo ya no cargo con nadie, pero te juro que me gustaría. Ahora que no tengo mujer pienso que sería lindo tener hijos, qué paradoja, ¿no? Además no tengo ni un mango, y no quiero que me banquen los demás. Corrés el riesgo de que al verte en este estado lamentable y transitorio terminen creyendo que es permanente.
- Un boludo, eso sos - Federico puso un viejo CD – Los amigos estamos para bancarnos…para bancarnos en todas. Qué importa que te vean sin un mango o llorando por una mina. Mirá que resultaste coqueto hermano, ¿no querés que te veamos con ruleros?
- No me jodas…no sabés lo que es estar solo despues de más de diez años de haber estado junto a la Flaca.
- Y bueno, a lo mejor deberías hacer una fiesta
Desde el parlante se escuchaba la voz de Spinetta
- Como para fiestas estoy. Mirá, no quiero llorar todo el tiempo, pero sin guita, sin motivaciones…ni siquiera sé qué voy a hacer mañana.
- Bueno, yo si sé lo que vas a hacer…te tengo un buen laburo, pero antes, nos armamos una fiestita…
- ¿Cómo es la cosa?
- No hay problemas, las minas las consigo yo.
- No, cómo es lo del laburo…
- Vos no cambias más, estás para la tapa de “Mundo Proletario”
- Es que la Flaca…”muchacha pechos de miel, no corras mas…”
Federico sacó repentinamente el CD y lo puso en la guantera cuyo interior mostró a Lucas parte de sus tesoros, un pequeño paraguas, una caja de preservativos, un cortaplumas multiuso, una estampita y una pistola nueve milímetros con el cargador puesto. Lucas interpretó el silencio repentino como un cambio de frente que imponía su compañero. Se animo de todas formas a preguntarle algo acerca del concurso de los suecos.
- Es un delirio de Miguel, ¿no lo conocés? Lo mejor que podemos hacer con ese tema es olvidarlo.
- Bueno, en algo coincidimos.
- Pero claro, en estos tiempos hacer una cosa así es estar fuera del juego. Estos concursos están hechos para algún apellido famoso, de esos que venden miles de libros. No, Lucas, es un disparate, y si seguimos así vamos a terminar apareciendo en alguna lista de algún partido como candidatos a algo, defendiendo la importación de perfumes franceses contra el terrible olor a transpiración de los obreros.
- Estoy de acuerdo – Lucas estaba intrigado por la guantera- No somos novelistas. En una de esas el Negro…
- El Negro está loco.
- No, yo creo que el puede escribir una novela…pero…mandarla al concurso… - una estampita y una nueve milímetros – me parece exagerado.
- Todo está de más – remarcó todo haciendo más definitiva la idea - ¿Sabés que tenemos que hacer nosotros, qué nos queda, cual debería ser nuestra postura auténtica? Levantarnos con la plata en un golpe relámpago. Ya se me está ocurriendo un buen plan. Tengo contactos que me pueden pasar los datos que necesitamos. Lo que pasa es que Miguel y el Negro están en otra cosa. Se olvidaron de los días de gloria. Pero tengo todo pensado. Tenemos que sentarnos y evaluar las posibilidades…
Lucas se sobresaltó. Hacía tiempo que no andaba tan cerca de cosas semejantes, pero lo sacudió darse cuenta que lo creía muy capaz de organizar un asalto modelo, de llevarlo adelante, y de tener éxito. El jeep paró frente a la casa de Lucas.
- Tomá… - Federico hizo una pausa para anotar algo en una tarjeta blanca y se la dio. Era una de esas que llevan el escudo nacional en relieve, de las buenas, de las que ayudan. – andá pasado mañana a ver a este tipo de mi parte. Está en el Ministerio del Interior. El te va a conseguir trabajo. No te vas a llenar de guita pero te vas a ocupar la cabeza en otras cosas. Decile que te mando yo. Mañana lo llamo y le aviso que vas, y no te desesperés. No hay mal que dure…bueno, ya sabés.
Lucas agradeció en voz baja. Se saludaron. El jeep dobló en la primera esquina. Tanteó el llavero mientras se acercaba a la puerta y leía “Pablo Barraza. Ministerio del Interior”. Y más abajo “ánimo Sapo…hermano. Federico”
El cordobés se quedó pensando en el nombre de la tarjeta y en la estampita. Dos cartulinas preñadas de símbolos. Dos mensajes que le dejaba Federico en esta noche en la que sentía muy solo, imperdonablemente solo.