A mí el capítulo 13 me quedó más que el bar. El Negro escribe unas primeras palabras que le gustan pero que no van a ningún lado, y otro papel al canasto. Y en el 14 Lucas espera que le traigan una novela entera de Borges que nadie vio nunca. Uno no logra pasar de la primera línea y el otro sale a cazar un libro completo. Apuesto a que el Negro escribe bastante más de lo que admite delante de los otros tres.
La Cacería
Pensamiento
A mí el capítulo 13 me quedó más que el bar. El Negro escribe unas primeras palabras que le gustan pero que no van a ningún lado, y otro papel al canasto. Y en el 14 Lucas espera que le traigan una novela entera de Borges que nadie vio nunca. Uno no logra
Contenido de la publicación
Capítulos 13 y 14
Capítulo 13
Hoy es el día en que los astros les son favorables a los designios de todos los mortales. Solo la vuelta de la muerte les será negada, aunque por tan simple privación, nadie sentirá que deja la felicidad, nadie se sentirá el ultimo
Estas eran las primeras palabras que había escrito el Negro. En parte les gustaban, pero no tenían relación con nada, no existía algún desarrollo argumental, nada…Otro papel que iría a parar al canasto. Las palabras aparecían azarosas, sin anunciarse, y se escapaban, incapaces de articular un discurso capaz de reflejar su interior.
Capítulo 14
Paco lo reconoció ni bien entro al bar
- Lucas, pibe, que tal?
Lucas ni había llegado a sentarse
- Gaita! Que haces?
- Como que hago? Trabajando, como siempre, en cambio tu estas borrado.
- Bueno, yo…vine algunas veces en este tiempo, ayer nomas estuve con un amigo – su tono sonaba a disculpa – pero vos, Gaita, no estás nunca.
- Vamos Lucas, si quieres me encuentras, que no soy un fantasma. Pero es cierto que paso aquí menos tiempo que antes. Es que ahora tengo un socio y nos turnamos. Yo paso al mediodía y me quedo hasta esta hora. No más.
El gallego se mostraba amigable como si se hubieran visto ayer, y habían pasado más de diez años desde aquellos días en que habían venido de Córdoba, Lucas y la Flaca, a un piso quinto de la calle Piedras, cerca de la Avda. de Mayo y del bar. Sus nombres habían aparecido en alguna lista y tenían que pasar inadvertidos. Lucas había pensado que en Buenos Aires, ciudad desbordada de rostros anónimos, no los buscarían, o al menos no los encontrarían fácilmente.
Nunca supieron si habían seguido buscándolos, ni que suerte hubieran corrido en Córdoba, pero acá estaban, y”acá” también significaba el bar de Paco, quien conocía fragmentos de aquella historia y los había ayudado.
Esa era una de las buenas cosas de los bares de Buenos Aires, solía pensar Lucas, Uno es algo así como el protagonista anónimo de alguna historia oculta pero que es compartida por todos los demás, todos cómplices de todos. En el bar se entreteje la ciudad y sus habitantes cuentan algo de sus historias con su sola presencia. A Lucas le gustaba la idea de estar solitariamente acompañado. Había conocido varias otras ciudades del interior del país con sus bares, pero le llamaba la atención como aquella percepción se profundizaba en esta ciudad. Un día se lo comento a la Flaca, ella se rio y le dijo “Buenos Aires te enfermo” Nunca lo volvió a comentar hasta hace poco cuando se los comento a sus compañeros. Federico dijo “vos sí que sos un tierno”. Miguel solo sonrió. El Negro arqueo las cejas como siempre y comento “alguna vez sentí eso, Lucas, hace mucho, lo recuerdo bien. Yo estaba solo en un bar, no me olvido porque en esa época no andaba bien de la cabeza”. Nunca se sabía si el Negro hablaba en serio o en joda, Federico y Miguel rieron, pero Lucas lo tomo en serio. Todos habían huido alguna vez, todos habían tenido los mismos enemigos, pero el único que había tenido que desarraigarse había sido él, y en eso razono cuando escucho las palabras del Negro. Pensó que sentirse solo lleva, necesariamente, a estar mal de la cabeza.
Lucas miro su reloj. Eran las cuatro de la tarde. El Sapo llegaría de un momento a otro, y Lucas experimentaba una rara sensación al pensar en la prueba que el Sapo Barraza le tenía preparada. Una prueba única. La prueba de que Borges (Borges…) había escrito una novela y que él la conseguiría. Pasaría a ser un héroe para sus amigos, aunque bien sabia que las actitudes heroicas tenía otros componentes que el ya había mostrado sin necesidad de acudir a la literatura.
El también había desconfiado del Sapo. Sabía que sus amigos tenían derecho de llamarlo, al menos, crédulo.
- Y bueno cordobés – lo sacudió Manuel - si la Flaca te dejo, pues que tenga suerte y vaya con Dios. Hay que pensarlo así…
- Gallego, ahí viene la persona que estoy esperando. Disculpame – dijo Lucas señalando con la cabeza a la figura que se agrandaba a cada paso, con las manos en los bolsillos de un impermeable de solapa muy ancha, levantada en la zona de la nuca.
CATORCE
Paco lo reconoció ni bien entro al bar
- Lucas, pibe, que tal?
Lucas ni había llegado a sentarse
- Gaita! Que haces?
- Como que hago? Trabajando, como siempre, en cambio tu estas borrado.
- Bueno, yo…vine algunas veces en este tiempo, ayer nomas estuve con un amigo – su tono sonaba a disculpa – pero vos, Gaita, no estás nunca.
- Vamos Lucas, si quieres me encuentras, que no soy un fantasma. Pero es cierto que paso aquí menos tiempo que antes. Es que ahora tengo un socio y nos turnamos. Yo paso al mediodía y me quedo hasta esta hora. No más.
El gallego se mostraba amigable como si se hubieran visto ayer, y habían pasado más de diez años desde aquellos días en que habían venido de Córdoba, Lucas y la Flaca, a un piso quinto de la calle Piedras, cerca de la Avda. de Mayo y del bar. Sus nombres habían aparecido en alguna lista y tenían que pasar inadvertidos. Lucas había pensado que en Buenos Aires, ciudad desbordada de rostros anónimos, no los buscarían, o al menos no los encontrarían fácilmente.
Nunca supieron si habían seguido buscándolos, ni que suerte hubieran corrido en Córdoba, pero acá estaban, y”acá” también significaba el bar de Paco, quien conocía fragmentos de aquella historia y los había ayudado.
Esa era una de las buenas cosas de los bares de Buenos Aires, solía pensar Lucas, Uno es algo así como el protagonista anónimo de alguna historia oculta pero que es compartida por todos los demás, todos cómplices de todos. En el bar se entreteje la ciudad y sus habitantes cuentan algo de sus historias con su sola presencia. A Lucas le gustaba la idea de estar solitariamente acompañado. Había conocido varias otras ciudades del interior del país con sus bares, pero le llamaba la atención como aquella percepción se profundizaba en esta ciudad. Un día se lo comento a la Flaca, ella se rio y le dijo “Buenos Aires te enfermo” Nunca lo volvió a comentar hasta hace poco cuando se los comento a sus compañeros. Federico dijo “vos sí que sos un tierno”. Miguel solo sonrió. El Negro arqueo las cejas como siempre y comento “alguna vez sentí eso, Lucas, hace mucho, lo recuerdo bien. Yo estaba solo en un bar, no me olvido porque en esa época no andaba bien de la cabeza”. Nunca se sabía si el Negro hablaba en serio o en joda, Federico y Miguel rieron, pero Lucas lo tomo en serio. Todos habían huido alguna vez, todos habían tenido los mismos enemigos, pero el único que había tenido que desarraigarse había sido él, y en eso razono cuando escucho las palabras del Negro. Pensó que sentirse solo lleva, necesariamente, a estar mal de la cabeza.
Lucas miro su reloj. Eran las cuatro de la tarde. El Sapo llegaría de un momento a otro, y Lucas experimentaba una rara sensación al pensar en la prueba que el Sapo Barraza le tenía preparada. Una prueba única. La prueba de que Borges (Borges…) había escrito una novela y que él la conseguiría. Pasaría a ser un héroe para sus amigos, aunque bien sabia que las actitudes heroicas tenía otros componentes que el ya había mostrado sin necesidad de acudir a la literatura.
El también había desconfiado del Sapo. Sabía que sus amigos tenían derecho de llamarlo, al menos, crédulo.
- Y bueno cordobés – lo sacudió Manuel - si la Flaca te dejo, pues que tenga suerte y vaya con Dios. Hay que pensarlo así…
- Gallego, ahí viene la persona que estoy esperando. Disculpame – dijo Lucas señalando con la cabeza a la figura que se agrandaba a cada paso, con las manos en los bolsillos de un impermeable de solapa muy ancha, levantada en la zona de la nuca.
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PermalinkA mí el capítulo 13 me quedó más que el bar. El Negro escribe unas primeras palabras que le gustan pero que no van a ningún lado, y otro papel al canasto. Y en el 14 Lucas espera que le traigan una novela entera de Borges que nadie vio nunca. Uno no logra pasar de la primera línea y el otro sale a cazar un libro completo. Apuesto a que el Negro escribe bastante más de lo que admite delante de los otros tres.
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PermalinkLucas sacando la cuenta de que fue el único de los cuatro que tuvo que desarraigarse, eso me acompañó todo el día. Media familia mía se fue en 2002 y los que volvieron hablan igual de los bares de allá, solos pero acompañados. Por eso le creo a Lucas cuando toma en serio al Negro y no se ríe con Federico y Miguel. Con el Sapo llegando de impermeable, apuesto a que la novela de Borges no existe y lo que trae es otra cosa.
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