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La Cacería

Hermes
Pensamiento

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GasparLeon

A Illía le decían la tortuga, por lento, y lo dibujaban así en las revistas de humor de aquel entonces. Con ese detalle y el padre peronista peleando en el café contra el tío Pepe ya sé en qué años se crió Lucas. ¿Lo de la novela perdida de Borges lo saca

A Illía le decían la tortuga, por lento, y lo dibujaban así en las revistas de humor de aquel entonces. Con ese detalle y el padre peronista peleando en el café contra el tío Pepe ya sé en qué años se crió Lucas. ¿Lo de la novela perdida de Borges lo sacaste de algún rumor que corría de verdad?

Contenido de la publicación

Capitulo 6

“Giménez, Lucas”. La caligrafía del empleado de seguridad era arrugada, temblorosa, mientras copiaba en un libro las últimas cifras del DNI.

- ¿A quién va a ver?

- Al señor Pablo Barraza.

- Debe ir al tercer piso. ¿Está citado?

- No.

- Entonces espere que debo anunciarlo.

- Dígale que vengo de parte de Federico Menéndez Paz.

Cuando el empleado levantó el tubo del teléfono, Lucas se alejó unos pasos, instintivamente. Se preguntó qué tipo de trabajo podría hacer allí, justo allí, buscando un sapo en alguna dependencia del Ministerio del Interior. Cuando pensó esa frase no pudo seguir orientado hacia donde apuntaba. Le pasaba con frecuencia, podía mantener sensaciones, pero los discursos se le desfiguraban con liviandad y sorpresa creativa. A veces los hallazgos eran sorprendentes y generalmente la dispersión se imponía. Por eso al repetirse la frase “buscando un sapo en alguna dependencia”, no pudo continuar con los objetivos intuidos por su discernimiento y tomó un atajo histórico que unía Córdoba, la adolescencia, su padre discutiendo en los cafés, el Viejo vuelve, no lo nombrés, tercer mundo, la tortuga cordobesa, honra para el tío Pepe, deshonra para papá, primera visión de la realidad política, nuestra lucha no admite lentitudes…pero el tío Pepe me dijo que el presidente Illía…flor de boludo tu tío Pepe, es toda una farsa, el pueblo es peronista, pero no lo dejan elegir. ¿Y cómo habrá sido este lugar hace unos años?...vomitivo, una bóveda nauseabunda. ¿Y hace veinte?...vomitivo, una desbaratada estafa. ¿Y hace treinta?... vomitivo, arena movediza. Pero no, Flaca, no vine a hacer arqueología. No me dejes Flaca. Mal presagio para venir justamente acá  a buscar empleo. No, pero no vengo a buscar alguna palabra del tío Pepe acá, no Flaca, y el sapo que vengo a ver es el sapo Barraza. No, no lo conozco, pero por lo que me contó Federico… Si, ya sé Flaca que de mis amigos es el que te parece más duro, pero siempre me ayudó, y ahora me tira este gancho…

- Sr. Giménez, el Sr. Barraza lo espera. Por favor que le firme este papel y lo entrega a la salida.

El ascensorista abrió la puerta y el espejo le devolvió la imagen perfecta de un pollo mojado. Tercer piso, segunda oficina a la izquierda. En el pasillo se cruzó con una imagen vestida con una minifalda y saco ajustado por la presión de un único botón a la altura del ombligo. Al pasar a su lado, Lucas comprobó que ella le llevaba unos diez centímetros de altura y que su pelo brillaba con un rubio solar. La imagen se perdió en una puerta dejando una estela dulzona y flotante en el centro del pasillo, segunda puerta, acá.

La puerta se abrió antes que la golpeara, antes que pudiera sacudirse el aturdimiento de haber contemplado a la cazadora.

- Lucas, ¿no?

- ¿Qué?

- ¿Lucas Giménez?

- Ah, si, soy yo, mucho gusto.

El que interrogaba era una persona baja y sonriente que ostentaba una corbata demasiado ancha y colorida. La realidad lo mostraba más feo y más amable que lo esperado. Su fantasía había ideado una especie de monje negro palaciego, hosco. Pero todos los gestos del Sapo estaban resultándole entusiastas y confortables. Se sentaron, tomaron café, y se preocupó al detalle por la biografía de Lucas. Escuchó con atención y fue alentador en sus palabras.

- …aunque trabajo acá, por ahora, es muy difícil, estamos racionalizando. De todos modos no perdamos las esperanzas. Dejame ver. Tal vez el mes que viene…”

Barraza sonreía, gesticulaba, alteraba sus estados en la silla giratoria. Agregó que Federico es un amigo, y por los amigos de los amigos siempre se puede hacer algo, pero.… Lucas ya se estaba acostumbrando a los peros. Hacía un mes que deambulaba buscando trabajo. Hasta reconsideraba la posibilidad de volverse a Córdoba, y se lo había comentado al Negro. Desde que Ana lo dejó, le encontraba poco gusto a Buenos Aires. Y este Barraza mintiéndole como tantos otros. No era su culpa. Intuía que era un tipo en el que no se podía confiar. Pero era agradable. Mentía. Federico no era un amigo, apenas había sido un supuesto compañero ocasional. Siempre se habían desconfiado, siempre se habían respetado, tal vez, incluso, hasta hubo cierto aprecio entre ellos. Pero la palabra amigo era equívoca. Y Lucas lo tenía claro, como también sabía que el Sapo lo ayudaría, si pudiera. Parecía la clase de tipo a la que le gusta que le deban favores para asegurarse algún elogio, algún crédito, cierta buena prensa.

-¿Y Federico cómo anda? Unos conocidos estuvieron con él ayer, les encargó algo, pero yo, hace tiempo que no lo veo.

- Yo lo veo muy seguido. Si hasta parece que vamos a escribir una novela…

Lucas hizo el comentario inocentemente. Para decir algo de poca importancia, como todo lo que había dicho hasta ese momento. Cualquier otro dato del grupo o de Federico le hubiera sonado a delación, a infidencia. Dijo lo más insignificante. Lo absurdo. Lo dijo para no dar una respuesta tajante. Riendo. A él le sonaba graciosa la idea de la novela. Tenía, aún, la imagen quijotesca del Negro discutiendo con Federico y Miguel la utilidad o la inutilidad de intentar escribirla.

Lo que ignoraba Lucas era que haber dicho esa ingenuidad, esa ocurrencia gratuita, modificaría tantas cosas. Solo bastó que agregara que quieren convencernos para concursar en una fundación sueca, están todos locos, y Federico también, aunque no quiera precisamente escribir una novela, para que el gesto de Barraza y el mundo circundante se trasmutaran, maravilla de unas palabras pronunciadas en el lugar justo. El Sapo se aferró a su escritorio y sus preguntas fueron secas, adustas, precisas, y Lucas se sorprendió contestando un certamen en homenaje a Borges; no sé, la idea la trajo un amigo que Ud. debe conocer, Miguel Durán; ¿habla en serio?; claro que me gustaría!

Y Barraza, entonces, contó. Contó la historia de la novela perdida de Borges, una historia con los más diversos actores, Jorge Luis, Kodama, Bioy Casares, el propio Barraza; una historia increíble. Pero que en el relato del Sapo resultaba cierta, de una certeza inamovible, definitiva.

Barraza lo invitó con otro café. Tenía lo que sus amigos necesitaban. La mandarían a la Fundación. ¿Qué mejor que una novela del propio Borges para ganar un certamen internacional organizado en su homenaje? Hasta sonaba borgeano. Tal vez por eso Lucas estaba destinado a creerlo. Convinieron nuevos encuentros. Para Barraza, significaba una venganza personal. Por supuesto, exigiría la mitad del premio, el silencio y el anonimato.

Al salir, después de ser despedido por su nuevo e inesperado socio, buscó en vano la imagen del saco ajustado, pero solo vio la de una especie de gorila parado al lado del ascensor.

Cuando atravesó el hall de acceso y devolvió el papel al empleado de seguridad, sintió los pies pesados. Cruzó la calle y se sentó en el banco de una plaza pensando en el Sapo Barraza, en Borges, en la novela, en la perlita que tenía para sus compañeros.

Thoughts

  • CapituloTrasCapitulo

    ¡Tantas noches de mesa discutiendo si escribirla y al final los suecos sí van a recibir una novela, de Borges encima! Quiero ver la cara del Negro cuando Lucas le cuente lo del Sapo.

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  • GasparLeon

    A Illía le decían la tortuga, por lento, y lo dibujaban así en las revistas de humor de aquel entonces. Con ese detalle y el padre peronista peleando en el café contra el tío Pepe ya sé en qué años se crió Lucas. ¿Lo de la novela perdida de Borges lo sacaste de algún rumor que corría de verdad?

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  • rgaray4116

    El Sapo pasa de los peros y del mes que viene a preguntas secas en cuanto Lucas nombra la fundación sueca, y ahí uno ve qué buscaba de verdad. Ta, para mí el premio le importa poco al lado de esa venganza que menciona de pasada, y la novela de Borges es la carnada. Lucas sale con los pies pesados creyendo que lleva una perlita para los compañeros; me da la impresión de que lo que lleva es al Sapo metido adentro del grupo.

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