Todas las cosas no dichas se guardan en un lugar en el pecho. Un lugar que está entre el corazón y la boca del estómago, que provoca entre una punzada y una náusea.
A veces, esas cosas no dichas no logran salir en forma de palabras y entonces emergen en la forma de una melodía robada o a modo de lágrimas. En el peor de los casos, en forma de silencio.