Lo que dices de que cada parte necesitaba su propio género me suena a montaje de sala. En el museo cambiamos dos veces el orden de una misma colección y la gente salía contando historias distintas con los mismos cuadros. Tarantino hace eso con el tiempo, y por eso la película que recuerdas depende de dónde te la dio. ¿Tú crees que el Vol. 2 se sostiene solo, para alguien que llega sin haber visto el primero?
🎬 Kill Bill Vol. 1 y 2 - ¿Qué hacés después de cumplir tu venganza? Pregunta Sin responder
Kill Bill parece, a primera vista, una película bastante simple. Una mujer traicionada despierta del coma y sale a buscar a las personas que intentaron matarla. Tiene una lista de nombres y una…
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Lo que dices de que cada parte necesitaba su propio género me suena a montaje de sala. En el museo cambiamos dos veces el orden de una misma colección y la gente salía contando historias distintas con los mismos cuadros. Tarantino hace eso con el tiempo,
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Kill Bill parece, a primera vista, una película bastante simple. Una mujer traicionada despierta del coma y sale a buscar a las personas que intentaron matarla. Tiene una lista de nombres y una misión. Pero lo interesante es que Tarantino nunca parece demasiado interesado en contar esa historia desde el drama tradicional. Lo que le importa es el estilo: La exageración, el ritmo, la música, la sangre, las peleas. Los géneros que ama y Kill Bill no busca que creamos que estamos viendo algo real, busca que entremos completamente en su juego.
Y ahí está gran parte del laburazo de Tarantino. Porque Kill Bill funciona como una película de venganza, pero también como una gigantesca carta de amor al cine que lo formó. Hay artes marciales, western, samuráis, spaghetti western, anime, explotación y cine de acción. Todo mezclado, pero nunca de manera gratuita. Tarantino toma elementos de todas esas películas y los convierte en su propio lenguaje, no intenta esconder sus influencias; directamente las celebra.
Y creo que ahí hay que reconocer el laburazo que hace Tarantino como director, porque Kill Bill podría haber sido simplemente una película de venganza con buenas escenas de acción. Pero él hace algo mucho más ambicioso: Convierte sus propias influencias en el lenguaje de la película. No se limita a copiar películas de artes marciales, westerns, samuráis o explotación. Las mezcla, las transforma y consigue que todas parezcan formar parte del mismo universo. Hay momentos en los que parece que estamos viendo una película japonesa de los setenta, otros en los que parece un spaghetti western y otros en los que directamente estamos viendo un anime. Y, sin embargo, todo tiene una identidad completamente Tarantino.
También hay un trabajo enorme detrás de cómo decide contar la historia. Los capítulos desordenan el tiempo, nos muestran información cuando Tarantino quiere que la tengamos y hacen que una misma historia pueda sentirse completamente diferente dependiendo del momento en el que estamos:
Vol. 1 está construido desde la adrenalina y el movimiento.
Vol. 2 se toma su tiempo, deja respirar las escenas y le da muchísimo más espacio a los diálogos.
Incluso la fotografía cambia, la música cambia, el ritmo cambia y hasta la forma de filmar la violencia cambia. Es como si Tarantino hubiera decidido que cada parte de la historia necesitaba su propio género.
Y eso es lo que más me gusta: no está usando el cine como decoración, está contando la historia a través del cine. La escena de los Crazy 88, el entrenamiento con Pai Mei, la secuencia animada, el blanco y negro, los zooms, los primeros planos, la música, las peleas coreografiadas como si fueran una danza… todo está pensado para que nosotros sintamos que estamos entrando en las películas que Tarantino ama. Es un director que entiende que una película también puede ser una conversación entre todas las películas que la precedieron.
Y quizás por eso Kill Bill se siente tan personal a pesar de ser una película construida casi completamente con referencias. Porque Tarantino toma cosas que ya vimos mil veces y las combina de una manera que solamente él podría hacer. No intenta demostrar que inventó el cine de venganza, ni que inventó las películas de samuráis o las artes marciales. Lo que hace es decir: estas son las películas que amo, esto es lo que me hicieron sentir y ahora quiero jugar con ellas.
Y el resultado es una película que puede ser tremendamente violenta, exagerada y hasta absurda, pero que al mismo tiempo está hecha con una precisión enorme. Cada cambio de género, cada canción, cada corte, cada capítulo y cada decisión estética parece formar parte de una misma idea. Tarantino convierte la película en una especie de juguete cinematográfico gigante, pero nunca se olvida de que debajo de todo ese espectáculo hay una mujer intentando recuperar su vida.
La estructura también es parte de ese juego. La historia está dividida en capítulos, salta constantemente en el tiempo y cambia de tono y de estilo según lo que necesita contar. Por momentos parece una película japonesa, después un western, después una película de artes marciales y de repente aparece una secuencia animada. Y lo increíble es que nada de eso rompe la película. Al contrario: hace que Kill Bill se sienta como una película que podría haber sido encontrada en una videoteca imposible, una colección de todas las obsesiones cinematográficas de Tarantino metidas dentro de una misma historia.
La Novia, en Vol. 1, todavía no es completamente un personaje. Es casi un mito en construcción. Sabemos que sufrió algo terrible, sabemos que quiere vengarse, pero no necesitamos conocer demasiado más. Su dolor no se analiza: se canaliza. Cada pelea es una forma de sostener la furia. Cada duelo es una manera de seguir avanzando. El cuerpo habla mucho más que las palabras.
Y eso explica también por qué Vol. 1 es una película tan física. Tarantino no quiere detenerse demasiado en las consecuencias emocionales de la violencia. Quiere que sintamos su energía. La sangre no parece sangre, parece tinta. La violencia no busca realismo, busca impacto. Todo está llevado al extremo, como si estuviéramos viendo una historieta que cobró vida.
Y la escena en la Casa de las Hojas Azules es probablemente el mejor ejemplo de eso. No es solamente una escena de acción. Es una declaración estética. La coreografía, la música, la fotografía, el montaje y la cantidad absurda de enemigos convierten la venganza en un espectáculo casi operístico. Tarantino no está intentando preguntarnos si una pelea así podría suceder.
La pregunta es otra: ¿Qué tan lejos puedo llevar una escena de acción para convertirla en una experiencia cinematográfica?
Y la respuesta es bastante lejos. Pero debajo de todo ese espectáculo hay algo bastante más frío. La Novia está reducida a una lista. Vive en función de tachar nombres. No hay futuro, no hay demasiada identidad más allá del objetivo. Es una máquina accionada por el trauma.
Y creo que por eso Vol. 1 tiene esa sensación de impulso constante. La película avanza porque ella avanza. No hay demasiado espacio para detenerse a pensar. Mientras tenga otro nombre en la lista, tiene una razón para seguir.
Vol. 1 es impulso puro. Es el momento en que el dolor todavía quema. Pero entonces llega Vol. 2 y Tarantino cambia completamente las reglas.
La película se vuelve más seca, más pausada y mucho más incómoda. La violencia baja el volumen y la palabra empieza a ocupar el lugar que antes tenían las espadas. Y eso cambia completamente la percepción de lo que vimos.
Porque ahora la película empieza a preguntarse algo que la primera evitaba: ¿A quién representa realmente Bill?
Si Bill fuera simplemente el villano final de una lista, todo sería demasiado fácil. Pero Bill no es solamente el objetivo. Es pasado, maestro, amante y figura de poder. Es la persona que la formó y también la persona que la traicionó. Y eso vuelve la venganza infinitamente más compleja.
Porque si todo fuera odio, probablemente sería más sencillo.
Hubo amor.
Hubo admiración.
Hubo una historia compartida.
Y hay algo todavía más pesado: una historia compartida que no se puede borrar con una espada.
Bill no es solamente el enemigo. Es la última conversación pendiente.
Y ahí La Novia empieza a recuperar algo que parecía haber perdido durante el primer volumen: humanidad. Aparece la maternidad, aparece la fragilidad y aparece la necesidad de algo más que sobrevivir. Ya no pelea solamente contra personas. Empieza a pelear contra recuerdos.
Y me parece brillante que Tarantino entienda que, después de toda la violencia del primer volumen, el enfrentamiento más importante no necesita ser una pelea gigantesca.
El clímax es una conversación.
Después de todo lo que vimos, la tensión no está en quién es más fuerte. Está en quién entiende mejor lo que pasó. Y eso hace que Bill sea mucho más interesante que si simplemente hubiera sido un villano esperando al final del camino.
Porque Vol. 2 no destruye la película de venganza que vimos antes. La completa, le pone contexto, le pone pasado. Y, sobre todo, le pone un costo emocional.
Y ahí es donde las dos películas empiezan a funcionar realmente como una sola.
Porque Kill Bill está dividida en dos tiempos emocionales muy claros. Primero tenemos la explosión: la rabia que te mantiene vivo. Después aparece la reflexión: el vacío que queda cuando la rabia ya no alcanza.
La Novia no solamente busca matar a Bill. Busca recuperar su nombre, su hija y su derecho a elegir otra vida. Quiere recuperar algo que existía antes de convertirse en esa persona que vimos atravesando enemigos uno detrás de otro.
Y por eso el final me parece tan importante.
No hay una gran coronación heroica. No hay una celebración triunfal. Hay una mujer que finalmente puede llorar en un baño, agotada, después de haber terminado aquello que la mantuvo viva durante tanto tiempo.
Y quizás ese llanto diga mucho más que cualquier pelea, porque cuando finalmente consigue su venganza, ¿Qué queda?
Esa es la pregunta que Kill Bill deja flotando.
Durante toda la película parecía que el objetivo era llegar hasta Bill. Pero cuando finalmente llega, descubrimos que Bill nunca fue realmente el final. Era el último obstáculo para poder recuperar una vida.
Y eso hace que la película sea algo más que un homenaje espectacular al cine de género. Es también una historia sobre una identidad rota y reconstruida. Sobre cómo el amor puede convertirse en una herida. Sobre cómo el trauma puede darte una razón para seguir adelante, pero también puede terminar definiendo quién sos.
Y ahí está quizás la contradicción más interesante de la película: La violencia puede ser necesaria para atravesar una determinada etapa, pero nunca alcanza para construir una vida después de ella.
La Novia necesitaba vengarse. Necesitaba llegar hasta el final de esa lista, pero después tenía que descubrir qué hacer con su vida cuando ya no quedaran nombres.
Y quizás por eso Kill Bill no termina con una sensación de triunfo absoluto. Porque la venganza no te devuelve el tiempo perdido, no borra lo que pasó, no hace que el dolor desaparezca. Solamente te permite cerrar una puerta.
Después tenés que decidir qué hacés con la vida que queda del otro lado y creo que esa es la verdadera pregunta que deja Tarantino cuando termina la película:
¿Qué hacés después de cumplir tu venganza?
Porque vengarse es mirar hacia atrás. Vivir es, finalmente, animarse a mirar hacia adelante.
Respuestas
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PermalinkMira, a mí me quedó la parte de la hija. Una madre que vuelve después de tanto tiempo no llega entera, y eso ahí se ve.
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PermalinkOye, la escena del llanto en el baño es la que se me quedó a mí también. La gente se derrumba cuando ya pasó todo, así es.
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PermalinkFijate que en tu texto "venganza" hace por lo menos dos trabajos distintos. En el Vol. 1 es una acción: tachás un nombre y pasás al siguiente. En el Vol. 2 se vuelve una relación, porque con Bill hay pasado compartido y matarlo no cancela nada de eso. Con esa distinción encima, el cierre te queda mejor armado: la pregunta que sobrevive es qué estabas llamando venganza durante las cuatro horas anteriores.
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PermalinkLo que dices de que cada parte necesitaba su propio género me suena a montaje de sala. En el museo cambiamos dos veces el orden de una misma colección y la gente salía contando historias distintas con los mismos cuadros. Tarantino hace eso con el tiempo, y por eso la película que recuerdas depende de dónde te la dio. ¿Tú crees que el Vol. 2 se sostiene solo, para alguien que llega sin haber visto el primero?
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