—¡Alerta! —dijo la computadora del robot—. Nave enemiga moviéndose a velocidad moderada-baja (50 m/s o 180 km/h). Aproximadamente en 11 minutos y 40 segundos llegaría a la atmósfera terrestre.
Mario se juntó con Lucía. Bueno, a destruir a la nodriza antes de que impacte en la Tierra.
Cuando se alistaron, una nueva nave surcó el cielo.
Cuando aterrizó en la terraza del edificio del laboratorio, la nave se acomodó y bajó sus escotillas. Ahí salieron 20... ¡una flota de 20 clones milicianos!
—¡Saludos! —dijo, dibujando un círculo con su mano.
Uno se acercó.
—¡Saludos, B11!
Y todos pusieron el puño en el pecho.
Mario saludó y sacó un jugo multifrutas.
—Me llevo esto al espacio, chicos. Es riquísimo.
Los clones se miraron y la PC de Mario dijo:
—Jugo de sabores varios, diferentes, donde degustaban en primavera y en el patio de su casa.
Lucía dijo:
—Ese jugo parece que se volvió una obsesión para B11.
Mario asintió.
—Bien dicho, porque lo vamos a necesitar.
Cuando estaban por subir todo, hubo una alerta general de todas las PC.
—¡Alerta, alerta! Cápsula de nave enemiga surcando la atmósfera. Llegada a la Tierra en 2 minutos.
—¡No, malditos! —dijo Lucía—. ¿Y ahora?
—Lucía, quédate. Sabés lo que tenés que hacer. ¡Yo voy!
—¡Atención! Diez clones con Lucía. Resto a bordo. ¡Nos vamos! En segundos debemos alcanzar esa cápsula. Tomen las pastillas de la presión.
—Sí, señor —dijeron.
Diez clones fueron con Lucía. Esta subió a la nave del robot.
—B36, deberías tener nombre, amigo.
—Ya sé.
Lucía llamó a Fabricio, el pequeño de la familia que habían salvado.
—Fabri, ¿cómo se puede llamar el robot?
Fabri pensó.
—Robito es un juego donde un robot sirve en el espacio y mata monstruos.
—Listo.
—¡Robito, rápido, a atrapar esa cápsula!
Mario la llamó.
—¡Más vale que no mueras, B12!
—¡Lo mismo digo, B11!
—¡Jamás moriremos!
—Así será.