O me gusta ser inestable, o no puedo ser estable.
Es un vacío insostenible que termina hablando por sí mismo.
No es poesía: es realismo.
Es incontrolable.
Mi mente inconsciente me incita a actuar de esta manera, a su forma.
Asimismo, siento que mi escritura son paradojas, son ironías, contradicciones y problemas que nadie querría.
Diría mi héroe: «La decadencia está prohibida en tu mente».
Insaciable mi espíritu de justicia; imposible hacer buenas obras sin sentirla.
Una voz me dice que lea sobre las profecías del libro, quiere asustarme sobre el fin del mundo.
Yo no temo al fin, sino que anhelo su venida; yo temo no temer de quien viene, temo que perdí sustancia, integridad, esperanza.
Es temible aquel Señor, y yo sigo sumergido en excremento de la equis, del alquitrán que daña a mis encías y de la hiel de la cerveza fría.
El deseo del excremento, intacto en este momento, mas a un paso de tocarlo.
Espíritu insaciado: no ha bebido agua de la justicia, no ha tocado las aguas del bautismo. ¿Quién salva a esta pobre alma?
O me gusta ser inestable, o no puedo ser estable.
— Jorge Guzmán