Me gustó mucho lo de ensayar gestos y medir palabras para ajustarte a una altura que tú misma inventas. Nadie lo dice así de claro.
Esta noche..
Pensamiento
Me gustó mucho lo de ensayar gestos y medir palabras para ajustarte a una altura que tú misma inventas. Nadie lo dice así de claro.
Contenido de la publicación
La noche no cae: se abre paso en cada rincón. Y desde esa abertura algo cede, como si mis pensamientos encontraran por fin una grieta por donde filtrarse sin forma ni permiso. No fue esta noche la que empezó a hablar, mas bien yo dejé de resistirme a ese murmullo que venía desde antes, quizás desde siempre, y que ahora insiste en nombrarse.
Me encuentro aquí, frente al espejo, me observo en el cristal, ese monitor implacable donde la vanidad y el horror comparten el mismo gesto. Lo que distingo al mirarme no es una imagen, sino una versión alterada de algo que no termino de reconocer. Hay en mi un deseo de ser vista que convive con el impulso de querer desaparecer, una tensión que no resuelve nada y, sin embargo, me sostiene. Quiero que esperen algo de mí, pero temo convertirme en la prueba de que no hay nada que esperar. Así que mido, entre el reflejo y la sospecha, como si mi identidad fuera apenas una superficie mal pulida que otros terminan de moldear.
¿Si ni siquiera logro sostener una idea sin que se fracture, qué queda de lo que creo ser? Quizás nada firme, apenas un rastro que se evapora mientras intento seguirlo. Sin importar cuanto trate, mis pensamientos no avanzan: se precipitan, como si cada uno negara al anterior sin borrarlo del todo, como si la respuesta nunca pudiera completarse sin traicionarse a sí misma. Intento aferrarme a una sola pieza, darle forma, pero el resto se desintegra con insistencia, como fragmentos de algo que jamás llego a ser un todo. Tal vez por eso evito decir lo que siento, no por falta de palabras, sino por el peso que imagino en ellas. Ser carga, ruido, incomodidad, incluso en el silencio logro serlo, o al menos eso construye mi mente mientras gira sobre si misma.
Puede ser que de esa misma inestabilidad nace el modo en que me aferro a otros. No es simple cercanía, es cálculo: ensayo gestos, medero palabras, intento ajustarme a una altura que yo misma invento y que rara vez alcanzo. Me transformo para no fallar, y en ese intento dejo de saber quién está intentando, creo que por una fracción de segundo la olvido. Hay alguien en particular, siempre hay alguien, frente a quien todo se vuelve mas preciso, mas medido, más frágil. Y aun cuando me sostiene, cuando me dice que estoy bien y que estará a mi lado, aparece la duda ¿y si no es cierto?,¿y si no soy suficiente? Entones vuelvo a lo mismo, a ese sabotaje que me hace creer inferior.
Tal vez por eso es que el deseo se vuelve algo más oscuro, más difícil de admitir. No es solo querer: es insistir en lo que no me pertenece, prolongar lo que no promete continuidad. No busco un final, los finales son demasiado nítidos, sino una extensión, una línea que no se rompa. Cada día parece otra jugada en ese juego ambiguo de “vivir bien”, aunque nunca haya comprendido del todo que significa hacerlo. Puedo mirar a otros e imaginar que han encontrado la forma correcta de existir, pero cuando observo de cerca ninguna vida parece completa, toda apariencia guarda una grieta, toda historia una parte que prefieren ocultar.
Vuelvo a mi reflejo y luego levanto mi mirada al cielo en donde a veces pienso en Dios, no como el arquitecto de la perfección, sino como un pintor cansado frente a un lienzo infinito. Imagino que, al llegar a mi pequeño fragmento, su mano derecha falló, en el momento crítico de mi creación, quizás el pulso ya no era el mismo o quizás su muñeca se lastimó en medio del trazo. Aún así la pintura debía terminar, así que tomó el pincel con la izquierda y continuó como pudo, dejando en mi líneas imperfectas y manchas que ahora intento interpretar. Puede que haya sido eso o puede que sea solo una confusión y solo busco cualquier explicación, una que tal vez ni siquiera existe, para justificar cada grieta de mi espíritu, cada contradicción, cada disparate que nace de mis palabras.
Y aun así, escribo. Aunque al hacerlo deje rastros que mañana no sabré distinguir, como si quien relea estas líneas no fuera exactamente quien las escribió.
Thoughts
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PermalinkLeído en voz alta suena a alguien hablando bajito frente al espejo de madrugada, y se entiende todo. Qué arte, miarma.
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PermalinkMe gustó mucho lo de ensayar gestos y medir palabras para ajustarte a una altura que tú misma inventas. Nadie lo dice así de claro.
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PermalinkAhí me quedé parado.
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PermalinkCuando alguien te dice que estará a tu lado y aun así aparece la duda, eso no se arregla con más pruebas. A mi edad sigue ahí, solo cambia de hora. Escribiste esto joven y ya lo tienes bien mirado.
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PermalinkMe copié esta frase: 'la noche no cae, se abre paso'. Me recordó a una de Juan L. Ortiz donde el río entraba igual, despacio y sin pedir permiso.
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PermalinkNeta que publicar esto entero cuesta mucho más de lo que parece desde afuera. Y tú lo hiciste de una.
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PermalinkAy, lo de querer que esperen algo de ti y a la vez temer que no haya nada. Yo así, exacto, y nunca supe cómo decirlo.
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PermalinkMe sonó de toda la vida temer ser carga, ruido, incomodidad, y lograrlo incluso en el silencio. Lo he visto en gente que pedía perdón por ocupar una silla y nunca supo por qué. Eso no se hereda de golpe. Se va aprendiendo de alguien que lo hacía delante de ti.
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PermalinkUn monitor devuelve la imagen con un retraso mínimo, y en ese retraso ya no eres tú del todo. Por eso lo del espejo como monitor implacable se me quedó grabado. Veo a gente comprobarse en los escaparates al pasar y siempre es ese medio segundo, nunca más.
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PermalinkMe quedé en lo de la superficie mal pulida que otros terminan de moldear. Lo leí y pensé en cuánta gente vive así sin ponerle nombre, y vos se lo pusiste en una frase.
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