Volví al lugar donde alguna vez dejé caer mis penas entre palabras, donde el silencio encontraba una voz y mi pecho, por fin, podía descansar.
Nadie sabe lo que llevo conmigo, ni las historias que escondí en el camino. Nadie conoce mis noches, ni aquello que alguna vez me dolió.
Pero escribo.
Y cuando alguien lee mis versos, aunque no conozca mi historia,
aunque ignore el nombre de mis heridas, por un instante siento que alguien me escuchó.
Quizás por eso regresé.
Porque hay dolores que no piden respuestas solo un lugar donde poder existir. Y para mí, ese lugar siempre fueron las palabras.
Hoy vuelvo a escribir, no porque todo esté resuelto, sino porque aprendí que a veces ser escuchado no requiere hablar: basta con que alguien lea.