El viento trae las flores
después de tanto tiempo,
cuando yo haya pasado
a ser solo un recuerdo.
Con él vienen las aves
cantando su armonía,
para que en el silencio
no muera mi memoria.
Vendrán desde aquel cielo
hasta la fría tierra,
y quitarán el polvo
que cubre mis ofrendas.
Se vestirán las nubes
de negro para verme,
en mi eterno descanso,
bajo la piedra inerte.
Vendrán todos los astros
hasta mi helada tumba,
a dejar su presencia
donde el dolor se calla.
Donde no hubo nadie
que me guarde, sincero,
ni aun por un momento,
de callado respeto.