Mi sombra, mi estela y mi luz.
Mis túneles secretos, el descanso y el entierro.
Mi pájaro herido aleteando en el pecho,
mi jazmín del aire prendido al cabello.
La suma de todas mis muertes,
las restas de todas mis glorias.
Mi campanario de letras
y mis calladas penas.
Una multitud de interrogantes
y esta curiosidad mía que los navega.
La ostra, la perla, la sal,
la nueva, la vieja.
Las millas disonantes caminadas de mi ser
y el junco creciendo en las aguas oscuras.
Mi distancia sentada en el sillón,
en la cúpula de mi interior.
Mis altares a la luna,
mis diademas a la tierra.
La vergüenza pudorosa
de mi eterna adolescencia
y el desenfado rebelde
que no se apacigua con los días.
Mi regazo de calor y hogar,
mis manos abiertas dando la bienvenida.
La inconsciente razón de mis impulsos
y la lanza de mis ojos apuntando a la injusticia.
Mis credos envueltos en tapices de una vida,
y la flor ardiente, irrefutable,
cuando me abrazo a mí misma.