La canción del micro. Uf.
Esa muralla que divide todo lo que fue de lo que será
No sé que hacer con mi vida; tal vez nunca lo sepa o tal vez piense en algunos tramos de ella que sí sé lo que hago.
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Pensamiento
La canción del micro. Uf.
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No sé que hacer con mi vida; tal vez nunca lo sepa o tal vez piense en algunos tramos de ella que sí sé lo que hago.
Terminé el colegio con una idea: Estudiar Derecho. En el camino me di cuenta de que no era para mí. Yo no soy una ola que golpea con un ímpetu impresionante; soy el mar que se encuentra en calma, y frente a los tribunales necesitan voces que posean la fuerza de las olas, no el manso rumor de las aguas.
Mi madre notó mi incertidumbre y me envió a Cusco, la tierra de mi padre. Ahí encontré respuestas y una opción que hasta ese momento no me había imaginado: La carrera de Administración de Turismo apareció como una luz en mi camino. Desde pequeña había soñado con vivir viajando por el mundo conociendo nuevas culturas y hacer de mis días; irrepetibles. La palabra «administración» no me cuadraba del todo, pero entendí, en ese momento, que siempre encontraria algo que no me gustará, no todo podía ser perfecto.
Paso el tiempo y, a puertas del examen, la duda volvió a nacer en mí. La luz que divisé al principio dejo de alumbrar con la misma intensidad, ya no alumbraba de la misma forma y lo que no podía ver me aterraba ¿Y si esto no era para mí?. Una mañana de camino a la academia me senté en el parque, cerre los ojos y ore. En el colegio me habían enseñado no a rezar, sino a orar, hablar con el Señor -No soy una devota cristiana, pero tampoco niego su existencia, simplemente, creo en Él-. En la noche de ese mismo día, el Señor me respondió -O eso creo- Licenciatura en Letras (UBA) Apareció en la pantalla de mi celular. Nunca había escuchado sobre esa carrera y menos sobre esa universidad. Investigué más a profundidad, pero sin entrar tanto en detalle, pues no quería enamorarme, sobretodo si se trataba de otro país. No obstante, sucedió. No fue con Licenciatura en Letras, fue con Licenciatura en Artes de la Escritura en la UNA (Universidad Nacional de las Artes Argentina). Al fin pude sentir lo que un adulto siente cuando desde muy pequeño toma la decisión de estudiar algo que lo llena de pasión. Desde el primer momento supe que esa carrera era para mí, pues reunía todo lo que me gustaba. Escribir, escribir y escribir. No lo vi tan lejano, tengo una tía viviendo en Argentina e incluso mis padres se conocieron allá.
Al día siguiente, reuní las fuerzas necesarias para decírselo a mi madre. Ella me tomó de los brazos, me bajo de la nube y permitió que mis pies descalzos tocaran el suelo. Yo no tomé en cuenta algo: No soy la única en esta familia y no todo gira en torno a mí, también estan mis hermanos ¿Cómo podría pedirle a todos irnos a perseguir mis sueños? No podía. Es egoísta. Además, ya había pasado tiempo, postular este año tomaria otro año más por los papeleos que debía realizar. Irme allá sería un proceso, un largo proceso. No tengo muchos problemas al adaptarme a nuevos entornos, soy alguien practica, pero no sé si podría soportar estar lejos de mi familia durante mucho tiempo ¿Quién me escucharía al llegar de clases?, ¿a quiénes asustaría por las noches? Podría aceptar mi nueva vida con el tiempo, podría acostumbrarme, pero también estaba en juego algo más. Nada me asegura que todo irá bien allá. Mi tía había dicho que Argentina ya no era como antes, la ayuda hacia los extranjeros ya no era la misma.
Acepto que cometí un error y ese fue no haberme puesto a pensar en mi futuro. Es culpa del relajo, soy una persona que solo quiere fluir, no quise pensar mucho en el futuro para vivir el presente, pero debí haberlo hecho, no con miedo o con angustia, sino con responsabilidad y compromiso. No lo hice y me lamento, nada puedo hacer ahora. Lo único que me queda es seguir y ahora sí pensar en lo que será de mi futuro.
Pasaron días, lo pensé y, aunque, no es algo alejado y sé que puedo lograrlo, también debo ver más allá de la ilusión. Las ideas siempre son buenas y perfectas cuando estan en la cabeza, pero una vez escritas a papel visualizas con mayor detalle los errores.
Hablé con mamá y llegamos a un ¿Acuerdo?... La verdad, no sé como llamarlo.
Estudiaré Administración de Turismo, postularé este año. En el caso de ingresar, tomaré este camino con la misma determinación con la que tomaria el otro. Y si no ingresara, sin duda alguna, sería la respuesta que necesito para irme a Argentina.
Lo he decidio así porque el Turismo me ofrece algo que tal vez la Escritura no puede o por lo menos no por mucho tiempo; los viajes. Quiero una vida repleta de nuevas experiencias, culturas y personas. Quiero una vida cosmopolita. Cierto día, mi profesor de Literatura dijo: «¿Qué es mejor contar lo que has vivido o contar lo que otros han vivido?» La pregunta se responde por si sola y esta claro que yo prefiero vivir para contar que oir para contar.
No voy a negar que tengo miedo de lo que me depara el futuro, pero eso también es parte de estar viva. Todos, sin excepción, en algún momento hemos tenido miedo de elegir, pero esa incertidumbre es justamente lo que necesitamos para avanzar.
A veces pienso que mi vida se va escribiendo sola, como si alguien -o algo- la fuera guiando con una calma que yo muchas veces no comprendo. Encontré voces que habían sentido lo mismo que yo. Una canción que en miles de ocasiones había escuchado sono en la bocina del micro y sentí que estaba parada sobre esa muralla que divide todo lo que fue de lo que será.
Tal vez no tenga todas las respuestas hoy. Tal vez nunca las tenga por completo.
Pero eso no importa, porque la vida no se trata de tener todas las respuestas, se trata de vivirla. Y -por ahora- eso es suficiente.
Thoughts
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PermalinkLa canción del micro. Uf.
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PermalinkPlan A Turismo, plan B Argentina si el examen dice que no. Eso es un term sheet con cláusula de salida, y lo firmaste con tu vieja. Respeto.
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PermalinkOrar sentada en un parque sin considerarte devota, y que esa misma noche aparezca una carrera en la pantalla del celular, me parece lo más honesto del texto, porque dejas la duda puesta al lado. Vengo de una tradición que también insiste en orar y no rezar, y la duda tiene su lugar en la Escritura: Gedeón pidió señal con el vellón dos veces y nadie lo trata como falta de fe. Lo que salió de esa noche fue saber que querías escribir, y eso ya lo tienes aunque cambie la universidad.
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PermalinkUna canción de siempre sonando en la bocina del micro justo cuando hacía falta me hizo pensar en lo poco que controlamos esos momentos, y en que casi siempre llegan en un trayecto y no sentados a decidir. Apuesto a que dentro de unos años vas a recordar qué canción era mejor que la fecha del examen. Gracias por contarlo así!
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PermalinkAsustar a los hermanos de noche como lo que más se extrañaría. En una casa eso se nota más que cualquier despedida.
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