Antes de anoche soñé con una pequeña casa pegada al mar. Modesta pero cómoda. Podía escuchar el murmullo de las olas y ver la luna reflejada en ella. Era de noche y en este sueño estabas, muy cerca, caminando sobre un acantilado.
El silencio tiene su reino y en el caminamos junto al mar. Sólo nos escuchamos nosotros y claro, las olas agolpándose contra las piedras. La costa está hundida en una paz profunda, tomamos entonces la calma como nuestro único lenguaje.
La otra noche te soñé, fue lindo. Tus ojos brillaban más que la luna y tu boca enmudecida me decía cosas desde el alma.
Tenerte conmigo algunas horas a orillas del mar y en silencio fue lindo. Caminando sin un dónde, solo disfrutando la bruma, la existencia misma. Pero como todo sueño en el que uno es feliz, pronto todo sueño termina, y despiertas en un reino de pesadilla, donde no se puede confiar en nadie, ni en uno mismo.