Llegamos al epílogo, compañero, y la caja de lápices de colores sigue ahí al lado de los cuadernos. Yo apostaría a que el segundo volumen arranca con el primer color sacado de esa caja.
EPÍLOGO: Lienzo en paz
Pensamiento
Llegamos al epílogo, compañero, y la caja de lápices de colores sigue ahí al lado de los cuadernos. Yo apostaría a que el segundo volumen arranca con el primer color sacado de esa caja.
Contenido de la publicación
"«No se trata de haber llegado a la meta, sino de haber aprendido a disfrutar cada paso del camino, incluso cuando la ruta se pone cuesta arriba.»
El departamento huele a vida.
Sobre el velador, los cuadernos descansan junto a la caja de lápices de colores. Las líneas a lápiz siguen estando ahí —la estructura, el orden, la memoria de los errores y las lecciones aprendidas—, pero la vida le ha devuelto la calidez a cada rincón.
Jano camina hacia el balcón con su vaso en la mano. Siente el viento fresco de la tarde en la cara. Ya no hay la misma prisa en su mirada ni la angustia de antes en sus hombros.
No porque todo esté resuelto.
Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, sabe que puede enfrentar lo que venga.
Sabe que el camino sigue siendo amplio e impredecible. Habrá días de sol, tardes de lluvia, risas con Fabi, largas charlas con Fabián, bromas sobre la parafina con sus amigos y audios desopilantes con su loca psicóloga.
Y sí, también habrá días difíciles.
Habrá momentos en los que volverá a extrañar, en los que el pasado tocará nuevamente la puerta y en los que tendrá que recordar todo lo aprendido para no volver a ser el hombre que alguna vez fue.
Porque Jano todavía está cambiando. Todavía está aprendiendo. Todavía tiene cosas que corregir. Pero ahora ya no huye de ellas.
Hoy, aquí y ahora, Jano está bien. Está más entero.
Ha caído, ha mirado sus propias sombras, ha reconocido sus errores y ha aprendido a perdonarse sin olvidar aquello que debe mejorar.
No sabe qué traerá el mañana. No sabe si algunas respuestas llegarán. No sabe qué lugar ocupará el amor en las páginas que todavía le quedan por escribir.
Pero ya no necesita tener todas esas respuestas para seguir caminando.
El lienzo todavía no está terminado. Y quizás nunca lo esté. Porque cambiar no era llegar a una versión perfecta de sí mismo.
Era tener el valor de tomar nuevamente el lápiz cada vez que la vida le entregara una página en blanco.
Un maldito que todavía está intentando cambiar... pero que, finalmente, aprendió que también puede vivir en paz mientras lo intenta.
#aejovenich #unmalditointentandocambiar #ficcióncontemporanea #historiasdevida
Thoughts
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PermalinkLlegamos al epílogo, compañero, y la caja de lápices de colores sigue ahí al lado de los cuadernos. Yo apostaría a que el segundo volumen arranca con el primer color sacado de esa caja.
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PermalinkChuta, el epílogo se sostiene en algo que casi pasa de largo: la lista de lo que viene está llena de gente (Fabi, Fabián, los amigos de la parafina, la psicóloga de los audios). El que arrancó estas páginas buscaba la respuesta a solas, y por eso esta paz me la creo.
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"«No se trata de haber llegado a la meta, sino de haber aprendido a disfrutar cada paso del camino, incluso cuando la ruta se pone cuesta arriba.»