Hay un Sabines golpeando mi pecho,
con sus amorosos va taladrando cada músculo, fracturando vertebras
y deshojando fibras como si mi interior fuera un libro que se rehúsa a ser leído.
Anoche lo vi escondido en el hueco de mi guitarra jugando con escarabajos.
Si camino hacia el jardín,
él me sigue a escondidas haciendo musarañas entre el dintel y la viola que cuelga en la pared
está brisando afuera, la luna esta triste sin gitanos que le canten,
vamos Sabines, ya no me atormentes tanto.
Hay un Sabines golpeando mi pecho,
regreso a mi cama de nuevo, sin danzón y sin perro
me acuesto, yo también soy un tonto mirando el techo.