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ENTRE EL SILENCIO Y LA AMISTAD

Sergi_O45
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Capítulo 2: Dos historias parecidas

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Pensamiento

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gmedina33

Ese "vamos a hacer todo lo posible" que casi siempre significa "probablemente no". Uff, la reconozco

Ese "vamos a hacer todo lo posible" que casi siempre significa "probablemente no". Uff, la reconozco

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Capítulo 2: Dos historias parecidas

El lunes amaneció gris. Una fina lluvia caía sobre la ciudad y las calles estaban casi vacías cuando Javier salió de su casa con la mochila al hombro. Caminó lentamente, sin prisa, escuchando el sonido de las gotas golpeando el pavimento.

Al llegar a la esquina, Isaac ya lo esperaba bajo el techo de una pequeña tienda.

—Pensé que hoy llegarías tarde —dijo Isaac con una sonrisa mientras sostenía un paraguas.

—Yo pensé lo mismo de ti.

Los dos rieron por unos segundos. Eran esos pequeños momentos los que hacían que los días fueran más fáciles de soportar.

Mientras caminaban hacia el colegio, Isaac permaneció inusualmente callado.

Javier lo notó enseguida.

—¿Qué pasó?

Isaac tardó unos segundos en responder.

—Anoche mis padres volvieron a discutir.

Javier lo miró con mucha preocupación.

—¿Por qué?

—Ni siquiera lo sé. Llegué a mi casa y estaban gritando. Mi mamá decía que mi papá nunca estaba presente, y él respondió que trabajaba demasiado como para preocuparse por esas cosas.

Isaac bajó la mirada.

—Estaban tan ocupados peleando que ni siquiera notaron que yo había llegado.

Javier no encontró palabras para responder. Solo puso una mano sobre el hombro de su amigo.

A veces el silencio era la mejor forma de demostrar que alguien no estaba solo.

Al llegar al colegio, el ambiente era diferente. Esa semana se celebraría el aniversario de la institución y todos los salones debían preparar una presentación especial.

La directora, la señora Patricia, reunió a los estudiantes en el patio.

—Este viernes realizaremos una ceremonia donde cada salón presentará un proyecto artístico. Esperamos que sus familias puedan acompañarlos.

Muchos estudiantes comenzaron a comentar emocionados.

—Mis padres ya dijeron que irán.

—Los míos también.

Javier sintió un vacío en el pecho.

Miró de reojo a Isaac.

Él también había bajado la cabeza.

Los dos sabían que probablemente nadie los estaría esperando entre el público.

En la clase de Literatura, la profesora Elena escribió una frase en la pizarra:

“Las palabras tienen el poder de cambiar vidas.”

Después de unos minutos de silencio, miró a sus alumnos.

—Hoy no hablaremos de gramática ni de ortografía. Hoy quiero que escriban sobre la persona que más los inspira.

Todos comenzaron a escribir inmediatamente.

Algunos eligieron a sus padres.

Otros escribieron sobre sus abuelos, hermanos o deportistas famosos, cantantes e incluso a autores literarios.

Javier permaneció inmóvil.

No sabía qué escribir.

La profesora pasó junto a su carpeta y se inclinó ligeramente.

—¿No se te ocurre nadie?

Javier sonrió con tristeza.

—Sí... pero no es quien todos esperarían.

—Entonces escribe sobre esa persona.

Javier tomó el lápiz.

Después de unos minutos escribió un solo nombre.

Isaac.

Cuando terminó, explicó cómo su mejor amigo siempre encontraba la manera de hacerlo reír incluso en los días más difíciles, cómo lo escuchaba sin juzgarlo y cómo jamás lo hacía sentir invisible.

Al finalizar la clase, la profesora leyó algunos textos de manera anónima.

Cuando llegó al de Isaac, todo el salón quedó en silencio.

—“Un héroe no siempre lleva capa. A veces lleva una mochila gastada, llega caminando al colegio y se sienta contigo cuando el resto del mundo parece haberse olvidado de que existes. “—

Nadie dijo una palabra.

Isaac levantó lentamente la mirada.

No sabía que aquel texto hablaba de él.

Al terminar la lectura, la profesora sonrió.

—Quien haya escrito esto entiende muy bien el significado de la amistad.

Antonio sintió un poco de vergüenza, pero también alivio.

Esa tarde, al salir del colegio, Isaac invitó a Javier a su casa.

Era la primera vez que Javier entraba allí.

La vivienda era elegante y muy moderna. Todo estaba impecablemente limpio.

Sin embargo, el ambiente era frío.

No había fotografías familiares en las paredes.

No se escuchaban risas.

No había olor a comida recién preparada.

Solo silencio.

Una empleada doméstica abrió la puerta.

—Buenas tardes, Isaac.

—Hola, Rosa.

—Tus padres aún no llegan.

—Ya imaginaba.

Rosa saludó a Javier con amabilidad y les sirvió un poco de jugo antes de retirarse.

Los dos amigos subieron a la habitación de Isaac.

Sobre el escritorio había varios diplomas y medallas Javier los observó con admiración.

—No sabía que habías ganado tantos concursos.

Isaac sonrió con tristeza.

—Mis padres tampoco.

—¿Cómo qué no?

Isaac tomó una de las medallas, más imponentes que tenía.

—La gané hace dos años.

La sostuvo entre sus manos durante unos segundos.

—Nunca les conté porque ese día ninguno vino al campeonato.

Javier sintió un nudo en la garganta.

Miró alrededor.

Había trofeos de fútbol, certificados de excelencia y fotografías de equipos deportivos.

Todos parecían olvidados.

Como si nadie hubiera celebrado esos logros.

—¿Nunca te felicitaron? —preguntó Javier.

Isaac lo negó lentamente.

—No porque sean malos... simplemente siempre están demasiado ocupados.

Javier comprendió que el dolor de su amigo era incluso más profundo de lo que imaginaba.

Al caer la noche, Javier regresó a su casa.

Encontró a Anabel trabajando frente a la computadora y a Jonathan hablando por teléfono.

Esperó unos minutos hasta que terminaran.

—¿Puedo decirles algo?

—Claro, hijo —respondió Anabel sin apartar la vista de la pantalla.

—Este viernes será la ceremonia del colegio.

Jonathan hizo un gesto afirmativo.

—Está bien.

Antonio esperó unos segundos.

—¿Podrán ir?

—Es muy importante para mi

Los dos se quedaron en silencio.

Jonathan revisó la agenda de su celular.

Anabel hizo lo mismo.

Finalmente ella respondió.

—Vamos a hacer todo lo posible.

Javier conocía perfectamente esa respuesta.

“Vamos a hacer todo lo posible” casi siempre significaba “probablemente no”.

Aun así, sonrió.

—Está bien.

Subió a su habitación intentando convencerse de que esta vez sería diferente.

Desde la ventana observó el cielo cubierto de nubes.

Pensó en Isaac.

Pensó en sus padres.

Pensó en la profesora Elena y en aquella frase escrita en la pizarra:

“Las palabras tienen el poder de cambiar vidas.”

Pero Javier empezaba a creer que, a veces, las palabras no eran suficientes.

A veces también hacía falta estar presente.

Y eso era precisamente lo que más les faltaba a las dos familias.

Sin saberlo, el viernes estaba cada vez más cerca, y con él llegaría un momento que pondría a prueba no solo la amistad entre Javier y Isaac, sino también el amor de sus padres hacia ellos.

Thoughts

  • jpardo48

    El viernes van a no ir, pero creo que algo en Javier ya cambió. La amistad con Isaac ya es la única presencia que necesita

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  • guardiaAbierta

    "A veces el silencio era la mejor forma de demostrar que alguien no estaba solo": eso es lo que la profesora Elena aún no escribió. Javier ya lo aprendió caminando en la lluvia con Isaac. Sus padres aún prometen todo lo posible, pero jamás entendieron que la presencia es más fuerte que cualquier palabra

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  • golpeSeco

    ¡Duele!

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  • Ovid

    Gracias por escribir esto con esta precisión. Lo que pasa entre Javier e Isaac es lo que importa

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  • gmedina33

    Ese "vamos a hacer todo lo posible" que casi siempre significa "probablemente no". Uff, la reconozco

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  • finalArruinado

    ¿Tienes mas capítulos de esta historia?

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  • fcorrea92

    Isaac escribiendo solo su nombre como inspiración, porque al menos Javier sí vio lo que sus padres perdían

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  • escalaLarga

    Eso de que el silencio era la mejor forma de demostrar que no estaban solos, me quedó reverberando

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