Que digas que también es tu sustento, sin adornarlo, me gustó mucho. Se agradece leer a alguien que quiere su trabajo y no finge que el dinero no existe.
Elegir enseñar
¿Qué significa para mí ser profesora?
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Pensamiento
Que digas que también es tu sustento, sin adornarlo, me gustó mucho. Se agradece leer a alguien que quiere su trabajo y no finge que el dinero no existe.
Contenido de la publicación
¿Qué significa para mí ser profesora?
Hoy podría hablar de una efeméride, de José Manuel Estrada o de la historia de esta profesión.
Pero hoy prefiero hablar de mí.
De quién soy yo cuando soy profesora.
Para mí, ser profesora es mucho más que una profesión.
Es una forma de entender el mundo.
Y, sobre todo, una forma de pararme frente a él.
Me paro desde la Educación Consciente.
Desde la presencia.
Desde la conciencia.
Desde la responsabilidad.
Tres pilares que aprendí y profundicé en la Gestalt y que transformaron profundamente mi manera de entender la educación.
Porque no puedo concebir el acto educativo como un encuentro entre alguien que “sabe” y alguien que “no sabe”.
En cada clase hay personas integrales: cuerpo, mente, emoción, historia, vínculos, creencias, experiencias, posibilidades.
Y por eso cada encuentro pedagógico es, para mí, mucho más que una clase.
Es un encuentro humano.
Es también un acto de transformación.
Incluso, en cierto sentido, un acto político y revolucionario.
Porque cada vez que entro a un aula intento provocar una pequeña revolución.
No necesariamente una gran revolución.
A veces alcanza con una pregunta.
Con una idea.
Con algo que haga ruido.
Ese pequeño movimiento interno que hace que un estudiante salga de una clase pensando:
“¿Y si esto que siempre pensé no fuera exactamente así?”
Porque enseñar Historia me enseñó, justamente, a mirar la realidad desde distintas perspectivas, a interrogar lo dado, a buscar relaciones, causas, consecuencias y sentidos.
Y con los años entendí que eso mismo quería provocar en mis estudiantes:
no solamente que aprendieran Historia, sino que aprendieran a pensar con la Historia.
Quizás por eso todavía no sé si yo elegí esta profesión o si, de alguna manera, ella me eligió a mí.
A veces siento que fue un encuentro.
Un encuentro que comenzó hace muchos años y que se fue renovando, profundizando y transformando con cada experiencia, con cada estudiante y también con cada nueva formación.
La Gestalt, el coaching, las neurociencias, la metacognición, el desarrollo humano… fueron ampliando mi mirada.
Y entonces descubrí que enseñar no era solamente transmitir aquello que sé.
Era también acompañar procesos de aprendizaje, despertar conciencia y ayudar a que cada persona pueda desplegar su potencial.
Y hay algo más.
En esa misteriosa ecuación entre una profesión que quizás me eligió y una mujer que quizás la eligió a ella, hay algo que para mí resulta maravilloso:
ganamos las dos.
Porque hago algo que me apasiona.
Algo que me atraviesa el cuerpo.
Algo que me atraviesa el alma.
Y, al mismo tiempo, es mi profesión.
Mi trabajo.
Mi sustento de vida.
Después de tantos años frente a estudiantes, sigo creyendo que educar puede transformar.
Que una clase puede abrir una puerta.
Que una pregunta puede cambiar una mirada.
Que aprender puede convertirse en una experiencia de conciencia.
Y que cada persona tiene mucho más potencial del que a veces cree.
Por eso hoy no quiero decir simplemente:
“Feliz Día del Profesor.”
Hoy quiero decir:
Feliz de ser profesora.
Feliz de seguir aprendiendo mientras enseño.
Feliz de seguir preguntándome cómo aprende un ser humano.
Feliz de seguir buscando nuevas formas de acompañar ese aprendizaje.
Y, sobre todo, feliz de poder hacer de mi profesión una manera de estar en el mundo.
Eso significa para mí ser profesora.
Y quizás, en definitiva, eso es lo que intento hacer cada día:
no enseñar solamente contenidos, sino ayudar a que algo en cada persona pueda desplegarse.
— Laura Collivadino-Despliega| Educación Consciente
Thoughts
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PermalinkQue digas que también es tu sustento, sin adornarlo, me gustó mucho. Se agradece leer a alguien que quiere su trabajo y no finge que el dinero no existe.
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PermalinkMe da que lo de la Gestalt no te lo vendieron en un curso, te lo tuviste que ir peleando clase por clase hasta que sirvió para algo. Esas cosas nunca entran de golpe.
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PermalinkPuchis, que bonito.
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PermalinkLos que salen de tu clase con esa duda encima van a acordarse de la duda y no de la unidad que estaban dando. Mirá vos, a mí me pasa igual con un profesor que ni me acuerdo qué materia daba.
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PermalinkGanamos las dos, dices. Hay oficios que le sacan a uno bastante más de lo que le dan, y a esta altura conozco a poca gente que pueda hacer ese balance y quedar contenta. La mayoría prefiere no hacerlo. Que te haya salido a mano después de tantos años no es poca cosa.
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PermalinkUna profesora de historia me hizo esa pregunta de y si no fuera así, y me pasé el curso incordiándola. Ella tan campante y yo sin dormir.
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PermalinkNo saber si uno eligió o lo eligieron, eso pasa con todo lo que dura, parce. Uno se queda y después le pone el nombre.
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PermalinkQue un estudiante salga de clase preguntándose si lo que siempre pensó no era exactamente así, eso ya es la revolución. Se nota que mides el efecto por ahí y no por la nota final. Apuesto a que los que te escriben años después no te hablan del programa, te hablan de una clase suelta.
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PermalinkEntendí casi todo menos una cosa. Dices que a veces alcanza con una pregunta para que a alguien se le mueva algo por dentro. ¿Te acuerdas de una pregunta tuya que haya hecho eso en un alumno?
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