No sé cómo me siento.
¿Bien o mal?
Estoy cansada.
Me siento ausente y muy presente:
físicamente presente,
emocionalmente cansada
y mentalmente desaparecida.
No entiendo dónde estoy ni a dónde quiero ir.
Quiero una respuesta,
pero sigo sin entender de qué,
quiero perderme
y no encontrarme jamás.
Quiero dejar de estar en casa
y comenzar a vivir en otro lugar.
Deseo dejar mi alma libre,
que sea fugitiva y nadie jamás la encuentre.
Quiero romper mi ruido
y caer al vacío;
adentrarme donde no hay nadie
y perecer por siempre.
Tengo miedo
de sentir que no voy por el camino correcto.
Tengo miedo
de equivocarme una vez más.
Tengo miedo
de ser vulnerable,
tan vulnerable que se escape mi dignidad.
Dios, padre, ira...
Escúchame. Una plegaria de necesidad.
Estoy molesta, estoy triste, estoy agotada
y estoy por desear rendirme.
No encuentro un brazo que tomar
y tengo miedo de encontrarte y jamás soltarte.
Dame fuerza y escúchame,
escucha qué tengo que decirte.
Escúchame... y pídeme perdón.
¿Por qué me has dejado aquí?
¿Por qué me has abandonado?
¿Por qué me dejaste sola con tantas dudas?
¿Qué tengo que hacer?
¿A dónde me permites correr?
¿Qué esperas que haga
y qué se supone que debo aprender?
No soy fuerte, jamás lo he sido.
Tengo miedo y estoy sola.
Me estoy arrodillando ante ti
y te dejo mi alma encapsulada.
Dime qué esperas de mí, porque yo no lo sé.
Déjame rendirme e irme.
Dame fuerzas para dejar de huir y esconderme.
Dame la intención de dejarme sentir.
Ayúdame.