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EL ABANDONO

yamila

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¿Será que todas las personas tienen, en el fondo, miedo al abandono? ¿O será que ese miedo se vuelve diferente cuando convivís con un diagnóstico como el TLP?

Sentirse abandonado puede ocurrir en una relación de pareja, en el vínculo con nuestros padres, en el ámbito laboral o incluso en una amistad. No siempre significa que alguien realmente se esté yendo. A veces alcanza con una distancia, un cambio de actitud, una respuesta diferente o un silencio para despertar ese miedo.

Lo importante es aprender a identificar que, a pesar de sentir ese abandono, se puede avanzar. Se puede continuar por otro camino, aunque en ese momento parezca imposible.

En mi experiencia con el TLP, el miedo al abandono puede sentirse incontrolable. Se acompaña de una angustia tan intensa que, en determinados momentos, puede llevar a pensamientos muy oscuros, incluso a pensar en no querer vivir más. Ese sentimiento quizás dure solamente un momento, pero mientras sucede parece eterno.

Lo difícil es que muchas veces no puedo diferenciar entre lo que realmente está pasando y lo que mi miedo me hace creer que está pasando.

Un mensaje que tarda en llegar.

Una persona que está más distante.

Una discusión.

Un cambio en la forma de hablar.

Un plan que se cancela.

Situaciones que para otra persona podrían parecer pequeñas pueden convertirse dentro de mi cabeza en una señal de que alguien está por irse.

Y entonces aparecen las preguntas:

¿Hice algo mal?

¿Ya no me quiere?

¿Se cansó de mí?

¿Encontró a alguien mejor?

¿Me va a dejar?

La mente empieza a buscar respuestas desesperadamente. El problema es que, cuando no las encuentra, muchas veces las inventa. Y casi siempre imagina el peor escenario posible.

Ahí aparece la necesidad de recibir una confirmación constante de que todo está bien, de que esa persona todavía está, de que no se va a ir. Pero ninguna confirmación parece suficiente cuando el miedo nace desde adentro.

Creo que durante mucho tiempo confundí el miedo a perder a alguien con el amor.

Pensaba que amar significaba necesitar al otro para estar bien. Que una relación debía ocupar todos los espacios de mi vida. Dejé de lado amistades, familiares, actividades e incluso partes de mí misma para vivir por y para otra persona.

Con el tiempo comprendí que eso no evitaba el abandono.

Al contrario, muchas veces terminaba abandonándome yo misma.

Y quizás esa sea una de las cosas más difíciles que estoy aprendiendo: no abandonarme para evitar que otro me abandone.

Seguir teniendo mis propios vínculos.

Mis proyectos.

Mi profesión.

Mis amistades.

Mi familia.

Mis momentos de soledad.

Mi propia identidad.

Porque una persona puede acompañarme, amarme y formar parte de mi vida, pero no debería convertirse en toda mi vida.

También estoy aprendiendo que no todas las personas que se alejan nos abandonan. Algunos vínculos simplemente terminan. Las personas cambian, las relaciones cambian y nosotros también cambiamos. Aceptarlo puede doler muchísimo, pero el final de un vínculo no significa necesariamente que nuestra vida termine con él.

Todavía me cuesta.

Todavía tengo miedo.

Todavía existen momentos en los que una pequeña distancia despierta inseguridades enormes.

Pero ahora intento preguntarme antes de reaccionar:

¿Esto realmente está sucediendo o es mi miedo hablando?

No siempre consigo encontrar la respuesta inmediatamente. A veces necesito tiempo. Otras veces necesito hablarlo, llorarlo o trabajarlo en terapia.

Estoy aprendiendo que sentir miedo al abandono no significa que necesariamente voy a ser abandonada.

Y, sobre todo, estoy intentando comprender algo que durante muchos años no pude entender:

si alguna persona decide irse de mi vida, voy a sentir dolor, voy a extrañarla y probablemente me cueste aceptarlo. Pero voy a seguir existiendo.

Porque perder un vínculo no significa perderme a mí misma.

Quizás sanar también sea eso: aprender a querer a alguien sin desaparecer dentro de ese vínculo.

Elegir quedarse sin obligar al otro a quedarse.

Y aprender, poco a poco, a quedarme conmigo.

Thoughts

  • MarianelaVidal

    Me quedé en la lista del medio: un mensaje que tarda en llegar, una persona un poco más distante, un plan que se cancela. Leído así, todo seguido, se entiende lo rápido que algo chico puede volverse otra cosa. Y cuando llegué al final, a lo de quedarte con vos, volví a mirar el título. ¿Tenés pensado seguir con otros temas así, uno por texto?

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