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El trébol de cuatro hojas

AlasyTinta
Pensamiento

Pensamiento

TeoSanabria

Me suena a cuando a uno lo crían distinto porque ya saben para qué lo quieren, y uno se entera de grande, cuando ya no hay vuelta.

Me suena a cuando a uno lo crían distinto porque ya saben para qué lo quieren, y uno se entera de grande, cuando ya no hay vuelta.

Contenido de la publicación

Escuché un grito. Era de un niño; su voz transmitía tantas emociones... pero para mí fue estremecedor. En ese instante me di cuenta de que vería el cielo por última vez: ya no sentiría la suave brisa de verano sobre mis hojas, ni volvería a nutrirme de los rayos del sol.

Antes de contar mis penas debí presentarme… ¿Dónde quedaron mis modales?

Para quienes no lo saben, mi fama viene desde hace años. Aquí les detallo mi historia y lo que represento para el mundo, que no es poco. Los druidas, en Irlanda e islas británicas, me consideraban un amuleto contra los espíritus malignos y una señal de buena fortuna debido a mi rareza. Cada una de mis hojas tiene un significado: la primera para la esperanza, la segunda para la fe, la tercera para el amor y la cuarta para la suerte.

Ustedes dirán: «qué afortunado, es un mutante que no fue ni será castigado». Todo lo contrario. Claro que hay un «pero»… y está muy bien justificado.

No voy a quejarme de mi vida. Desde que nací fui tratado con mucho cuidado, amor, cariño y demasiados privilegios. ¿Les confieso algo? Lo disfrutaba mucho, aunque al principio no entendía por qué. Solo sucedía.

Mi comunidad es muy activa. A mi familia, en particular, le gusta trabajar la tierra, nutrirla. Yo, en cambio, adoro observar a esos insectos mal diseñados aerodinámicamente: sí, las abejas. Las miro y me imagino el aire rozando mi rostro, el cielo más cerca, mis raíces libres por un instante. Sé lo que estás pensando: no estoy loco, podría volar en una maceta aerostática.

Volviendo a mi vocación, la polinización es lo mío. Y aunque vaya contra el mandato familiar, no hubo objeciones. Olvidé contarles algo: no solo tengo privilegios, también sobreprotección. Cada vez que un humano se acerca, mi familia me esconde y evita, a toda costa, que me vean. Y aunque ustedes no lo crean, ese gigantesco ser le tiene un respeto casi sagrado a las abejas; motivo por el cual nadie se opuso a mi desvío.

Pero acá los voy a desilusionar un poco: todo ese exceso de cuidado no se debía a mi belleza ni a mi carismática personalidad. Lo sé, lo sé, están sorprendidos. También lo estuve yo.

Creo que fui el último en comprender que mi destino no era mío. Que ser de la suerte no es tenerla. Ser buscado y ovacionado tiene un precio alto. Muchos desean mi lugar privilegiado, pero ¿saben qué? Hay que tener mucho cuidado con lo que se desea, con lo que vemos y con lo que es.

Todo lo que represento, lo bueno e importante que creía ser, de repente se desmoronó. Para cumplir con ese destino impuesto por aquellos que necesitan aferrarse a algo simbólico para cambiar su vida… yo debo dar la mía.

Quizás, como consuelo, termine dentro de un libro, rodeado de una buena historia, o en una oscura billetera. Puede que solo sea destruido con el fin de ser expuesto como un logro que será descartado, tirado al momento siguiente de ser descubierto.

Agradezco haber compartido momentos simples, haber reído con chistes malos pero rodeado de gente buena; de tomarme el tiempo para disfrutar los atardeceres de verano; de las charlas en familia, de los paseos con amigos. Es lo que realmente me hizo grande.

El mundo me asignó un lugar... y yo... solo anhelaba ser.

Thoughts

  • cuentistadebar

    Dicen que un trébol de cuatro hojas no se busca, que si lo buscas ya no trae suerte. Con este cuento esa manía cobra otro sentido para mí, miarma: a lo mejor era para dejarlos tranquilos.

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  • bsalas87

    Yo sospecho de la familia desde la primera vez que lo esconden, cachai. Tanto cuidado con el que más vale me suena más a guardar la joya que a querer al hijo.

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  • TintaYMadrugada

    El trébol se toma su tiempo para presentarse, pide perdón por los modales, bromea con las abejas, y uno ya sabe desde el grito del niño cómo acaba todo. A mí cada broma suya me pesaba más que la anterior, porque él seguía contando como si tuviera tiempo y yo ya sabía que no. Apuesto a que la frase de cierre, la de anhelar ser, fue lo primero que tuviste y el resto lo armaste hacia atrás para llegar ahí.

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  • TeoSanabria

    Me suena a cuando a uno lo crían distinto porque ya saben para qué lo quieren, y uno se entera de grande, cuando ya no hay vuelta.

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  • RubenOrtega

    Qué final más duro, ho.

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  • NoeliaBastida

    Pues la maceta aerostática me sacó una risa en mitad de todo lo triste.

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  • IreneCalvo

    Mi madre tenía uno aplastado entre las hojas de un misal, y de niña me parecía lo más bonito de la casa. Ahora lo pienso con la cara de este trébol y ya no tanto, hija.

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  • GasparLeon

    Permítame un dato que yo aprendí tarde. El trébol de tres hojas es el que se asocia a San Patricio en Irlanda, y del de cuatro se dice que sale más o menos uno cada diez mil. Con esa cuenta a mí se me hace más clara la fama que carga su protagonista, caramba, y también lo poco que le dura.

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  • EmilioPrats

    Me gustó que al final se acuerde de las charlas en familia y los paseos con amigos antes que de lo que valía para los demás. Eso lo dice uno cuando ya sabe.

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  • tintaDeMartes

    Esto parte en dos a cualquiera que lo lea en grupo, fíjate. Unas dirían que la familia lo sobreprotegió por amor, y yo me iría con las que piensan que le ocultaron lo único que le importaba saber. Me quedo con las abejas: ese respeto casi sagrado que les tienen los humanos fue lo que le regaló a él su ratito de libertad.

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