La trampa del directorio y la fiesta privada
Era martes por la tarde y Andrea pensaba que la jornada laboral había terminado. Sin embargo, Sergio le pidió que bajara a la sala de directorio privada del último piso para revisar unos supuestos documentos de cierre de año antes de irse a casa.
Al cruzar el umbral, la puerta se cerró con seguro detrás de ella. La enorme mesa de caoba estaba despejada, las luces estaban atenuadas y la música sonaba suavemente. Allí la esperaban Julio y Mateo junto a Sergio. Los tres vestían pantalones de vestir ajustados y camisas entreabiertas que dejaban ver sus torsos, marcando sus atributos con absoluta impudicia.
Al verla llegar con sus pantalones ceñidos que remarcaban su imponente y gran trasero, Sergio sonrió y le dijo: —Feliz cumpleaños, mi amor... Hoy la reunión es solo para ti.
El despojo y la devoción
Los tres hombres comenzaron a bailar a su alrededor con movimientos lentos y cargados de morbo, acorralándola contra la mesa. Entre caricias atrevidas y roces deliberados contra sus caderas, le quitaron la blusa y le desabrocharon el pantalón hasta hacérselo caer. Andrea quedó exhibida en un diminuto colaless blanco que dejaba sus grandes glúteos al aire, con sus pechos firmes respondiendo al aire frío de la habitación.
La escena encendió a los hombres de inmediato. Liberaron sus penes, mostrándoselos completamente duros, gruesos y palpitantes con las venas marcadas.
Al ver la magnitud de los tres miembros esperándola, a Andrea se le inundó la vagina de una humedad ardiente. Se hincó de rodillas en el suelo de moqueta y comenzó a chupárselos uno a uno con una voracidad salvaje:
Tomó la pija de Julio con ambas manos, metiéndosela hasta la garganta y saboreando cada vena.
Pasó de inmediato al pene de Mateo, lamiéndole la cabeza con devoción mientras le acariciaba los testículos.
Se giró hacia su esposo Sergio para devorar su miembro con avidez, bañándolo en saliva y pasando la lengua por toda la superficie.
La mesa de caoba y el trío simultáneo
Sergio tomó el mando de la coreografía y acomodó a Andrea sobre la gran mesa de caoba, dejándola en cuatro patas con su gran trasero levantado hacia ellos.
—Denle entre los dos —ordenó Sergio con voz ronca mientras él se posicionaba al frente.
La fantasía de Andrea se hizo realidad en cuestión de segundos:
Mateo se colocó detrás y le enterró su duro pene en el culo de un solo golpe seco, haciéndola arquear la espalda y soltar un gemido desgarrador de placer.
Sergio la tomó por la cintura y le metió el suyo en su vagina jugosa y empapada, embistiéndola con una fuerza bruta que hacía vibrar la madera de la mesa.
Julio se posicionó de frente, metiéndole su enorme miembro en la boca para que Andrea lo devorara y chupara en un ritmo desenfrenado.
Tener sus tres orificios ocupados al mismo tiempo por los tres penes que más la calentaban la llevó al borde de la locura. Andrea pedía más a gritos entre las succiones, rogándoles que no pararan y que le dieran más duro por detrás y por delante.
El clímax y el cierre
Intercambiaron posiciones varias veces sobre la mesa, turnándose para poseerla por el culo, la vagina y la boca en una sinfonía de golpes secos, gemidos ahogados y respiraciones agitadas.
Al llegar al punto de no retorno, Andrea les suplicó que la coronaran: —¡Acaben todos en mi boca... quiero todo su semen caliente!
Julio, Mateo y Sergio se posicionaron juntos frente a su rostro. En una serie de embestidas finales y estallidos de placer, los tres hombres eyacularon al mismo tiempo, desatando una lluvia masiva de semen que cubrió la boca, la lengua y el rostro de Andrea. Ella trágicamente complacida, se tragó la mayor parte y se limpió los restos con los dedos, llevándoselos a la vagina para terminar de venirse en un orgasmo múltiple y violento.
Cansados, sudorosos y con la respiración entrecortada, los cuatro permanecieron abrazados unos minutos sobre la mesa. Cuando lograron recomponerse, Andrea se vistió despacio, regalándoles una última caminata lenta de espaldas para mostrarles la curva de su trasero antes de acomodarse la ropa y salir juntos, listos para retomar la rutina como si nada hubiese pasado.