Me quedé con el antifaz negro que te quitas despacio y toda esa luz blanca alrededor, y después con lo del mundo que va a seguir girando, que fue lo que más me pesó. Lo leí de noche y lo leí completo. Y ese «podría haber hablado» que vuelve tantas veces se me quedó, porque aquí sí hablaste, y aquí hay alguien leyéndote.
El Llanto de un Ángel Sensible
Pensamiento
Me quedé con el antifaz negro que te quitas despacio y toda esa luz blanca alrededor, y después con lo del mundo que va a seguir girando, que fue lo que más me pesó. Lo leí de noche y lo leí completo. Y ese «podría haber hablado» que vuelve tantas veces s
Contenido de la publicación
Hoy estoy, mañana no. Estoy hablando desde arriba. Aparezco casi como un susurro imperceptible.
Siento una tenue luz que atraviesa la tela de mi antifaz negro. Me lo quito lentamente, aleteando mis alas emplumadas en el proceso. Todo es luminoso y blanquecino a mi alrededor, atravesado por las luces cálidas y doradas del sol. Lágrimas caen de mis mejillas cuando presiono la palma de mi mano contra mi cuello: todavía siento la presión de la soga apretándome. Me cuesta respirar, pero al mismo tiempo siento que no necesito de aire en mis pulmones.
Miro abajo, mis ojos se asoman a través de las nubes donde yace mi cuerpo – carente de vida – en mi habitación. Observo y analizo: estoy muerta.
Lo hice. Finalmente lo hice.
Revoloteo mis alas hasta que logro flotar en el aire. Me desplazo por el cielo para lograr acercarme más a la perturbadora escena.
Miro mi cuerpo colgando, con la mirada perdida en el más allá. No hubo sangre, no hubo violencia. Solo mi inevitable caída.
Podría haberle pedido ayuda a mi familia, pero ellos no me entienden. Ellos no saben lo que es querer escapar de tu propio cuerpo, de tu propia mente, de tu propia alma. Desconocen lo que es agonizar. Desconocen la sensación de vacío en el pecho. Por eso no les pedí ayuda.
Podría haberlo hecho. Podría haber hablado, pero es demasiado tarde.
Es demasiado tarde para jugar.
Es demasiado tarde para sentir.
Es demasiado tarde para pedir perdón.
Es demasiado tarde para hablar.
Aleteo, una y otra vez. La brisa sacude suavemente mi pelo. Derramo lágrimas: las lágrimas de un ángel. Convertí el tiempo en un llanto eterno. Lo único que resonará dentro de mi cabeza será el eco repetitivo de la muerte. La culpa paraliza el tiempo, porque es verdaderamente inevitable: ya no me queda tiempo.
No puedo hacer nada para compensarlo. Y lo peor de todo es que el mundo va a seguir girando en mi ausencia.
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