La vi,
la vi con otro,
vi cómo se besaron,
cómo sus cuerpos se enmarcaron.
Ella me vio,
me vio a los ojos,
y su corazón no se detuvo,
no le dio ni un susto.
Solo pude irme
derramando lágrimas,
hasta llenar el pozo
que ella me dejó.
La vi,
la vi con otro,
vi cómo se besaron,
cómo sus cuerpos se enmarcaron.
Ella me vio,
me vio a los ojos,
y su corazón no se detuvo,
no le dio ni un susto.
Solo pude irme
derramando lágrimas,
hasta llenar el pozo
que ella me dejó.
El pozo que se llena de lágrimas cierra el poema con más fuerza que el beso. El texto «¿Odias qué sea así?», en prosa, mira de frente a un antiguo amor y anota cada cambio en sus ojos.
El título le da la vuelta a La vie en rose de Édith Piaf, la canción de verlo todo color de rosa por amor, y el poema arranca con el mismo sonido. Del rosa al negro ya está contado antes del primer verso.
El pozo del final, el que ella deja y que él llena llorando, convierte las lágrimas en algo que se puede medir, y por eso pesa. Con el título me pasó algo curioso: esperaba a Piaf y me encontré su misma canción contada por el que mira desde fuera. Gracias por compartirlo!
Me duele mirarte, Yoya querida,
Las palabras se escapan y de mi se alejan
Te crees el perfecto superhéroe
El no sentir se me hace difícil cuando se trata de ti. No es solo el nudo en la garganta, que me sofoca, ni la opresión en el pecho, que me alborota. Es que sé que el remedio de todo eso está en ti.
Creo que no te ponía tanto interés
A menudo me tachan de dramática,
Sé lo que dirás, que yo no te cuidé, por culpa del trabajo el romance descuidé.
El mundo ha renunciado a su credo; todos callan obstinados, todos menos las golondrinas. Ellas siguen cantando su himno: el idioma de la tragedia y el destino. Del amor sangrando por los dientes…
La vi, la vi con otro, vi cómo se besaron, cómo sus cuerpos se enmarcaron.