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El Jesús que conocimos

Cristofher
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Cuando hablamos de Jesús, aparece una especie de grieta. Por un lado, está el hombre que caminó por Galilea, que predicaba en las calles, que reunía gente y que terminó ejecutado por Roma. Por otro,…

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Capítulo 1

 

El Jesús histórico y el Cristo de la fe: ¿es posible separarlos?

 

Cuando hablamos de Jesús, aparece una especie de grieta. Por un lado, está el hombre que caminó por Galilea, que predicaba en las calles, que reunía gente y que terminó ejecutado por Roma. Por otro, está el Cristo de la fe: el Hijo de Dios, el que resucitó, el que volverá a juzgar a vivos y muertos.

La pregunta no es si ambas figuras existen —existen, y con fuerza— sino si podemos separarlas sin que la fe se venga abajo.

Durante siglos, la tradición cristiana ha dicho que son la misma persona. Pero cuando uno se asoma a la historia, descubre que los evangelios no fueron escritos como biografía, sino como textos que combinan memoria, tradición, interpretación y propósito teológico.

La visión que Marcos tiene de Jesús no es exactamente la misma que tiene Juan. El Jesús que encontramos en Marcos pone un fuerte énfasis en el Reino de Dios, mientras que en Juan encontramos un Jesús mucho más explícito acerca de su propia identidad y su relación con el Padre. Las diferencias no son solamente de énfasis. También aparecen en detalles concretos del relato. Por ejemplo, Marcos presenta la Última Cena como una cena de Pascua, mientras que, en Juan, la muerte de Jesús ocurre antes de la comida pascual.

Separarlos no es un acto de rebeldía. Es un acto de honestidad. La separación es posible y necesaria para el historiador, que debe preguntarse: "¿Qué podemos saber de Jesús sin presuponer la fe?" Y la respuesta es: mucho menos de lo que la tradición supone, pero también algo muy sólido, por ejemplo, que Jesús fue un judío del siglo I, que desarrolló su actividad como predicador y que terminó ejecutado por crucifixión bajo la autoridad de roma.

Hubo un momento en que dejé de preguntarme quién era Jesús y empecé a preguntarme cuánto de lo que sabía sobre él provenía realmente de la historia y cuánto provenía de la interpretación. Esa simple duda cambió mi manera de leer los evangelios.

Entonces me surgiría otra pregunta: ¿Cómo impactaría eso en la vida de un religioso?

Para alguien que ha construido su identidad sobre la divinidad de Cristo, llegar a la conclusión de que Jesús fue solo un hombre puede ser como perder el suelo bajo los pies. No es un simple cambio de opinión; es una ruptura. Una grieta que atraviesa la fe, la comunidad, las certezas. Esa ruptura puede llevar al abandono, al silencio o a una reconstrucción dolorosa.

Y ahí está lo curioso: una fe que no puede sobrevivir a la historia es una fe frágil. Una fe que puede mirar de frente a la historia y seguir en pie, no como certeza, sino como búsqueda, esa sí tiene peso.

La ruptura no tiene por qué ser el final del camino. Puede ser el principio de otra forma de creer: menos dogmática, más honesta, más humana.

Fragmento de la conversación con alguien sin nombre:

—¿Crees que se puede separar al Jesús histórico del Cristo de la fe?

—Sí, pero hacerlo no es neutral; tiene consecuencias teológicas, históricas y existenciales. Para el historiador es necesario; para el creyente, puede ser liberador o devastador.

—Yo creo que sí se puede. Y que esa separación no le quita valor a su mensaje.

Al contrario: lo hace más real.

 

Por qué no necesito un salvador divino para admirar su mensaje

 

Jesús no necesita ser Dios para ser admirable. De hecho, creo que su figura humana es mucho más poderosa que cualquier intento de divinizarlo. No veo a Jesucristo como un ser salvador ni mucho menos divino. Lo veo como un hombre que vivió en un tiempo difícil, que tuvo el valor de decir lo que pensaba y que pagó con su vida por ello.

Para mí, Jesús fue un revolucionario. No en el sentido militar, sino en el más profundo: fue un libertador de mentes. Vino a traer un mensaje de justicia, de compasión, de coherencia. Y ese mensaje era tan incómodo para los poderosos de su tiempo que no tuvieron más remedio que callarlo con la muerte.

Puedes matar al mensajero, pero no al mensaje y eso, precisamente, es lo que lo hace grande. No porque resucitara, sino porque sus palabras siguen vivas. No porque fuera Dios, sino porque fue humano. Porque lo que él enseñó —amar al prójimo, enfrentar la hipocresía, poner la dignidad por encima del dogma— no necesita de un origen sobrenatural para ser verdad. Es verdad por sí mismo.

Admiro a Jesús no por los milagros que se le atribuyen, sino por la coherencia de su vida. Porque fue fiel a sus convicciones hasta el final. Y eso, para mí, es más admirable que cualquier prodigio.

Si se hallara un diario escrito por él, donde dejara ver sus dudas, sus miedos, sus afectos, su humanidad, no creo que eso afectara mis creencias. Al contrario: simpatizaría aún más con su figura. Porque un Jesús humano es imitable. Un Jesús divino es inalcanzable.

Y quizás esa sea la clave: no necesito un salvador. Necesito un ejemplo. Alguien que me muestre que es posible vivir con coherencia, incluso cuando el mundo entero se opone.

Fragmentos de la conversación con alguien sin nombre:

—Yo creo en un Jesús revolucionario que vino a traer un mensaje y por eso fue asesinado. Para mí es como un libertador de mentes. No lo veo como una divinidad porque considero que fue hombre y vivió como hombre

Y te pregunto: ¿Qué Jesús te enseñaron a ti? ¿El divino o el humano? ¿Y con cuál te quedas hoy?

Próximo capitulo: critica a la religión institucional.

 

 

 

Thoughts

  • karinaMallavia

    ¡¡Excelente, me encanto!! En cuanto a tu pregunta, me enseñaron como a casi todos, ese Jesús divino, hoy puedo decir con total convicción, que me quedo con el Jesús humano, revolucionario, apasionado, amoroso, el que vino a despertar a tantas mentes. No con el salvador y el sufriente, sino con ese ser humano maravilloso, digno de admirar e imitar para crecer.

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  • Una_voz

    Vine por acá a comentar ¿Porqué no?

    Este tema es vital entre lo que te he leído. Tú afirmas que Jesús no es Dios, bueno Dios y hombre al mismo tiempo, lo cual sería contradictorio, no puedes ser hombre y al mismo tiempo Dios en dos naturalezas, en eso para mi la teología institucional está errada. Pero si hay una solución:

    Que tal si Jesús es plenamente humano, pero como humano es la plenitud de Dios en lo corpóreo.

    Ahora respecto al papel de Cristo, el no solo vino a dar consejos de vida, el mismo dijo que vino a dar la vida por la humanidad para redimirla ¿De qué? Pues del pecado ¿Cómo? Pues tomando todos los pecados de la humanidad y siendo el un sustituto pagando el precio de nuestra condena en nuestro lugar. El murió para que tu no tengas que morir en esa cruz por tus pecados, murió en tu lugar. El mismo lo dijo: "soy la resurrección y la vida".

    Lo de los evangelios que cada uno es diferente se debe a que cada uno fue escrito con propósitos diferentes, uno para los judios, otro para los gentiles, uno mas histórico, otro mas espiritual, etc. Pero hay algo que todos tienen: estan escritos con poesía hebrea.

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  • Dei

    Leí todo y pensé: a mi todo esto me ha tomado varios años en asimilar (casi 10) lo mas demorado no fue el enterarme, los datos históricos y la teología están ahí. Por eso te pregunto ¿cuánto tiempo ha supuesto para tí asumir esta manera de ver a Jesús?. Es una pregunta que me surgió al leerte, no es necesario que respondas. Solo discrepo en que yo si creo que sea 100% divino así como 100% humano. Gracias por compartir este buen resumen de tus reflexiones, o mas bien de tu razón de fe.

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  • Amortes22

    Amigo @Christopher tema controversial, desde pequeño conocí al Jesús de la Cruz en la iglesia,!! Pero después de investigar y ver puntos de vista como el tuyo, cuestionable y justificable, da valor a mi Jesús y su enseñanza como maestro, ese fue su espitud en vida!!! En una oportunidad lei: "el hombre más grande de todos los tiempo," afianzó mi creencia en el maestro. Me apego a tu justificación del texto... 100% 💪👍👍

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