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El hombre que idealicé

Michel
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Ella no sabía en qué momento la admiración se había convertido en necesidad, ni cuándo el simple recuerdo de su olor y de sus labios se había vuelto algo que la consumía por completo. Solo sabía que…

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Pensamiento

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RominaB84

La obsesión no termina en nada, verdá. Es un comienzo. Y los dos lo saben cuando se miran.

La obsesión no termina en nada, verdá. Es un comienzo. Y los dos lo saben cuando se miran.

Contenido de la publicación

Ella no sabía en qué momento la admiración se había convertido en necesidad, ni cuándo el simple recuerdo de su olor y de sus labios se había vuelto algo que la consumía por completo. Solo sabía que lo quería cerca, siempre cerca. Le había dado algo para sumirlo en un sueño profundo, una promesa suave disfrazada de calma, y ahora él descansaba, indefenso, en aquella habitación silenciosa.

Lo había mantenido allí, atado y apartado del mundo, como si el tiempo allá afuera hubiera dejado de importar. La luz de la luna se filtraba por la ventana y caía sobre su rostro, dibujando sombras delicadas que lo hacían parecer aún más irreal, casi divino. Ella lo observaba sin parpadear, como si cada detalle de su belleza pudiera desvanecerse en el instante en que dejara de mirarlo.

Se acercó despacio, conteniendo la respiración, como si incluso el aire pudiera romper aquel instante. Sus dedos temblaban apenas, no de miedo, sino de devoción. En su mente no había culpa, solo una quietud extraña; como si el mundo entero se hubiera reducido a aquel rostro iluminado por la luna.

Entonces, en medio del silencio más profundo, él abrió los ojos.

Y en ese instante, toda la intensidad de su obsesión pareció derrumbarse ante una sola mirada.

Ella cayó de rodillas.

No lo hizo por miedo, sino por el peso insoportable de su propia adoración. Aquellos ojos, que finalmente se abrían ante ella, ya no le parecieron los de un mortal atrapado, sino los de una deidad que despertaba en su templo.

El azul profundo de su mirada la atravesó en un segundo de silencio absoluto, desarmando hasta el último rincón de su cordura.

Para ella, el cautiverio ya no existía.

No era ella quien lo retenía a él.

Era él quien, con una sola mirada, acababa de encadenarla para siempre.

Él no gritó. No luchó contra las cuerdas. Simplemente la observó desde su altar improvisado, con una calma tan majestuosa que consiguió hacerla temblar.

Con una lentitud casi coreografiada, inclinó la cabeza hacia un lado. Su mirada descendió por el cuerpo de ella, deteniéndose en sus manos temblorosas, antes de regresar lentamente a sus ojos.

Entonces, el habló.

Su voz, grave y perfectamente serena, rompió el silencio de la habitación con una sola frase:

—No apartes la mirada. Sé cuánto tiempo llevas observándome. Sé lo que has hecho para mantenerme aquí.

Su voz no perdió aquella calma inquietante.

—Ahora suéltame… y descubre qué sucede cuando el hombre que tanto has deseado deja de ser tu prisionero y decide convertirse en tu dueño.

Ella se quedó sin aliento.

El corazón le golpeaba con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho.

Y a pocos centímetros de su mano yacía el cuchillo con el que había cortado las cuerdas.

Por primera vez, no supo quién de los dos estaba realmente atrapado.

Thoughts

  • Yolanda_M

    Qué trabajo. Me dejó pensando en la diferencia entre amar y poseer. Hermosa historia.

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  • RominaB84

    La obsesión no termina en nada, verdá. Es un comienzo. Y los dos lo saben cuando se miran.

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  • Nicanor

    ¿Esto salió de algo real que escuchaste en un pueblo? Tiene ese tono de cuento que suena de verdad.

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  • Amaranta

    No pero ¿qué fue eso? Me tienes angustiadísima. Ella lo liberó esperando que nada cambie y cambió.

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  • versoAjeno

    Ese momento donde ella cae de rodillas es como encontrar un verso que significa otra cosa completa.

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  • subrayoTodo

    Ese giro donde quien creía controlar descubre que no... es tan real :/ Pasa en la vida todo el tiempo

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  • relatoBreve

    Me sacaste del trabajo. Veinte minutos en obsesión ajena en lugar de resolver facturas. Odio esto.

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  • LazaroVasallo

    Ella lo sabía todo, fue la falta de necesidad, la cómplice sin ataduras.

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  • Una_voz

    Ja...Esto es una historia en la que se espera uno quiere saber más y ver el desenlace. Perfecto.

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  • quintopiso

    Leer esto a las 11 de la noche en el balcón fue un error. Esa mirada azul quedó en la cabeza.

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