El funeral de las flores.
Mamá, hoy he matado a una mujer.
Era tan linda...
Tenía familia
y se le notaba el futuro.
Nadie aún ha llorado por ella,
creo que nadie se ha dado cuenta.
La última vez que la vi, antes de partir,
parecía que tenía tantos amigos.
Su familia nunca la dejaba sola
y siempre buscaba cómo bailar y cantar.
Era ella, mamá,
y era la vida.
Tras su partida,
creí que me sentiría mal al ver a su familia llorar
y a sus amigos gritar.
Creí que la vida misma me reclamaría
por haberle quitado su pasión al arte,
pero nadie ha dicho nada.
Le apagué la luz sin darme cuenta.
La fui dejando sin aire,
sin colores;
la fui cambiando por la calma de no sentir.
Pero quizá ella solo duerme,
esperando que la llame con dulzura,
esperando que la perdone
por haber querido vivir tanto.
Y si algún día vuelve,
le dejaré el paso abierto.
Le pondré flores, música
y un poco de sol.
Porque aunque la maté sin querer,
también soy quien puede
traerla de nuevo.