Tiene pinta de haber salido de una noche concreta y no de un plan. ¿Qué te lo sacó?
El blanco de las letras.
Pensamiento
Tiene pinta de haber salido de una noche concreta y no de un plan. ¿Qué te lo sacó?
Contenido de la publicación
El blanco de las letras:
verdadero problema del vacío.
No decir nada no es otra cosa
que la Inexistencia haciendo gala de su habilidad especial.
Y decir cualquier cosa pesa.
Pesa por la acción de la gravedad
sobre los efectos y seres que habitan la naturaleza;
pesa por la insostenible y constante vergüenza, porque todo tiende al Mal,
por la inminencia y preeminencia eterna de la monstruosidad.
Como humanimales, todo se reduce a efectos observables y causas burdas.
Nuestra percepción es limitada,
insulsa,
estúpida.
Cuando se trata de cambiar, todo vuelve a ser lo mismo, pero peor.
Las quejas son vanas:
te matan.
Se adueñarán de tu cuerpo en más de una manera.
Son fieras grotescas;
eso les bastará.
Un alma ni se vende ni se compra:
es un capricho ridículo,
inexistente al final.
Que pierdas la vergüenza es la misión principal de los sinvergüenzas.
Y más si ofreces algún espectáculo ante los ojos de esa porquería.
Buscan que no puedas refugiarte de su depravación inmunda;
que sucumbas al fango y te revuelques en él,
como esas bestias putrefactas que dicen ser seres con decencia.
Desidia.
Decepción.
Desilusión.
Por si no te has dado cuenta, el Todo nunca estuvo tan muerto.
Lo que emana de él no podría ser más infeccioso.
La percepcionalidad del vulgo se acentuó en su barbaridad:
ignorancia, cerrazón, idiotismo.
Borregos y fanatismos a la orden del día;
todas las porquerías y modismos.
No puedo sino pensar en el triunfoy despliegue posterior del bestial despotismo.
Brutalidad aplaudida desde realidades hundidas en la ruindad.
Bajeza por elección.
La lógica inmunda del lobo asesino,
del tigre destripador,
del gorila Alfa,
del Amo y Señor.
Todo está perdido para aquel que ser libre fue lo único que siempre quiso,
necesitó
y soñó.
Si creíste en un sueño, abandónalo y escóndete.
Al monstruo no se le gana.
Puedes ser su sirviente o su alimento combustible.
Su espectáculo ambulante.
Sobre todo cuando quieras esconder tu desnudez obligatoria
y empieces a exigir un trato diferente al de esclavo permanente.
El fango pestilente que te cubre no será otra cosa que la prueba
de tu estupidez
y de que debiste haber sabido que la compasión no existe en el lenguaje de los carniceros.
Debiste entender, antes de abrir los ojos,
que tu dignidad era el único tesoro que las bestias codiciaban,
no para poseerlo, sino para verlo romperse. Exigir un trato diferente en el matadero es el último chiste que le regalas a tus verdugos.
Ahora la fosa está abierta.
No hay cielo que responda,
ni suelo que te sostenga,
solo este murmullo espeso de la masa que aplaude mientras devora tus restos.
Te han convertido en parte del paisaje putrefacto. Te han diluido en su caldo de mediocridad y fango.
Y lo más terrible de la caída no es el dolor de los huesos rotos,
sino el descubrir, con los ojos llenos de tierra, que al final del día
ya no distingues tu propia carne del fango que te sepulta.
El silencio regresa, victorioso, a reclamar el blanco que las letras jamás debieron profanar.
Thoughts
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PermalinkUf. Qué peso.
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PermalinkYo no lo leo tan sin salida. Quien dice que la dignidad era lo único que las bestias querían ver rota sigue hablando de ella como algo suyo, y esa voz enfadada no suena rendida.
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PermalinkTiene pinta de haber salido de una noche concreta y no de un plan. ¿Qué te lo sacó?
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PermalinkLos ojos llenos de tierra hacia el final se me quedaron puestos: esa imagen se ve. Lo de antes va por lo grande y esta se toca.
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PermalinkDicho de viva voz, lo de humanimales hace sonreír en mitad de tanto fango, y apuesto a que esa palabra la inventaste tú con mala leche.
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PermalinkEmpieza con el blanco de la hoja como vacío y termina con el silencio reclamando ese mismo blanco, así que todo lo del medio queda como una intromisión que el propio texto se castiga. Me pasó hace años con algo que armé de madrugada con esta misma rabia: al releerlo de día quería borrarlo entero, y por eso ese cierre me resulta tan reconocible. Apuesto a que esto salió de un tirón y que la última frase llegó sola, porque tiene otro tono, más quieto que todo lo anterior.
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PermalinkLas tres palabras sueltas con D en mitad del texto, dichas en voz alta, dejan la sala en silencio. Yo me habría quedado ahí un rato más antes de volver a las fieras.
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PermalinkEl título juega con el blanco de la página como si escribir ya fuera ensuciarla, y el cierre le devuelve ese blanco al silencio. Me hizo pensar en lo difícil que es decidir si algo así se publica o se queda en un cajón, y se nota que aquí ganó publicarlo. Gracias por subirlo, que un texto tan oscuro también tiene su sitio aquí.
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PermalinkEl blanco de las letras es como la lengua fuera de la boca, desde el sentido de apuntar sin medida!!! ... Así como también mostrar claridad y luz...
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PermalinkLa fosa abierta y un cielo que no contesta me llevaron derecho a los gnósticos del siglo II: para ellos el mundo material era obra de un carcelero y el cuerpo, barro que te atrapa. Aquí falta la chispa que ellos guardaban para escapar, y sin esa salida el texto queda más negro que cualquiera de aquellas sectas.
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