¿Qué es el amor, si no un concepto abstracto del ser mismo?
El amor es intangible, inestable. Algo que existe sin que podamos tocarlo, medirlo o siquiera explicar exactamente dónde comienza. Para mí, el amor siempre ha sido algo lejano y, al mismo tiempo, demasiado cercano. Algo que puedo sentir, pero que no puedo alcanzar.
Es efímero como las hojas en otoño. Como el agua en la Luna: algo que parece imposible, distante, casi inexistente, pero que, de alguna manera, está ahí.
Y quizá el amor no sea todo lo que siento por una persona. Quizá sea también todo lo que siento por quienes están a mi alrededor. Por quienes llegan, por quienes se quedan y por quienes terminan yéndose.
Pero, entonces, ¿por qué todo se siente tan vacío?
Hay momentos en los que todo parece deslumbrante, casi hermoso. Veo demasiado y, al mismo tiempo, no veo absolutamente nada. Es un sentimiento que no sé explicar. Una especie de soledad que no desaparece aunque esté rodeado de personas.
Puedo comer y seguir sintiéndome vacío. Puedo llenar mi cuerpo y sentir que por dentro sigo sin tener nada. Como, engordo, me lleno… y aun así no estoy satisfecho.
Tal vez por eso me pregunto tanto qué es el amor.
Puede empezar con M, con S o con A. No importa con cuál empiece, siempre y cuando sea alguien especial. Alguien que provoque algo distinto. Algo que no pueda ignorar.
¿Estoy enamorado?
No lo sé.
No sé siquiera qué es exactamente este sentimiento que tengo dentro. A veces grita y otras veces guarda silencio. A veces parece tan evidente que me pregunto cómo pude no darme cuenta antes. Y otras veces me convenzo de que quizá solo estoy confundiendo la soledad con el deseo de sentirme querido.
Cada día parece más claro. Sé que tengo que hacer algo. Sé lo que debería hacer.
Pero no puedo.
Y eso es lo que más me desespera.
No sé qué me da miedo. No son las consecuencias. Tampoco es lo que los demás puedan pensar de mí. No es el rechazo, ni las palabras de otros, ni siquiera lo que pueda pasar después.
Es un miedo más profundo. Uno que está dentro de mí y que ni siquiera sé cómo nombrar.
¿Y qué puedo hacer con algo que ni siquiera puedo explicar?
¿Llorar?
Pero los hombres no lloran.
Eso es lo que nos enseñaron.
Llorar no cambia lo que pasó. No devuelve a nadie. No arregla nada. No hace desaparecer aquello que duele.
Entonces, ¿para qué hacerlo?