Por favor
No me reproches quién soy.
No me reproches quién fui.
No me reproches al hijo,
al hermano, al primo, al nieto,
ni al amigo que alguna vez
miraste a los ojos
sin saber que también estabas mirando
a alguien que un día dejaría de reconocerse.
No me reproches las ruinas.
No me reproches las manos
con las que levanté lo que amaba
y las mismas manos
con las que terminé destruyéndolo.
Y, por favor,
no me reproches mis luceros:
ellos también se apagaron
de tanto alumbrar caminos
que nunca supe recorrer.
Por favor.
No me dejes dormir,
pero déjame descansar.
Porque dormir no es descanso
cuando cada noche
uno despierta dentro de sí mismo.
Y cuando todo calla,
este ser vuelve a encontrarse
con aquella sombra agotada
que lleva mi rostro,
mis recuerdos
y todas las versiones de mí
que no pude salvar.
Entonces comienza el juicio.
No hay jueces.
No hay verdugos.
Solo yo,
frente a mí mismo,
revisando las ruinas
de una vida que alguna vez llamé mía.
Y comprendo, demasiado tarde,
que quizá el castigo nunca fue perderlo todo,
sino tener memoria suficiente
para recordar
que alguna vez lo tuve.
Tal vez soy extenso, pero también soy sincero como este intento de poema
Francisco Gomez 09/08/2026