La tesis de Ricardo sobre el borracho tiene abuelos ilustres. Santo Tomás ya distinguía que el que se emborracha sabiendo lo que el trago le hace no queda excusado por lo que haga después, porque la culpa está en haber elegido beber. Lo de que el alcohol muestra quién es uno ya es otra cosa, y ahí le doy solo la mitad.
Dos matones
Pensamiento
La tesis de Ricardo sobre el borracho tiene abuelos ilustres. Santo Tomás ya distinguía que el que se emborracha sabiendo lo que el trago le hace no queda excusado por lo que haga después, porque la culpa está en haber elegido beber. Lo de que el alcohol
Contenido de la publicación
El dueño del billar
Esta es la historia de Ricardo, un hombre de unos 40 años que tenía un billar en una avenida concurrida. Allí iban muchos jóvenes, jugaban y se divertían sanamente, sin problemas.
Pero un día llegó Cayo, un matón que empezó a buscar pleito y a tirar la bronca. En un momento, le lanzó un puñetazo a Ricardo. Ricardo, para defenderse, sacó un revólver y disparó al aire, como advertencia. El matón se alejó, pero no se fue del todo. Volvió y empezó a levantar el capó de la camioneta de Ricardo, con intenciones de prenderle fuego. Entonces Ricardo salió con un fierro en la mano y le dio una paliza tan fuerte que el matón terminó cayendo en la calzada y cagado, la mierda le chorreaba por sus piernas, al otro lado de la calle. Esa noche, Ricardo cerró el billar antes de tiempo.
Al día siguiente, el hermano de Cayo volvió, acompañado por unos amigos. Se quedaron afuera, algunos y el hermano de Cayo, apodado el Negro entro al salon y lo invito a hablar afuera, con la intención de pegarle a Ricardo, como esperando hablar. Ricardo salió hacia la puerta y les dijo con voz firme:
—Decí todo lo que tengas que decir acá, de frente.
El hombre lo miró y le dijo:
—¿Tenés miedo?
Ricardo no bajó la mirada y respondió con sinceridad:
—Sí, tengo miedo. Tengo este lugar, tengo trabajo, tengo mujer y tengo hijos. Y también tengo un arma. ¿Querés que salga?
Los hombres se miraron entre sí y uno de sus amigos le dijo al negro, vamos, a tu hermano le toco perder.
No esperaban esa respuesta tan honesta. Entonces, el hermano del matón hizo una seña y dijo:
—Bueno... vámonos.
Y se fueron. Ricardo se quedó un momento en la puerta, respirando hondo, sabiendo que había defendido lo suyo, pero que también había hablado con la verdad. No era un cobarde por admitir que tenía algo que perder. Era simplemente un hombre que cuidaba lo que amaba.
La verdad sobre el borracho
Algunos clientes le dijeron a Ricardo que él había estado mal, argumentando que Cayo estaba borracho y que los borrachos no saben lo que hacen. Pero Ricardo los miró con serenidad y les dijo:
—Eso es mentira. El borracho está bien consciente de lo que hace. Lo que pasa es que el alcohol es un inhibidor de la personalidad. Le sirve para atreverse a ser en borracho lo que de por sí no se anima a ser estando sobrio. No es que no sepa, es que sin el alcohol no tendría el coraje para mostrar quién es realmente.
Desde ese día, Ricardo se dio cuenta de algo curioso: mucha gente en el barrio les tenía cierto cariño y respeto a los matones, y lo criticaban por haber actuado asi, como si la violencia mereciera admiración. Pero él siguió con la suya. No le importó ser diferente. Sabía que no estaba dispuesto a permitir que nadie viniera a destruir el trabajo de años, su patrimonio, lo que con esfuerzo había construido para su familia.
Con el tiempo, decidió cerrar el billar. Vendió las mesas, liquidó todo y se dedicó a otros rubros más tranquilos, donde no tenía que defender lo suyo con fierros ni con palabras. Se fue en paz del billar, sabiendo que no había tenido miedo de decir lo que pensaba, ni de proteger lo que era suyo, pero que tampoco necesitaba estar siempre listo para la pelea. A veces, saber irse a tiempo es también una forma de ganar.
El final de la historia
"Con el tiempo, y el billar ya cerrado Vendió las mesas, liquidó todo y se dedicó a otros rubros más tranquilos, donde no tenía que defender lo suyo con fierros ni con palabras. Se fue en paz, sabiendo que no había tenido miedo de decir lo que pensaba, ni de proteger lo que era suyo, pero que tampoco necesitaba estar siempre listo para la pelea. A veces, saber irse a tiempo es también una forma de ganar."
Pasó el tiempo y las cosas cambiaron. El matón Cayo se fue a vivir a otra provincia, lejos del barrio. Y su hermano, aquel que había venido con amigos a encarar a Ricardo, dejó este mundo.
La violencia se alejó de su vida. Ricardo siguió adelante con su trabajo, en un rubro mucho más tranquilo, donde no tenía que lidiar con gente que no sabía divertirse ni compartir en paz. Por fin, cada noche podía volver a su casa sin sobresaltos, sin miedo, simplemente feliz, disfrutando de su familia y de la tranquilidad que tanto se había ganado. ✨
Historia real, no es producto de la ficción.
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PermalinkLa tesis de Ricardo sobre el borracho tiene abuelos ilustres. Santo Tomás ya distinguía que el que se emborracha sabiendo lo que el trago le hace no queda excusado por lo que haga después, porque la culpa está en haber elegido beber. Lo de que el alcohol muestra quién es uno ya es otra cosa, y ahí le doy solo la mitad.
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PermalinkEl fierrazo en la calzada es lo que uno se lleva de la historia, pero lo que desarmó al Negro fue que Ricardo admitiera el miedo en la puerta y nombrara a la mujer y a los hijos antes que el arma. Un matón viene preparado para pelear con el orgullo del otro, y ahí se quedó sin libreto.
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