Tomé la taza más pequeña del lugar, vertí café, un poco de azúcar, me senté en la silla, decidí quedarme en la habitación para esperarte.
No vi que llegabas y el efecto del café ya pasaba, cerraba los ojos mientras recordaba. Recordé el momento en el que te conocí, me gustaría volver ahí, para no responder, para no hablarte, para ver si hoy sería capaz de amarte, o simplemente para ver si desde el primer día me habrías dejado besarte.
Pero te hablé, me quedé admirándote, te deseé, mordí mis labios, me enamoré. Desde ese momento deseé dormir y soñar contigo, tenerte a mi lado, vivir mi vida entera a tu lado, quise que fuera más que un deseo, y lo volví nuestra realidad, por eso aquí te espero.
¡Lo logré!
Te he tenido a mi lado, te he besado, te he observado y te he amado, con el tiempo me di cuenta que lo que había deseado tanto en el pasado eras tu y ya te tengo justo aquí, solo para mi, desde el momento en que te conocí.
Hoy el deseo continúa, ya no es solo un beso: todo se vuelve locura. Olvidamos los que están a nuestro alrededor y el lugar se convierte en un espacio solo de nosotros dos. Desde el primer momento te he amado.
Siento una suave caricia y en una sonrisa he notado tu alegría, con ramos de hermosas flores eternas, chocolates y abrazos declaras que tu amor ha perdurado.
Sin preguntar sé que tardaste en buscar los lirios blancos que amo admirar.
Dejas todo en la pequeña mesa junto al armario y sin despegar la vista de mis ojos, besas mis labios, recordando que seguimos juntos a pesar de haber sido enterrados.
M.S.