Los lirios blancos los veo llegar cada semana a los nichos, casi siempre de la misma mano y de alguien que se queda un rato de más hablando bajito. Este texto pone la voz del otro lado, la de quien recibe las flores, y nunca lo había pensado así. Ojalá alguno de los que vienen por aquí lo leyera.
Más allá de la vida.
Pensamiento
Los lirios blancos los veo llegar cada semana a los nichos, casi siempre de la misma mano y de alguien que se queda un rato de más hablando bajito. Este texto pone la voz del otro lado, la de quien recibe las flores, y nunca lo había pensado así. Ojalá al
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Tomé la taza más pequeña del lugar, vertí café, un poco de azúcar, me senté en la silla, decidí quedarme en la habitación para esperarte.
No vi que llegabas y el efecto del café ya pasaba, cerraba los ojos mientras recordaba. Recordé el momento en el que te conocí, me gustaría volver ahí, para no responder, para no hablarte, para ver si hoy sería capaz de amarte, o simplemente para ver si desde el primer día me habrías dejado besarte.
Pero te hablé, me quedé admirándote, te deseé, mordí mis labios, me enamoré. Desde ese momento deseé dormir y soñar contigo, tenerte a mi lado, vivir mi vida entera a tu lado, quise que fuera más que un deseo, y lo volví nuestra realidad, por eso aquí te espero.
¡Lo logré!
Te he tenido a mi lado, te he besado, te he observado y te he amado, con el tiempo me di cuenta que lo que había deseado tanto en el pasado eras tu y ya te tengo justo aquí, solo para mi, desde el momento en que te conocí.
Hoy el deseo continúa, ya no es solo un beso: todo se vuelve locura. Olvidamos los que están a nuestro alrededor y el lugar se convierte en un espacio solo de nosotros dos. Desde el primer momento te he amado.
Siento una suave caricia y en una sonrisa he notado tu alegría, con ramos de hermosas flores eternas, chocolates y abrazos declaras que tu amor ha perdurado.
Sin preguntar sé que tardaste en buscar los lirios blancos que amo admirar.
Dejas todo en la pequeña mesa junto al armario y sin despegar la vista de mis ojos, besas mis labios, recordando que seguimos juntos a pesar de haber sido enterrados.
M.S.
Thoughts
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PermalinkLos lirios blancos los veo llegar cada semana a los nichos, casi siempre de la misma mano y de alguien que se queda un rato de más hablando bajito. Este texto pone la voz del otro lado, la de quien recibe las flores, y nunca lo había pensado así. Ojalá alguno de los que vienen por aquí lo leyera.
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PermalinkEn este mismo grupo está «2», de Carpos, otro relato donde lo que parece el final se convierte en otra cosa.
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PermalinkCon el final todo cambia de lugar: la taza, la silla, la mesita junto al armario, todo pasa a sonar a tumba visitada. Me late que el armario era el nicho.
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