No quiero ser recordada
por todo lo que hice,
sino por cuánto de Ti
pudo verse en mí.
Y si alguna vez me pierdo
entre mis propios pensamientos,
llévame nuevamente al lugar
donde mi alma sabe quién es.
Al altar.
A Tu presencia.
A ese lugar donde no necesito impresionar a nadie,
donde no tengo que tener respuestas,
donde puedo simplemente decir:
"Aquí estoy, Señor."
Porque he aprendido que no importa
cuántas veces tenga que comenzar de nuevo.
Mientras Tú sigas escribiendo,
mi historia no ha terminado.
Y mientras Tu mano me sostenga,
volveré a levantarme.
Volveré a creer.
Volveré a cantar.
Volveré a amar.
Volveré al altar.
Y mi alma, aun después de todo,
seguirá diciendo:
Bendice, alma mía, a Jehová.
Porque hasta aquí
no me trajo mi fuerza.
Me trajo Su gracia.
Y si mañana vuelvo a preguntarme
hacia dónde voy,
miraré atrás solamente para recordar
que cada vez que pensé que era el final,
Tú todavía estabas escribiendo.