No me estaba dando cuenta de cuanto me estaba dejando de lado, hasta que un día miré atrás y ya no me reconocía.
Dejé de hacer tantas cosas que antes disfrutaba porque alguien hizo un comentario.
Dejé de ir a reuniones familiares, porque cualquier conversación terminaba en discusión.
Dejé de decir lo que sentía para no generar problemas.
Dejé de elegirme porque siempre elijo primero a los demás.
Voy dejando mis sueños para después, las ganas para después, los planes para después. Porque siempre hay alguien primero. Siempre hay algo más importante. Siempre encuentro una razón para sacrificarme un poco más.
Y duele hasta los huesos que no lo sepan reconocer.
Pero poco a poco lo voy dejando de hacer, hasta poder desaparecer.