Hay tres cosas en la vida que nunca debes perder: tu alegría, tu sonrisa y tu forma de ser.
Porque habrá personas que intentarán cambiarte.
Algunas te harán sentir que eres demasiado sensible, demasiado cariñoso, demasiado soñador o simplemente demasiado tú.
Y poco a poco puedes empezar a pensar que quizá deberías cambiar para que los demás te acepten.
Pero no.
No pierdas tu alegría solamente porque alguien no supo disfrutarla contigo.
No escondas tu sonrisa porque alguien alguna vez te hizo llorar.
Y mucho menos cambies tu forma de ser para encajar en la vida de alguien que no sabe valorarte.
Claro que todos cambiamos con el tiempo.
Aprendemos, maduramos, reconocemos nuestros errores y nos convertimos en mejores versiones de nosotros mismos.
Pero crecer no significa perder nuestra esencia.
Puedes aprender a poner límites sin dejar de ser una persona buena.
Puedes aprender a cuidarte sin dejar de querer bonito.
Puedes volverte más fuerte sin convertirte en alguien frío.
Porque lo que te hace especial no es ser perfecto.
Es seguir siendo tú después de todo lo que has vivido.
Así que cuida esas tres cosas.
Tu alegría, porque mereces disfrutar de tu vida.
Tu sonrisa, porque no permitas que una mala experiencia se la lleve para siempre.
Y tu forma de ser, porque habrá personas que no sepan valorarla, pero también existirán quienes lleguen a tu vida precisamente para querer cada una de esas partes que otros no supieron entender.
No dejes que una decepción cambie la persona que eres.
Que el dolor te enseñe, sí.
Que te haga más consciente, también.
Pero nunca permitas que te quite aquello bonito que todavía vive dentro de ti.
Porque sanar no significa convertirte en alguien diferente.
A veces sanar significa volver a ser tú. 🤍