Ya había dicho que no iba a mencionar nada sobre mi pasado sentimental, pero es necesario para que entiendan el punto anterior. No entraré en detalles, pero puedo decir que había sentido amor por primera vez, o eso creía.
En el año 2015 la conocí en la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Piura. Todavía recuerdo cómo fue: tropezamos y caímos en el piso frente a la mirada de muchos curiosos que se reían a carcajadas.
Después de casi dos años de buenos momentos, la reacción química del amor estaba llegando a su fin.
El amor es cuestión de química, se escucha decir a muchos. Y no es nada descabellado, eso es el amor. El cerebro desencadena una serie de complejas reacciones las cuales causan las sensaciones de ahogo, palpitaciones anormales, mareos, entre otros diagnósticos propios de casos clínicos, pero que no tiene cura. Pero como cada reacción, esta tiene es tan común que también tiene un tiempo, el cual puede regularse con la presencia de un retardante o catalizador para que modifique la velocidad de la reacción.
¿Cuánto puede durar el amor? Depende de los modificadores. A veces duran días, meses o años. Pero el catalizador que compartíamos entre ella y yo hizo que la magia empiece a apagarse después de un año y medio aproximadamente y sin darnos cuenta, empezamos a buscar el amor en otros universo, en otra piel. Así fue que poco a poco lo que sentíamos se fue diluyendo en el tiempo, hasta tal punto que no quedó nada.
Ella tomó la decisión más radical que yo. Se enamoró en un corto intervalo de tiempo de otro chico que estudiaba en nuestra clase. Ello empeoró la carga familiar que tenía, dado a que por esos momentos, a los compañeros de mi facultad no les gustaba mi avance como alumno y llegaron a tal punto de buscar la forma de hacerme la vida imposible y claro que la encontraron, en aquella chica y junto a ellos, destruyeron mi mundo.
- De las cenizas surgiremos, me repetía a cada instante, como dándome fuerzas a mí mismo para mantenerme calmado.
De pronto empecé a perderme en el alcohol, en el cigarro y en un presente cuya atmósfera envolvía todo mi ser. Encerrado en los baños del pabellón A de la facultad con una botella de gaseosa y ron en mano, pensaba: ¿Es posible que lleguemos a esto? Desde ahí entendí la importancia de ser más analíticos para decidir qué personas ingresan a mi vida, porque quiera o no, estas traen consecuencias tanto positivas como negativas en nosotros y en nuestro futuro.
Pero justo cuando había decidido rendirme, la solución a todo estaba en boca de mi mejor amigo: David.
- Brayyan, ¿y si nos vamos a Trujillo a empezar de nuevo?
Él estaba cansado de la forma de enseñanza de algunos de los docentes de nuestra carrera: déspotas, corruptos, entre otras cosas que no tiene sentido recordar. Pero en mi mente solo escuchaba una palabra: huir.
¿Huir? ¿Dejar todo atrás para empezar desde cero? ¿Y nuestras familias, nuestros amigos, nuestra vida? El pago de la felicidad era alto, pero era una posibilidad que no se podía desaprovechar.
- Vamos ahora mismo - Le respondí.
El resto ya es historia: conseguimos todo los papeles del trámite burocrático que se tiene que realizar para lograr el traslado de una a otra universidad, etc.
Entonces llegó el día del viaje definitivo. Mi alma se rompía en mil pedazos al saber que dejaba a mi madre destrozada por la enfermedad de mi padre, pero fue algo que tuve que hacer. No se imaginan la paz que sentí al poner mi pie izquierdo en el primer escalón del bus.
- Seguramente allá encontraré al amor de mi vida… Lo dije convencido.
Estaba por empezar, nuevamente desde cero…