Escribo estas palabras después de comprender
que algunas despedidas no ocurren porque el amor termine,
sino porque llega un momento en el que aceptar la realidad
se convierte en la única forma de encontrar tranquilidad.
Hoy puedo mirar lo que vivimos con mayor claridad.
Reconozco los momentos que construimos,
las experiencias que compartimos
y todo aquello que alguna vez nos hizo elegirnos.
Pero también reconozco las decisiones que nos fueron alejando,
los errores que cometiste
y, especialmente, la forma en que algunos de ellos fueron afrontados.
No voy a negar que me lastimaron.
Hay acciones que dejan consecuencias,
palabras que modifican la confianza
y comportamientos que, una vez ocurridos,
cambian para siempre la manera en que se percibe una relación.
Aun así, no quiero que estas palabras sean un juicio sobre ti.
Prefiero que sean la conclusión de una historia
que, aunque terminó de una manera diferente a la que imaginamos,
también dejó aprendizajes que cada uno deberá llevar consigo.
Por eso, recuerda las dos promesas que me hiciste
y procura cumplirlas.
No como una obligación conmigo,
sino como una decisión contigo misma.
Cuando tengas que elegir,
hazlo desde el amor y la tolerancia.
No permitas que el orgullo, la impulsividad
o las circunstancias determinen decisiones
que pueden tener consecuencias permanentes.
Y, sobre todo, no cometas nuevamente los mismos errores.
No para vivir condicionada por el pasado,
sino para que aquello que nos hizo daño
no vuelva a convertirse en parte de tu futuro.
Sé que ya tienes tu camino.
Lo elegiste, lo estás recorriendo
y ahora me corresponde respetarlo,
aunque no sea el camino que alguna vez imaginé recorrer contigo.
Deseo sinceramente que seas feliz en él.
Y si todavía crees en Dios,
encomiéndate a Él.
Permite que te acompañe en cada decisión,
que te conceda claridad cuando tengas dudas
y que te dé la fortaleza necesaria
para afrontar todo aquello que venga.
No dejes de ser esa niña espontánea,
inquieta, auténtica y un poco loca
que mis padres aprendieron a querer
y que, con tanto cariño, llamaban “Laloquita”.
Conserva esa parte de ti.
No permitas que el dolor cambie aquello que siempre te hizo especial.
Yo también tengo que comenzar otro proceso.
No necesito borrar lo vivido
ni fingir que dejó de importarme.
Necesito aceptarlo, comprenderlo
y aprender a vivir con todo aquello que significó.
Te amo.
Y probablemente una parte de mí
siempre conservará ese sentimiento.
Pero también entendí que amar a alguien
no significa necesariamente permanecer a su lado.
Ahora me toca reconstruirme.
Recuperar la tranquilidad que perdí,
reordenar mis pensamientos,
volver a reconocerme
y construir nuevamente mi vida
desde un lugar diferente.
Tú ya tienes tu camino.
Yo ahora tengo que construir el mío.
Y aunque nuestros caminos ya no continúen juntos,
espero que algún día, al mirar hacia atrás,
ambos podamos reconocer que lo vivido tuvo un significado
y que, de alguna manera,
nos ayudó a convertirnos en quienes somos.
Y aunque hoy tenga que despedirme de ti,
hay algo que no quiero que olvides:
Siempre seré tu gordito de confianza.
Y, por último, espero que leas todos estos poemas
y que algún día los recuerdes.
No para que permanezcas en el pasado,
ni para que estas palabras interfieran con el camino que elegiste,
sino para que recuerdes que, durante un tiempo,
hubo alguien que te amó profundamente
y que intentó convertir en palabras
todo aquello que muchas veces no supo decirte de frente.
Porque cuando termine de reconstruirme,
cuando vuelva a encontrarme
y consiga cerrar completamente esta etapa,
estos poemas serán lo último que verás de mí.
Quizá con el tiempo olvides algunas conversaciones,
algunos momentos o incluso detalles de nuestra historia.
Pero espero que, cuando leas estas palabras,
por un instante puedas escuchar mi voz en tu mente
y recordar la manera en que alguna vez te dije
todo lo que ahora estoy aprendiendo a dejar atrás.
Después de eso, seguiré mi camino.
No porque haya dejado de amarte,
sino porque finalmente habré aprendido
a vivir sin necesitar regresar al lugar
donde alguna vez fui feliz contigo.
Y cuando llegue ese momento,
estos poemas serán mi última huella en tu historia.
La voz de quien te amó,
de quien alguna vez caminó a tu lado,
de quien tuvo que reconstruirse en silencio
y que, incluso después de hacerlo,
seguirá recordando con cariño
a su Laloquita.
Y tú recordarás, quizá alguna vez,
que hubo un hombre que te amó,
que te dejó ir aun sintiendo amor,
que aprendió a reconstruirse
y que, al final,
siempre será tu gordito de confianza.